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	<pubDate>Wed, 21 Oct 2009 18:37:35 +0000</pubDate>
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		<title>La participación social en un contexto de violencia política: Implicaciones para la promoción y ejercicio del derecho a la salud en Guatemala</title>
		<link>http://hhrjournal.org/blog/perspectives/la-participacion-social-en-guatemala/</link>
		<comments>http://hhrjournal.org/blog/perspectives/la-participacion-social-en-guatemala/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 21 Oct 2009 18:37:35 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Perspectives]]></category>

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Walter Flores, Ana Lorena Ruano, y Denise Ph&#233; Funchal
[Editor's note: A PDF version of this article is available here.]
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Resumen
La participaci&#243;n social se ha entendido de  muchas formas y existen tipolog&#237;as en la literatura que la clasifican por los  niveles de control por parte de la poblaci&#243;n en la toma de decisiones. As&#237;, la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a name='ext541'></a>
<p><em>Walter Flores, Ana Lorena Ruano, y Denise Ph&eacute; Funchal</em></p>
<p>[Editor's note: A PDF version of this article is <a href="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2009/10/flores-et-al.pdf" target="_blank">available here</a>.]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Resumen</strong></p>
<p><em>La participaci&oacute;n social se ha entendido de  muchas formas y existen tipolog&iacute;as en la literatura que la clasifican por los  niveles de control por parte de la poblaci&oacute;n en la toma de decisiones. As&iacute;, la  participaci&oacute;n puede ser un hecho simb&oacute;lico, sin toma de decisi&oacute;n, hasta  procesos en los cuales es el principal instrumento para redistribuir el poder  entre la ciudadan&iacute;a.  Este art&iacute;culo  sostiene que entender qu&eacute; es el poder es una primera tarea y analizar la  participaci&oacute;n social desde una perspectiva de relaciones de poder requiere  comprensi&oacute;n de los procesos hist&oacute;ricos, sociales y econ&oacute;micos que han caracterizado  las relaciones sociales en un contexto espec&iacute;fico. La aplicaci&oacute;n del an&aacute;lisis a Guatemala revela relaciones  asim&eacute;tricas de poder caracterizado por una larga historia de represi&oacute;n y  violencia pol&iacute;tica. El conflicto armado de la &uacute;ltima mitad del  siglo XX afect&oacute; a gran parte de la poblaci&oacute;n y atac&oacute; el liderazgo social del pa&iacute;s. Esto ocasion&oacute;  efectos psicosociales negativos y gener&oacute; desconfianza de la ciudadan&iacute;a hacia  las instituciones adem&aacute;s de bajos niveles de participaci&oacute;n social y  pol&iacute;tica.  Luego de la firma de la paz,  el pa&iacute;s ha avanzado en crear espacios para la participaci&oacute;n social en pol&iacute;tica  p&uacute;blica. Sin embargo, Guatemala  todav&iacute;a se enfrenta a las secuelas del  conflicto.  Una tarea importante de las  organizaciones que trabajan en el campo de la salud y del derecho a la salud es  contribuir a regenerar el tejido social y reconstruir la confianza entre el  Estado y sus ciudadanos. Tambi&eacute;n requiere facilitar habilidades, conocimiento e  informaci&oacute;n para que la poblaci&oacute;n participe e influya sobre procesos pol&iacute;ticos  formales que son decididos e impulsados por diversas instancias como el  Congreso, el Ejecutivo, gobiernos municipales y los partidos pol&iacute;ticos; as&iacute;  como en otros procesos de participaci&oacute;n que construyen ciudadan&iacute;a como  organizaciones barriales, comit&eacute;s escolares y de salud entre otros.</em> </p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Introducci&oacute;n</strong></p>
<p>La participaci&oacute;n  social es un concepto que ha estado presente por m&aacute;s de 40 a&ntilde;os. Es notable el  hecho que en a&ntilde;os recientes el concepto aparece en el lenguaje de todos los  actores. A&uacute;n algunos tan diversos como movimientos sociales anti-globalizaci&oacute;n,  actores a favor del derecho a la salud y hasta organizaciones financieras  internacionales como el Banco Mundial, est&aacute;n pregonando la importancia de &eacute;sta.[<a href="#refs1" target="_self">1</a>]  A primera vista parece que existe un acuerdo entre todas las fuerzas pol&iacute;ticas,  econ&oacute;micas y sociales por promover la participaci&oacute;n social, ante lo cual es  necesario preguntar: &iquest;Es esto posible? &iquest;Est&aacute;n todos ellos hablando de lo mismo?</p>
<p>Es claro que no todos  los actores hablan del  mismo tipo de participaci&oacute;n. La literatura sobre participaci&oacute;n social de los  &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os ha desarrollado tipolog&iacute;as para clasificar las diferentes  formas de participaci&oacute;n, las cuales van desde la participaci&oacute;n como un simbolismo&mdash;sin influencia en la toma  de decisi&oacute;n&mdash;hasta procesos donde la participaci&oacute;n se convierte en una  herramienta efectiva para lograr la redistribuci&oacute;n de poder entre la  ciudadan&iacute;a. Esto les permite a los ciudadanos tomar el control y tener m&aacute;s  poder sobre las decisiones que afectan su vida y las de sus comunidades.[<a href="#refs1" target="_self">2</a>]</p>
<p>El presente art&iacute;culo  aborda la participaci&oacute;n social desde un enfoque de relaciones de poder y se  sit&uacute;a en Guatemala,  pa&iacute;s que presenta un marco de relaciones asim&eacute;tricas de poder caracterizado por  una larga historia de represi&oacute;n y violencia pol&iacute;tica. La primera secci&oacute;n hace  un recuento breve de la participaci&oacute;n social y los derechos humanos para luego  abordar la participaci&oacute;n desde un enfoque de relaciones de poder.  La siguiente secci&oacute;n hace un recuento de la  violencia pol&iacute;tica vivida en Guatemala  por m&aacute;s de tres d&eacute;cadas y sus efectos en la participaci&oacute;n social. En la secci&oacute;n  final se abordan los enormes retos actuales para la participaci&oacute;n social y las  diferentes estrategias y actividades que se est&aacute;n implementando para afrontar  dichos retos. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Participaci&oacute;n  social como  medio para exigir y realizar los derechos humanos</strong></p>
<p>El concepto de  participaci&oacute;n ciudadana ha estado presente en la literatura desde la d&eacute;cada  de1960.[<a href="#refs1" target="_self">3</a>] Sin embargo, no fue hasta la d&eacute;cada pasada cuando el  concepto tuvo mayor desarrollo a partir de enfatizar las reglas democr&aacute;ticas de  los procesos de discusi&oacute;n, consulta y movilizaci&oacute;n social y c&oacute;mo estos sirven  para influenciar instituciones y pol&iacute;ticas p&uacute;blicas.[<a href="#refs1" target="_self">4</a>] La  participaci&oacute;n se entiende como un derecho que tienen los ciudadanos y debe ser  activa, libre y significativa.[<a href="#refs1" target="_self">5</a>] A  diferencia de lo que se entend&iacute;a por participaci&oacute;n antes de 1990, el concepto  ahora enfatiza la caracter&iacute;stica &#8216;ciudadana&rsquo; de la participaci&oacute;n. Esto crea una  relaci&oacute;n entre el ciudadano y su Estado en la que ambos tienen la obligaci&oacute;n de  reducir la distancia entre ellos por medio de procesos de di&aacute;logo y la creaci&oacute;n  de agencia.[<a href="#refs1" target="_self">6</a>]</p>
<p>Como parte de las  observaciones y recomendaciones generales sobre los tratados de Derechos  Humanos, elaboradas en 2004 por el Comit&eacute; de Derechos Econ&oacute;micos, Sociales y  Culturales de Naciones Unidas (CDESC), se enfatiza el papel de la participaci&oacute;n  social como un medio para el involucramiento de la poblaci&oacute;n civil en la toma  de decisiones, en diversos aspectos de la vida social y pol&iacute;tica. As&iacute;, la  participaci&oacute;n social es considerada como  un medio para alcanzar la igualdad de oportunidades a trav&eacute;s de la propuesta,  formulaci&oacute;n y ejecuci&oacute;n de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas desde diversos sectores sociales  (P&aacute;rrafo 54 de la Observaci&oacute;n General 14).[<a href="#refs1" target="_self">7</a>] </p>
<p>La  efectividad de los procesos de participaci&oacute;n social han de apoyarse en el  ejercicio de derechos civiles y pol&iacute;ticos espec&iacute;ficos tales como el derecho a  tomar parte en la conducci&oacute;n de los asuntos p&uacute;blicos y el derecho a buscar,  recibir y compartir informaci&oacute;n e ideas de todo tipo.[<a href="#refs1" target="_self">8</a>] En el caso de pa&iacute;ses con poblaci&oacute;n  &eacute;tnicamente no homog&eacute;nea, el proceso de participaci&oacute;n implica derechos  espec&iacute;ficos de los pueblos ind&iacute;genas a participar en la toma de decisiones  sobre pol&iacute;ticas que afectan su desarrollo y su acceso a la tierra (Convenio  169  de la OIT, Art&iacute;culo 7), y  Declaraci&oacute;n de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Ind&iacute;genas,  Art&iacute;culos 10 y 18.[<a href="#refs1" target="_self">9</a>]</p>
<p>Tambi&eacute;n se reconoce  que la participaci&oacute;n social es central para la implementaci&oacute;n del derecho a la salud. Dicha participaci&oacute;n  no se reduce &uacute;nicamente a la prestaci&oacute;n de servicios, sino tambi&eacute;n incluye  decisiones pol&iacute;ticas alrededor de la organizaci&oacute;n y estructura del sistema de  salud y del derecho a la salud. En adici&oacute;n, las decisiones pol&iacute;ticas deben ser  llevadas tanto al nivel nacional como  al nivel local/comunitario.[<a href="#refs1" target="_self">10</a>] </p>
<p> Alicia Yamin sostiene  que trabajar bajo un marco de derechos humanos es ir m&aacute;s all&aacute; de los criterios  biol&oacute;gicos y conductas aisladas para focalizarse en las relaciones de poder.[<a href="#refs2" target="_self">11</a>]  A pesar de estar en acuerdo que la verdadera participaci&oacute;n est&aacute;  relacionada con el &#8216;poder&rsquo;, muy pocos autores describen qu&eacute; se est&aacute; entendiendo  por poder.[<a href="#refs2" target="_self">12</a>] Esto es de suma relevancia, pues las concepciones que  se tiene sobre la noci&oacute;n de &#8216;poder&rsquo; reflejan distintas ideolog&iacute;as, tal y como  se ver&aacute; a continuaci&oacute;n.[<a href="#refs2" target="_self">13</a>]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Las relaciones de poder y la participaci&oacute;n  social</em></p>
<p>Al igual que la  participaci&oacute;n social, el poder se puede definir de muchas formas y est&aacute;  asociado a distintas escuelas te&oacute;ricas.[<a href="#refs2" target="_self">14</a>] Seg&uacute;n Haugaard la  dificultad de definirlo est&aacute; en la familiaridad del t&eacute;rmino y en lograr  capturar su significado en una &uacute;nica definici&oacute;n.[<a href="#refs2" target="_self">15</a>] Si vemos al poder  como la capacidad para producir cambios en la sociedad debemos comprender que  estos cambios pueden ser fruto del conflicto o del consenso.[<a href="#refs2" target="_self">16</a>]</p>
<p>Desde la perspectiva  del conflicto, el poder es una fuerza determinista que un actor &#8216;posee&rsquo; y que  puede ser arrebatado por otro a trav&eacute;s de luchas que llegan incluso a ser  procesos revolucionarios.[<a href="#refs2" target="_self">17</a>] Los actores pueden legitimar su poder y  dominaci&oacute;n a trav&eacute;s de las estructuras sociales que reproducen sus intereses y  que crean relaciones din&aacute;micas de autonom&iacute;a y dependencia.[<a href="#refs2" target="_self">18</a>] As&iacute;, el conflicto es inherente al poder y  el poder es inherente a las relaciones sociales.[<a href="#refs2" target="_self">19</a>]  </p>
<p>Desde otra  perspectiva tambi&eacute;n podemos crear y multiplicar poder a partir del consenso. De acuerdo  con Arendt el poder se basa en la capacidad humana de actuar en conjunto.[<a href="#refs2" target="_top">20</a>]  As&iacute;, el poder no es propiedad de un actor sino de un grupo socialy se genera a trav&eacute;s  de la creaci&oacute;n de agencia.[<a href="#refs3" target="_self">21</a>] Sin embargo, es nuestra posici&oacute;n que en  el contexto latinoamericano en general y en el guatemalteco en espec&iacute;fico, la  aplicaci&oacute;n de esta perspectiva genera percepciones ingenuas de las relaciones  sociales. La inclusi&oacute;n de grupos tradicionalmente excluidos en procesos de toma  de decisi&oacute;n no genera agencia si no existen acciones o pol&iacute;ticas que mejoren  las condiciones materiales de la poblaci&oacute;n. Asimismo, la asignaci&oacute;n de recursos  para mejorar el <em>status quo</em> puede generar oposici&oacute;n  y conflicto con aquellos actores que se benefician del balance de poder, lo cual tambi&eacute;n  interfiere en la creaci&oacute;n de agencia.</p>
<p>Sin embargo, nosotros  pensamos que ambos enfoques no son mutuamente excluyentes. Tanto en el contexto  latinoamericano como  en el guatemalteco la creaci&oacute;n de agencia y consenso coexiste con relaciones  conflictivas de poder y dominaci&oacute;n. Esto ocurre porque los intereses propios de  los actores, de los objetivos del proceso de participaci&oacute;n y las reglas del  espacio social inciden en limitar y formar tanto el poder como consenso y el  poder como el conflicto.[<a href="#refs3" target="_self">22</a>] Existen ejemplos de esta co-existencia de  conflicto/consenso en los movimientos de &#8216;piqueteros&rsquo; de Argentina, en las  protestas ind&iacute;genas del Ecuador en el a&ntilde;o 2000 y en la movilizaci&oacute;n de  trabajadores campesinos sindicalizados en Bolivia.[<a href="#refs3" target="_self">23</a>] En todos estos  procesos sociales existieron elementos de conflicto y de consenso que  promovieron el cambio social. </p>
<p>En el caso de  Guatemala, las relaciones de poder que existen dentro de los procesos de  participaci&oacute;n social se han llevado a cabo en el contexto de la historia de  represi&oacute;n y de violencia pol&iacute;tica que ha afectado al pa&iacute;s desde la colonia.[<a href="#refs3" target="_self">24</a>]  El caso del levantamiento ind&iacute;gena liderado por Atanasio Tzul y Lucas Akiral en  1820 y las consecuencias sociales y pol&iacute;ticas que hubo para los pueblos  ind&iacute;genas muestra que la violencia y la represi&oacute;n ha formado parte del  funcionar del Estado guatemalteco a&uacute;n antes de declarar la independencia.[<a href="#refs3" target="_self">25</a>]  Asimismo, la forma en que el gobierno de la revoluci&oacute;n liberal de 1871 aplast&oacute;  los deseos independentistas del Estado de los Altos contribuy&oacute; negativamente a  la creaci&oacute;n de las categor&iacute;as bipolares de la etnicidad que existen actualmente  en Guatemala.[<a href="#refs3" target="_self">26</a>] Estas din&aacute;micas de levantamiento y represi&oacute;n se  encuentran a lo largo de la historia del pa&iacute;s, siendo probablemente las m&aacute;s  documentadas y conocidas las ocurridas durante la segunda mitad del siglo XX en  el contexto de la guerra fr&iacute;a y la lucha anticomunista.   </p>
<p>En resumen, el  analizar la participaci&oacute;n social (incluyendo la participaci&oacute;n en salud) desde  una perspectiva de relaciones de poder requiere el abordar y entender los  procesos hist&oacute;ricos, sociales y econ&oacute;micos que han caracterizado las relaciones  sociales en un contexto espec&iacute;fico. En las siguientes secciones se aborda un  proceso hist&oacute;rico espec&iacute;fico en el contexto Guatemalteco: la violencia  pol&iacute;tica. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La  participaci&oacute;n social en un contexto de violencia pol&iacute;tica</strong></p>
<p>Durante  el periodo de 1960 a 1996, Guatemala vivi&oacute; uno de los conflictos armados m&aacute;s  violentos del Continente Americano.[<a href="#refs3" target="_self">27</a>] La Comisi&oacute;n de Esclarecimiento  Hist&oacute;rico de Guatemala (CEH) estim&oacute; en 200,000 las personas afectadas por  ejecuci&oacute;n arbitraria o desaparici&oacute;n forzosa y en hasta 150,000 la cantidad de  hu&eacute;rfanos por el conflicto armado. Las masacres y devastaci&oacute;n de aldeas  originaron procesos de desplazamiento forzado de la poblaci&oacute;n civil, tanto  hacia afuera del pa&iacute;s como desplazamiento interno. El reporte de la  CEH tambi&eacute;n estim&oacute; en un mill&oacute;n y medio las personas desplazadas en la fase  cr&iacute;tica del  conflicto armado (a&ntilde;os 1981-1983). Los datos anteriores indican que m&aacute;s de una  cuarta parte del total de la poblaci&oacute;n del pa&iacute;s fue afectada  por la violencia pol&iacute;tica (asesinato, desaparici&oacute;n forzosa y secuestro) o por  los desplazamientos forzosos de sus lugares de vivienda. </p>
<p>A&uacute;n cuando la  violencia fue sufrida por la poblaci&oacute;n en todos los grupos de edad, estuvo  principalmente dirigida a la poblaci&oacute;n el rango de 16 a 45 a&ntilde;os de edad (ver  gr&aacute;fica 1). Este rango representa hijos adolescentes que ayudan al sustento de  la familia, padres de ni&ntilde;os menores de 5 a&ntilde;os y adultos en plena edad  productiva. En otras palabras, la violencia atac&oacute; la esencia del capital humano de la sociedad  Guatemalteca y afect&oacute; el potencial de liderazgo social en el pa&iacute;s.</p>
<p align="center"><a href="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2009/10/flores-spanish-graca-1.jpg"><img src="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2009/10/flores-spanish-graca-1.jpg" width="454" height="226" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>La represi&oacute;n del liderazgo social</em></p>
<p>Al mismo tiempo que  el Estado de Guatemala firm&oacute; la declaraci&oacute;n de Alma-Ata (la cual inclu&iacute;a el compromiso de  promover la participaci&oacute;n social) en el pa&iacute;s se reprim&iacute;a todo tipo de liderazgo  social que pareciera contrario a la ideolog&iacute;a del Estado de esos a&ntilde;os. En los  a&ntilde;os siguientes a Alma-Ata,  m&aacute;s de 650 l&iacute;deres sociales fueron asesinados en el pa&iacute;s.[<a href="#refs3" target="_self">28</a>] La universidad nacional fue uno de los  blancos en los cuales se concentr&oacute; la represi&oacute;n. La gr&aacute;fica 2 presenta las  ejecuciones arbitrarias sufridas por esa poblaci&oacute;n y evidencia que el pico de  la represi&oacute;n sucedi&oacute; a inicios de la d&eacute;cada del  80, es decir los a&ntilde;os posteriores a la declaraci&oacute;n de Alma-Ata. </p>
<p align="center"><a href="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2009/10/flores-spanish-graca-2.jpg"><img src="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2009/10/flores-spanish-graca-2.jpg" width="452" height="252" /></a></p>
<p>La represi&oacute;n dirigida  al liderazgo estudiantil y acad&eacute;mico tiene un simbolismo particular en Guatemala debido al retraso hist&oacute;rico del pa&iacute;s en materia  educativa comparado con el resto de pa&iacute;ses en la regi&oacute;n. A inicios de la d&eacute;cada  de 1980, menos del 2% de la poblaci&oacute;n en edad universitaria (entre 20 y 29 a&ntilde;os  de edad) estaba registrada en alguna universidad. Este porcentaje era de 7.8%  en M&eacute;xico, 10% en Costa Rica y 8.8% en Panam&aacute; en esos a&ntilde;os. A&uacute;n en los otros  pa&iacute;ses centroamericanos m&aacute;s pobres que Guatemala  ten&iacute;an una matr&iacute;cula mayor de educaci&oacute;n universitaria en esos a&ntilde;os: Honduras 4.1% y Nicaragua 3.7%.[<a href="#refs3" target="_self">29</a>] Los  datos anteriores indican que Guatemala  presentaba una brecha importante de profesionales en comparaci&oacute;n con los otros  pa&iacute;ses. Por lo tanto, los estudiantes y otros profesionales eran vitales para  el desarrollo del  pa&iacute;s. Sin embargo, fue precisamente en ese grupo en donde se concentra una de  las mayores represiones.</p>
<p>La represi&oacute;n al  liderazgo social no fue sufrida &uacute;nicamente por l&iacute;deres estudiantiles y  profesionales. La misma tambi&eacute;n fue dirigida al liderazgo ejercido a nivel  local y comunitario. La CEH document&oacute; m&aacute;s de 319 casos de l&iacute;deres comunitarios  que fueron v&iacute;ctimas de violencia pol&iacute;tica (asesinato, desaparici&oacute;n forzosa)  durante el conflicto.  Los casos  documentados incluyen trabajadores comunitarios de la salud (promotores de  salud y comadronas tradicionales), maestros rurales, extensionistas agr&iacute;colas,  catequistas, y sacerdotes mayas.[<a href="#refs3" target="_self">30</a>] Entre los casos espec&iacute;ficos de  violencia dirigida a promotores de salud recopilados por la CEH se detalla lo  siguiente:</p>
<p>Entre 1980 y 1984, en  el departamento Chimaltenango, entre 30 y 40 personas, la mayor&iacute;a promotores de  salud, capacitados por la Fundaci&oacute;n Behrhorst, fueron v&iacute;ctimas de  desapariciones forzosas, ejecuciones extrajudiciales o desplazamientos llevados  a cabo por el ej&eacute;rcito de Guatemala.[<a href="#refs4" target="_self">31</a>]</p>
<p>En la d&eacute;cada de 1970  y 1980, los promotores de salud eran l&iacute;deres sociales que jugaban un rol  pol&iacute;tico importante, no &uacute;nicamente en temas de salud sino en el desarrollo  comunitario en general. Ello ocasion&oacute; que la figura de &ldquo;promotor de salud&rdquo;  fuera asociada con subversi&oacute;n por el ej&eacute;rcito y que los grupos guerrilleros  buscar&aacute;n reclutarlos en el movimiento armado.   Un promotor de salud sobreviviente del conflicto armado resume esa situaci&oacute;n de  la siguiente manera: </p>
<p>Los promotores estuvimos  en medio del  conflicto armado y muchos compa&ntilde;eros fueron obligados por los bandos en  conflicto a tomar posiciones para salvar la vida. Si no se un&iacute;an a trabajar con  el ej&eacute;rcito eran acusados de guerrilleros y si no se enrolaban en la lucha  armada con el movimiento guerrillero se les acusaba de ser informantes del ej&eacute;rcito.[<a href="#refs4" target="_self">32</a>]</p>
<p>El derecho a informar  y ser informado tambi&eacute;n era violado durante el conflicto armado. Un l&iacute;der de  promotores de salud de esos a&ntilde;os expresa:</p>
<blockquote><p>.&nbsp;.&nbsp;.&nbsp;nos reun&iacute;amos en las  siembras de ma&iacute;z y frijol a discutir los problemas que est&aacute;bamos sufriendo y la  forma en que los pod&iacute;amos resolver&nbsp;.&nbsp;.&nbsp;.&nbsp;amos que aparentar que trabajamos la  siembra, pues no nos era permitido reunirnos&nbsp;.&nbsp;.&nbsp;.&nbsp;as&iacute; era como inform&aacute;bamos lo que estaba ocurriendo,  los riesgos que ten&iacute;amos y la forma en que pod&iacute;amos  solventarlos.[<a href="#refs4" target="_self">33</a>]</p></blockquote>
<p>La represi&oacute;n al  liderazgo social de profesionales, estudiantes universitarios y l&iacute;deres  comunitarios form&oacute; parte de la estrategia represiva y contrainsurgente del  Estado. En muchos casos, la estrategia consist&iacute;a en la eliminaci&oacute;n selectiva de  l&iacute;deres sociales con el prop&oacute;sito de debilitar a los movimientos sociales y  causar el temor entre sus miembros. Sin embargo, ante el aumento de la  represi&oacute;n y aumento de las demandas sociales, muchas organizaciones de los  movimientos sociales se politizaron y radicalizaron sus posturas. En adici&oacute;n,  la insurgencia creo v&iacute;nculos con algunas organizaciones del movimiento social lo cual creo una  respuesta represiva de mayores dimensiones. Del asesinato selectivo de l&iacute;deres se pas&oacute;  al asesinato al interior de las bases sociales, demostrando con ello la  voluntad del Estado por destruir las organizaciones sociales y pol&iacute;ticas.[<a href="#refs4" target="_self">34</a>]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>La violencia pol&iacute;tica y sus efectos en la  participaci&oacute;n social</em></p>
<p>Uno de los efectos  m&aacute;s extendidos y profundos del  enfrentamiento armado fue el rompimiento de las estructuras comunitarias. Esto  afect&oacute; los sistemas de autoridad, las normas de convivencia e incluso los  elementos de identidad.[<a href="#refs4" target="_self">35</a>]</p>
<p>A las pr&aacute;cticas  ancestrales de participaci&oacute;n social para promover el desarrollo local que se  realizaba en comunidades ind&iacute;genas rurales, se sobrepone mecanismos  obligatorios de &#8216;participaci&oacute;n&rsquo; como las &#8216;patrullas de autodefensa civil&rsquo; que  eran grupos paramilitares apoyados por el ej&eacute;rcito y cuyo objetivo era combatir  la incursi&oacute;n de guerrillas en las comunidades.   La autoridad local ind&iacute;gena ya no resid&iacute;a en un consejo de ancianos sino  en el jefe de los patrulleros (fuerzas paramilitares) que pod&iacute;a disponer del uso de la violencia,  la cual en muchos casos fue dirigido a familias y l&iacute;deres de sus propias  comunidades.[<a href="#refs4" target="_self">36</a>]</p>
<p>Otro efecto negativo del conflicto armado  interno fue el terror generalizado que se apoder&oacute; de la poblaci&oacute;n. Las v&iacute;ctimas  han reportado sentimientos intensos de miedo, desesperanza, desconfianza e  inseguridad. Sin embargo, no saben explicar exactamente de d&oacute;nde proviene o  identificar claramente a un &#8216;culpable&rsquo;. Esto ocurri&oacute; porque los mecanismos de  represi&oacute;n crearon un &#8216;fantasma&rsquo; que desorientaba a la poblaci&oacute;n y la hac&iacute;a  sentir altos grados de inseguridad.[<a href="#refs4" target="_self">37</a>]</p>
<p>Los efectos  represivos de la violencia pol&iacute;tica tienen secuelas en el presente. Entre &eacute;stas  se incluye la noci&oacute;n de muchas comunidades, particularmente rurales, de  entender lo espacios p&uacute;blicos como administrativos puramennte, sin una dimensi&oacute;n  pol&iacute;tica, lo cual puede interpretarse como una consecuencia del conflicto  armado, ya que durante los a&ntilde;os de la violencia, cualquier comunidad organizada  estaba en peligro de ser reprimida o atacada, al ser considerada una amenaza  pol&iacute;tica para el Estado.[<a href="#refs4" target="_self">38</a>]</p>
<p>Encuestas recientes  de participaci&oacute;n ciudadana en Guatemala  revelan que los niveles de participaci&oacute;n pol&iacute;tica y social en general son  bajos. Esto se debe en parte a la represi&oacute;n y la violaci&oacute;n de los derechos  humanos durante el conflicto armado interno y a la historia de violencia que  contribuye a explicar la dificultad para consolidar el Estado de derecho en la  actual &eacute;poca democr&aacute;tica. Por lo general, los ciudadanos reportan desconfianza  hacia las instituciones pol&iacute;ticas y sociales.[<a href="#refs4" target="_self">39</a>]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Efectos de la impunidad sobre la confianza de  la poblaci&oacute;n hacia el Estado</em></p>
<p>Desde un enfoque de  derechos humanos, la relaci&oacute;n de los ciudadanos (as) con sus Estados es vital  debido a que &uacute;nicamente los Estados pueden garantizar los derechos humanos de  sus ciudadanos.[<a href="#refs4" target="_self">40</a>] En sociedades postconflicto como la guatemalteca,  uno de los mayores retos consiste en transitar de un Estado represor a un  Estado que promueve la reconciliaci&oacute;n nacional, la justicia y los derechos de  la ciudadan&iacute;a. En este tr&aacute;nsito, la impunidad se convierte en una de las  mayores barreras que afectan tanto la b&uacute;squeda de justicia y resarcimiento como la confianza de la  ciudadan&iacute;a. La situaci&oacute;n de Guatemala  a partir de la firma de la paz  se discute a continuaci&oacute;n.</p>
<p>En 1999 la CEH,  surgida a partir de los acuerdos de paz, public&oacute; un reporte que en adici&oacute;n a  presentar hechos y n&uacute;meros de v&iacute;ctimas del conflicto armado interno, tambi&eacute;n  present&oacute; informaci&oacute;n espec&iacute;fica acerca del contexto social e hist&oacute;rico y las  experiencias de las personas que fueron v&iacute;ctimas de la represi&oacute;n y violencia  pol&iacute;tica.[<a href="#refs5" target="_self">41</a>] Las partes firmantes acordaron que la CEH no deber&iacute;a  identificar autores individuales de los hechos, lo cual limit&oacute; las  posibilidades de utilizar la informaci&oacute;n recabada por el reporte para enjuiciar  a los autores intelectuales y materiales de las violaciones ocurridas. Por lo  tanto, el reporte se concentr&oacute; en recomendaciones espec&iacute;ficas para reparar a  las v&iacute;ctimas y crear las condiciones sociales y pol&iacute;ticas que eviten que estos  hechos vuelvan a suceder.[<a href="#refs5" target="_self">42</a>] Sin embargo, muchas de las  recomendaciones clave nunca fueron implementadas.[<a href="#refs5" target="_self">43</a>] Cumplir con las  recomendaciones era una oportunidad de sanar el tejido social y avanzar hacia  la reconciliaci&oacute;n, pero &eacute;stas escasamente se han seguido.</p>
<p>Existe  otro informe sobre el conflicto armado interno, el cual fue elaborado por la  iglesia cat&oacute;lica a trav&eacute;s del  proyecto Recuperaci&oacute;n de la Memoria Hist&oacute;rica (REMHI). El informe fue liderado  por monse&ntilde;or Juan Gerardi y la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado en  Guatemala (ODHAG). El trabajo en el informe inicia antes de que se conforme la  CEH y el informe completo se presenta en abril de 1998 ante la CEH y ante el  p&uacute;blico en general. A diferencia del reporte  de la CEH que tiene como  mandato no identificar autores individuales de las violaciones, el REMHI s&iacute; lo  hace. El informe <em>Guatemala:  Nunca M&aacute;s,</em> presenta una relator&iacute;a de los hechos de  violencia institucional acontecidos en el pa&iacute;s a partir del a&ntilde;o de 1960. Incluye descripciones de  las estrategias contrainsurgentes formuladas especialmente durante las d&eacute;cadas  de 1970 y 1980. Se se&ntilde;alan nombres de presidentes, el Ej&eacute;rcito, las Patrullas  de Autodefensa Civil (PAC) y grupos guerrilleros, como los responsables de la  violencia en comunidades identificadas, de las cuales se extrajeron  testimonios. El informe cuenta tanto con testimonios de v&iacute;ctimas como de victimarios y militares que relatan la manera c&oacute;mo se produjeron y planificaron los actos de violencia,  y del modo en  el que funcionaba el Estado contrainsurgente. </p>
<p>El  informe del REMHI presenta testimonios de casos que han sido llevados ante las  cortes nacionales e internacionales para petici&oacute;n de justicia, como el caso B&aacute;maca, el caso de R&iacute;o Negro, el  caso Plan de S&aacute;nchez, el caso de la masacre de Xam&aacute;n. A pesar de que se  cuestion&oacute; en alg&uacute;n momento la calidad probatoria de los informes del REMHI y de la CEH, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, estos han  sido considerados como pruebas en casos por  violencia durante el Conflicto Armado Interno, tanto por parte de cortes  nacionales como  internacionales. Ejemplos de esto son el caso de la masacre de Xam&aacute;n y el caso  de Plan de S&aacute;nchez.[<a href="#refs5" target="_self">44</a>]</p>
<p>Aun cuando se han  dado los avances arriba mencionados, existe una percepci&oacute;n generalizada en la  poblaci&oacute;n que dichos avances son m&iacute;nimos y que aun campea de manera excesiva la  impunidad en el pa&iacute;s. Se ha ampliado en un 74% los tribunales de primera instancia y juzgados de paz as&iacute; como el  personal y las instituciones que acercan la justicia a las poblaciones como la  Defensor&iacute;a de la Mujer Ind&iacute;gena, bufetes populares, el Servicio P&uacute;blico de la  Defensa Penal. [<a href="#refs5" target="_self">45</a>] Sin embargo, el impacto en el aumento de los operadores de justicia es  limitado debido a la alta ineficiencia de los &oacute;rganos de  justicia en donde un 96% de los casos quedan sin resolver.[<a href="#refs5" target="_self">46</a>]</p>
<p>Desde la perspectiva  de las v&iacute;ctimas, la impunidad significa alargar su sufrimiento pues la idea de  &#8216;obtener justicia&rsquo; se encuentra todav&iacute;a alejada de sus imaginarios no s&oacute;lo por  lo inaccesible del sistema judicial del pa&iacute;s sino por las represalias que  podr&iacute;a haber contra ellos.[<a href="#refs5" target="_self">47</a>] El asesinato del Monse&ntilde;or Gerardi dos  d&iacute;as despu&eacute;s de haber presentado oficialmente el informe del REMHI, refuerza el  imaginario de represalia asociado a la impunidad.[<a href="#refs5" target="_self">48</a>]</p>
<p>La impunidad no  afecta &uacute;nicamente a las v&iacute;ctimas sino que tambi&eacute;n crea sentimientos generalizados  de desconfianza hacia el Estado y sus instituciones en el resto de la  poblaci&oacute;n. Por lo tanto, la reconstrucci&oacute;n del tejido social y de la relaci&oacute;n  entre la ciudadan&iacute;a y el Estado, tan vitales para la reconciliaci&oacute;n y el  desarrollo social, parecen tareas de suma complejidad. Ante ello, es preciso  preguntarse: &iquest;Qu&eacute; oportunidades existen para echar a andar &eacute;stas tareas?</p>
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<p><strong>Los nuevos  espacios para la participaci&oacute;n social: Oportunidades para construir confianza y  renovar el tejido social</strong></p>
<p>Entre toda la  adversidad descrita anteriormente, una encuesta de opini&oacute;n, realizada  recientemente a nivel de las &eacute;lites locales (pol&iacute;ticas, sociales y econ&oacute;micas)  y con la ciudadan&iacute;a, identific&oacute; una percepci&oacute;n de avances significativos en las  libertades de asociaci&oacute;n, de manifestaci&oacute;n, reuni&oacute;n, elecci&oacute;n y expresi&oacute;n, a  partir de la finalizaci&oacute;n del conflicto armado. Asimismo, se reconoce una  ampliaci&oacute;n de los espacios de participaci&oacute;n, una apertura en la discusi&oacute;n de la  agenda nacional, el surgimiento de nuevos actores pol&iacute;ticos y el  fortalecimiento de los mecanismos de di&aacute;logo entre el Estado y la sociedad.[<a href="#refs5" target="_self">49</a>]</p>
<p>La  percepci&oacute;n arriba mencionada tiene consistencia con el marco legal que ha sido  creado a partir de la firma de los Acuerdos de Paz. El Congreso Nacional de la Rep&uacute;blica  sancion&oacute; una serie de leyes que promueven y garantizan la participaci&oacute;n social  de la poblaci&oacute;n en el desarrollo, implementaci&oacute;n y evaluaci&oacute;n de la pol&iacute;tica  p&uacute;blica. Tambi&eacute;n implement&oacute; procesos de descentralizaci&oacute;n a nivel municipal. De  mayor trascendencia es la &#8216;Ley de los Consejos de Desarrollo Urbano y Rural&rsquo; la  cual crea mecanismos de participaci&oacute;n en la asignaci&oacute;n de los presupuestos  p&uacute;blicos desde el nivel comunitario hasta el gobierno central. </p>
<p>La estructura de los  consejos cuenta con cinco niveles diferentes de representaci&oacute;n. A nivel local  se encuentran los consejos de desarrollo comunitarios (COCODES), que se forman  a partir de asambleas comunitarias, y el consejo de desarrollo municipal  (COMUDES), en el que participan representantes de los COCODES, de la  municipalidad y de organizaciones de la sociedad civil y econ&oacute;mica del municipio. El  siguiente nivel, el departamental, cuenta principalmente con la presencia de  autoridades departamentales de instituciones gubernamentales (ministerios y secretarias).  La participaci&oacute;n de la sociedad civil se da a  partir de organizaciones no gubernamentales de desarrollo-ONG, representantes  de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena y del  sector de mujeres y de las universidades presentes en la regi&oacute;n. Los  representantes de los COCODES son sustituidos por representaci&oacute;n de pueblos  ind&iacute;genas y lo mismo ocurre a nivel regional y nacional.</p>
<p>Una de las tares  principales de los consejos de desarrollo es priorizar y asignar la inversi&oacute;n  p&uacute;blica en infraestructura en los municipios. Para ello, reciben una asignaci&oacute;n  de alrededor del 11% del  total de recursos fiscales del  pa&iacute;s. La ley de consejos de desarrollo y su implementaci&oacute;n est&aacute; muy lejos de  ser perfecta y tiene muchas limitantes que van desde la legitimidad de los  representantes hasta las cuotas de representaci&oacute;n en los consejos mismos.  Existe una representaci&oacute;n desproporcionada de instituciones gubernamentales en  relaci&oacute;n a la ciudadan&iacute;a y en particular de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena y mujeres.  As&iacute;, a nivel nacional los representantes ind&iacute;genas representan &uacute;nicamente el  11% de los miembros. La representaci&oacute;n de mujeres es a&uacute;n menor: 3%. Esto no es  muy diferente a nivel regional (9% de participaci&oacute;n ind&iacute;gena y 6% del sector de las organizaciones de mujeres) ni a nivel  departamental (10% de representaci&oacute;n de los pueblos ind&iacute;genas y 3% del sector de las  organizaciones de mujeres). Adem&aacute;s, existen se&ntilde;alamientos constantes de  manipulaci&oacute;n de los Consejos por parte diputados distritales y los gobernadores  sociedad.[<a href="#refs5" target="_self">50</a>]</p>
<p>A pesar de las limitantes  anteriores, el sistema de Consejos de Desarrollo es el espacio p&uacute;blico de  debate y di&aacute;logo entre las autoridades municipales y la ciudadan&iacute;a (para el  nivel municipal) y de los representantes ciudadanos y los representantes  gubernamentales en los niveles departamental, regional y nacional. Por lo  tanto, constituyen una oportunidad para trabajar en conjunto de una forma que  permita reestablecer los v&iacute;nculos de confianza. Sin embargo, es claro que  dichos prop&oacute;sitos deben ir acompa&ntilde;ados de mecanismos que generen una mayor  transparencia y eficacia en todo el sistema.</p>
<p>Los espacios de  participaci&oacute;n ciudadana, aun con sus imperfecciones y limitaciones, deben ser  aprovechados por la sociedad civil para generar y proponer soluciones. La tarea  no es sencilla, pues se necesita lidiar con los poderes reacios, la falta de  voluntad pol&iacute;tica, un sistema de partidos pol&iacute;ticos sin credibilidad y sin  legitimidad.[<a href="#refs6" target="_self">51</a>] Sin embargo, es precisamente en estos espacios desde  donde se puede contribuir a generar los cambios sociales, entre ellos, los que  fueron recomendados por la propia CEH.</p>
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<p><strong>Implicaciones  para la promoci&oacute;n y ejercicio del  derecho a la salud</strong></p>
<p>La experiencia de  Guatemala ilustra y aporta a la noci&oacute;n de varios autores que han afirmado que  una visi&oacute;n &#8216;legalista&rsquo; de los derechos humanos no es siempre &uacute;til o suficiente  para comprender los contextos sociales y promover el ejercicio de los derechos  humanos.[<a href="#refs6" target="_self">52</a>] El Estado Guatemalteco ha ratificado los principales  tratados internacionales y se ha adherido a las declaraciones internacionales  (incluyendo la de Alma-Ata). A pesar de ello, los viol&oacute; impunemente en forma  sistem&aacute;tica y desat&oacute; una ola represiva hacia poblaci&oacute;n Guatemalteca por casi  cuatro d&eacute;cadas. </p>
<p>Guatemala es una sociedad  postconflicto cuyas secuelas se encuentran muy presentes. El fomento de la  participaci&oacute;n social impone grandes desaf&iacute;os tanto a nivel de la poblaci&oacute;n como de las instituciones  y organizaciones que la promueven. La poblaci&oacute;n debe relacionarse con un Estado  que violent&oacute; los derechos m&aacute;s elementales en un pasado reciente. Las  organizaciones que promueven la participaci&oacute;n social (entre ellas del sector salud y de derechos humanos) tienen la  obligaci&oacute;n de conocer la historia de Guatemala para entender las  conductas individuales y grupales de la poblaci&oacute;n en torno a la participaci&oacute;n  social. Tambi&eacute;n deben entender y reconocer los espacios nuevos de participaci&oacute;n  surgidos en los &uacute;ltimos 12 a&ntilde;os. Las organizaciones pueden jugar un rol muy  importante de intermediaci&oacute;n que ayude a reconstruir la confianza entre las  instituciones del Estado y la ciudadan&iacute;a. En el contexto de Guatemala, &eacute;sta reconstrucci&oacute;n, as&iacute; como la regeneraci&oacute;n del tejido social, son elementos esenciales  y b&aacute;sicos que no pueden separarse de los procesos de participaci&oacute;n social.</p>
<p>El Estado Guatemalteco,  a trav&eacute;s de sus instituciones, debe ganar la confianza de la ciudadan&iacute;a. Uno de  los pasos esenciales para ello es la atenci&oacute;n a las demandas por servicios de  salud, educaci&oacute;n y mejoramiento de la vivienda. As&iacute;, al avanzar en la  realizaci&oacute;n progresiva de los DESC, el Estado estar&iacute;a cumpliendo con sus  obligaciones y compromisos, y al mismo tiempo estar&iacute;a implementando acciones  concretas que permiten generar la confianza de la ciudadan&iacute;a. </p>
<p>A nivel de la  sociedad civil, es necesario ir m&aacute;s all&aacute; del marco legal y facilitar  habilidades, conocimiento e informaci&oacute;n para que la poblaci&oacute;n participe e  influya sobre procesos pol&iacute;ticos formales que son decididos e impulsados por  diversas instancias como el Congreso, el Ejecutivo, gobiernos municipales y los  partidos pol&iacute;ticos; as&iacute; como en otros procesos de participaci&oacute;n que construyen  ciudadan&iacute;a, tales organizaciones barriales, o comit&eacute;s escolares, entre otros.[<a href="#refs6">53</a>]</p>
<p>El reto de fomentar  la participaci&oacute;n social que promueva redistribuci&oacute;n de poder a trav&eacute;s de procesos  democr&aacute;ticos es enorme. Sin embargo no hay otro camino. &uacute;nicamente a trav&eacute;s de  un desbalance en el status quo del  poder y un re-balance hacia una mayor equidad e inclusi&oacute;n ciudadana podemos  acercarnos al prop&oacute;sito de la justicia social.   En adici&oacute;n a ello, es necesario repensar y modificar los enfoques  &#8216;utilitaristas&rsquo; de la participaci&oacute;n y los conceptos &#8216;reduccionistas&rsquo; de poder.  Una visi&oacute;n &#8216;ingenua&rsquo; de la participaci&oacute;n, divorciada de los elementos  sociopol&iacute;ticos inherentes a la misma, no ayuda   al objetivo de  promover  cambios sociales que generen condiciones  para  alcanzar una vida digna para todas  las personas.  </p>
<p>Un primer paso en la  direcci&oacute;n arriba mencionada es que todas las organizaciones (de salud y  derechos humanos) ampliemos y diversifiquemos nuestros equipos de trabajo y  fortalezcamos nuestras habilidades para que realmente seamos equipos  multidisciplinarios que analizan y facilitan la participaci&oacute;n social como la principal  herramienta para hacer exigible el derecho a la salud.</p>
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<p><strong>Agradecimientos</strong></p>
<p>La investigaci&oacute;n para  el presente art&iacute;culo fue posible gracias al apoyo financiero del &ldquo;Centre for Global Health Research&rdquo;, Universidad de Ume&aring;, Suecia. Los autores agradecen el apoyo de Marco Tulio  Guti&eacute;rrez en la recolecci&oacute;n de informaci&oacute;n. Un agradecimiento especial va  dirigido a los promotores de salud durante los a&ntilde;os del conflicto armado, que compartieron sus  experiencias con nosotros. Tambi&eacute;n   agradecen los comentarios de las siguientes personas a borradores del  art&iacute;culo: Gustavo Estrada, Miguel San Sebasti&aacute;n, Ignacio Saiz, Cote Parada, dos  revisores an&oacute;nimos externos y a los editores de la revista.</p>
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<p><strong>Walter Flores</strong>, PhD en Desarrollo y Evaluaci&oacute;n de  Sistemas de salud. Es investigador principal y director del Centro de Estudios  para la Equidad y Gobernanza en los Sistemas    de Salud-CEGSS, Guatemala. </p>
<p><strong>Ana Lorena Ruano</strong>, BA en Sociolog&iacute;a. Es estudiante  de doctorado en el departamento de epidemiolog&iacute;a y salud p&uacute;blica en la  Universidad de Ume&aring; en Suecia y es asistente de investigaci&oacute;n en el Centro de  Estudios para la Equidad y Gobernanza en los Sistemas de Salud-CEGSS, Guatemala. </p>
<p><strong>Denise Ph&eacute; Funchal</strong>, BA en Sociolog&iacute;a, Postgrado  en Estudios de G&eacute;nero. Es asistente de investigaci&oacute;n en el Centro de Estudios para la Equidad y  Gobernanza en los Sistemas de Salud-CEGSS, Guatemala. </p>
<p>Favor de enviar correspondencia a Walter Flores, 6a Avenida 11–77  Zona 10, Edificio Punto Diez, Oficina 1F, Guatemala,  Central America, email: wflores@cegss.org.gt.</p>
<p><strong>Competing interests:</strong> None declared. </p>
<p>Copyright &copy; 2009 Flores, Ruano, and Funchal. This is  an open access article distributed under the terms of the Creative Commons  Attribution Non-Commercial License  (<a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/3.0/" target="_blank">http://creativecommons.org/licenses/by-nc/3.0/</a>), which permits unrestricted  non-commercial use, distribution, and reproduction in any medium, provided the  original author and source are credited.</p>
<p><strong>This article may be cited as / Este artículo se puede citar de la siguiente forma:</strong> Walter Flores, Ana Lorena Ruano, y Denise Phé Funchal, “La participación social en un contexto de violencia política: Implicaciones para la promoción y ejercicio del derecho a la salud en Guatemala,” <em>Health and Human Rights: An International Journal</em> 11/1 (2009), Perspectives, http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2009/10/flores-et-al.pdf.</p>
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<p><a name="refs1" id="refs1"></a><strong>Referencias</strong></p>
<p>1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;M. Svampa, <em>Movimientos sociales en  la Argentina de hoy</em> (2002). Disponible en   <a href="http://www.maristellasvampa.net/archivos/ensayo07.pdf" target="_blank">http://www.maristellasvampa.net/archivos/ensayo07.pdf</a>; People&rsquo;s Health  Movement, <em>Declaraci&oacute;n para la salud de los pueblos </em>(PHM, 2000). Disponible  en <a href="http://www.phmovement.org/files/phm-pch-spanish.pdf" target="_blank">http://www.phmovement.org/files/phm-pch-spanish.pdf</a>; World Bank, <em>The World Bank  Participation Handbook</em> (WB, 1996). Disponible en <a href="http://www.worldbank.org/wbi/sourcebook/sbpdf.htm" target="_blank">http://www.worldbank.org/wbi/sourcebook/sbpdf.htm</a>.</p>
<p>2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;En L. Morgan, &ldquo;Community  participation in health: perpetual allure, persistent challenge&rdquo;,<em> Health policy and planning</em> 16/3 (2001), pp. 221-230.; S. Rifkin, &ldquo;A framework linking community  empowerment and health equity: it is a matter of CHOICE&rdquo;, <em>J Health Poplr Nutr </em>21/3  (2003), pp. 168-180; M. Bronfman y M. Gleizer, &ldquo;Participaci&oacute;n comunitaria:  necesidad, excusa o estrategia?  o de qu&eacute;  hablamos cuando hablamos de participaci&oacute;n comunitaria&rdquo;, <em>Cad Sa&uacute;de P&uacute;b</em> 10/1 (1994), pp. 111-122; S. Rifkin, F. Muller, W. Bichman, &ldquo;Primary health  care on measuring participation&rdquo;,<em> Social Science and Medicine</em> 26/9 (1988), pp.  931-940; y en SR. Arnstein, &ldquo;A ladder of citizen participation&rdquo;, <em>Journal of the American  planning association </em> 35/4  (1969), pp. 216-224. </p>
<p>3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;SR., Arnstein (ver nota 2). </p>
<p>4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;En JA. Morone y EH. Kilbreth  &ldquo;Power to the people? Restoring Citizen Participation&rdquo;, <em>Journal of health politics,  policy and law </em>28/2-3 (2003); tambi&eacute;n en J. Gaventa,  &ldquo;Introduction: exploring citizenship, participation and accountability&rdquo;, <em>IDS Bulletin</em> 33/2 (2002).</p>
<p>5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;Declaraci&oacute;n  sobre el derecho al desarrollo, G.A. Res. 41/128 (1986), para. 2.3. Disponible  en at <a href="http://www.un.org/documents/ga/res/41/a41r128.htm" target="_blank">http://www.un.org/documents/ga/res/41/a41r128.htm</a>.</p>
<p>6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;S.  Mahmud, &ldquo;Citizen Participation in the health sector in rural Bangladesh:  perceptions and reality&rdquo;, <em>IDS Bulletin </em>35/2(2004).</p>
<p>7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;Comit&eacute;  de Derechos Econ&oacute;micos, Sociales y Culturales, Observaci&oacute;n General 14, p&aacute;rrafo  54, El derecho al disfrute del m&aacute;s alto nivel posible de salud, Doc. de UN No.  E/C.12/2000/4 (2000). Disponible en  <a href="http://www.cetim.ch/es/documents/codesc-2000-4-esp.pdf" target="_blank">http://www.cetim.ch/es/documents/codesc-2000-4-esp.pdf</a>.</p>
<p>8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;A.  Yamin, &ldquo;The Future in the Mirror: Incorporating Strategies for the Defense and  Promotion of Economic, Social and Cultural Rights into the Mainstream Human  Rights Agenda&rdquo;, <em>Human Rights Quarterly</em> 27 (2005), pp.1200-1244. </p>
<p>9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;Organizaci&oacute;n  Internacional del Trabajo, Convenio No. 169 sobre pueblos ind&iacute;genas y tribales  en pa&iacute;ses independientes (1989), Art. 7. Disponible en  <a href="http://www.ilo.org/public/spanish/region/ampro/lima/publ/conv-169/convenio.shtml" target="_blank">http://www.ilo.org/public/spanish/region/ampro/lima/publ/conv-169/convenio.shtml</a>;  Naciones Unidas (2007) Declaraci&oacute;n de las Naciones Unidas  sobre los derechos de los pueblos ind&iacute;genas, Doc. UN No. 61/295 (2007).  Disponible en <a href="http://www.un.org/esa/socdev/unpfii/documents/DRIPS_es.pdf" target="_blank">http://www.un.org/esa/socdev/unpfii/documents/DRIPS_es.pdf</a>.  </p>
<p>10.&nbsp;&nbsp;&nbsp;En  A. Yamin (ver nota 8); en CDESC (ver nota 7); C. Serrano, <em>Participaci&oacute;n social y  ciudadana, un debate del Chile contempor&aacute;neo</em> (MIDEPLAN, 1998); y  en M. Medina, M. L&oacute;pez M y J. Blanco, &ldquo;La violencia y sus repercusiones en la  salud; reflexiones te&oacute;ricas y magnitud del  problema en M&eacute;xico&rdquo;, <em>Salud P&uacute;blica de M&eacute;xico </em>39/6 (1997).</p>
<p><a name="refs2" id="refs2"></a>11.&nbsp;&nbsp;&nbsp;A. Yamin, &ldquo;Challenges and possibilities for  innovative praxis in health and human rights: Reflections from Peru&rdquo;, <em>Health  and Human Rights</em> 6/1 (2002), pp. 35-62. </p>
<p>12.&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ejemplos  de art&iacute;culos de publicaci&oacute;n reciente que hacen mencion sobre el poder sin  especificar su significado son: P. Farmer, &ldquo;Challenging orthodoxies: The road  ahead for health and human Rights&rdquo;, <em>Health and Human Rights</em> 10/1 (2008), pp. 5-19;  tambi&eacute;n en Yamin (ver nota 8 y nota 11). </p>
<p>13.&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aqu&iacute;  utilizamos el concepto de ideolog&iacute;a para referirnos al conjunto de ideas,  normas y conocimientos utilizados para   representar y entender una realidad social concreta.</p>
<p>14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;La  discusi&oacute;n sobre el poder aparece en la escuela positivista, marxista y estructuralista  entre otras. Para una discusi&oacute;n detallada del concepto de poder en las distintas  escuelas te&oacute;ricas ver: M. Haugaard, <em>Power: a reader</em> (Manchester University  Press, 2002).</p>
<p>15.&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ibid. </p>
<p>16.&nbsp;&nbsp;&nbsp;S.  Clegg, D. Courpasson y N. Phillips, <em>Power and Organization</em> (Great Britain: SAGE  Publication Series, 2007); En M. Haugaard (ver nota 14); P. Bourdieu, &ldquo;Social  space and symbolic power&rdquo;, <em>Sociological Theory </em>7 (1989), pp.14-15; en A.  Giddens, <em>The constitution of society</em> (Polity Press, 1984); N. Poulantzas, <em>Poder pol&iacute;tico y clases sociales en el estado capitalista</em> (Siglo XXI, 1968); y tambi&eacute;n en H. Arendt, <em>On violence</em> (Harcourt, 1969-1970).</p>
<p>17.&nbsp;&nbsp;&nbsp;N.  Poulantzas (ver nota 16).  </p>
<p>18.&nbsp;&nbsp;&nbsp;En S. Clegg, D. Courpasson y N. Phillips (ver nota 16); P.  Bourdieu, Cosas dichas, (Gedisa editorial, 2da reimpresi&oacute;n, 2000) y tambi&eacute;n en  Giddens (ver nota 16).</p>
<p>19.&nbsp;&nbsp;&nbsp;A.  Giddens, <em>Sociolog&iacute;a </em>(Alianza  editorial, 4ta edici&oacute;n, 2001). </p>
<p>20.&nbsp;&nbsp;&nbsp;H.  Arendt (ver nota 16). </p>
<p><a name="refs3" id="refs3"></a>21.&nbsp;&nbsp;&nbsp;H.  Goverde, PG. Cerny, M. Haugaard, M y HH. Lentner,<em> Power in contemporary politics, theories, practices,  globalizations </em>(SAGE, 2000).</p>
<p>22.&nbsp;&nbsp;&nbsp;M.Haugaard (ver nota 14).</p>
<p>23.&nbsp;&nbsp;&nbsp;En  JD. Benclowicz, <em>La izquierda y la emergencia del  movimiento piquetero en la Argentina.  An&aacute;lisis de un caso testigo</em> (2006). Disponible en  <a href="http://www.publicaciones.cucsh.udg.mx/pperiod/espiral/espiralpdf/Espiral37/123-143.pdf" target="_blank">http://www.publicaciones.cucsh.udg.mx/pperiod/espiral/espiralpdf/Espiral37/123-143.pdf</a>;  en R. Carrillo, <em>Movimientos sociales y  hegemon&iacute;a (</em>2003). Disponible en   <a href="http://www.uasb.edu.ec/padh/centro/pdfs6/Ricardo%20Carrillo.pdf" target="_blank">http://www.uasb.edu.ec/padh/centro/pdfs6/Ricardo%20Carrillo.pdf</a>; tambi&eacute;n  en S. Pachano, Ecuador:  cuando la inestabilidad se vuelve estable (2005). Disponible en   <a href="http://www.redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/509/50902305.pdf" target="_blank">http://www.redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/509/50902305.pdf</a>; J.  Burdman, <em>Origen y evoluci&oacute;n de los  &ldquo;piqueteros&rdquo; </em>(sin a&ntilde;o). Disponible en  <a href="http://www.atlas.org.ar/actualidad/PDF/burdman_2.PDF" target="_blank">http://www.atlas.org.ar/actualidad/PDF/burdman_2.PDF</a>; y tambi&eacute;n en P.  Regalsky, <em>Am&eacute;rica Latina:  Bolivia  ind&iacute;gena y campesina. Una larga marcha para liberar sus territorios y un  contexto para el gobierno de Evo Morales</em> (sin a&ntilde;o). Disponible  en <a href="http://www.herramienta.com.ar/modules.php?op=modload&amp;name=News&amp;file=article&amp;sid=343" target="_blank">http://www.herramienta.com.ar/modules.php?op=modload&amp;name=News&amp;file=article&amp;sid=343</a>. </p>
<p>24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;J. Luj&aacute;n  Mu&ntilde;oz, <em>Breve historia de Guatemala</em> (Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2004).</p>
<p>25.&nbsp;&nbsp;&nbsp;Universidad Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.  2003. <em>El derecho a la lengua de  los pueblos ind&iacute;genas</em>. (UNAM, Instituto de Investigaciones  Jur&iacute;dicas, 2003).Disponible en <a href="http://www.cseiio.edu.mx/biblioteca/libros/humanidades/derecho_indio.pdf" target="_blank">http://www.cseiio.edu.mx/biblioteca/libros/humanidades/derecho_indio.pdf</a>;  tambi&eacute;n en S. Mart&iacute;nez Pel&aacute;ez, <em>La patria del  criollo</em> (Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. 3era reimpresi&oacute;n, 2003).</p>
<p>26.&nbsp;&nbsp;&nbsp;En  A. Pollack, &ldquo;Crear una regi&oacute;n: luchas sociales en los altos  de Guatemala  en la primera parte del Siglo XIX&rdquo;, <em>Revista electr&oacute;nica de geograf&iacute;a y ciencias sociales</em>.  Vol X 216/36 (2006). Disponible en <a href="http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-218-36.htm" target="_blank">http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-218-36.htm</a>;  tambi&eacute;n en J. Luj&aacute;n Mu&ntilde;oz (ver nota 30). </p>
<p> 27.&nbsp;&nbsp;&nbsp;El  conflicto armado de Guatemala  tuvo sus ra&iacute;ces en la historia local y las tensiones &eacute;tnicas que resultaron del pronunciado sistema  de estratificaci&oacute;n social guatemalteco. Tambi&eacute;n jug&oacute; un rol importante el  contexto internacional de la guerra fr&iacute;a en la que los principales bandos en  disputa &mdash; el ej&eacute;rcito y los grupos guerrilleros &mdash; llegaron a una radicalizaci&oacute;n  ideol&oacute;gica que exacerb&oacute; el conflicto y sus efectos sobre la sociedad  guatemalteca. Para un an&aacute;lisis detallado de los antecedentes del  conflicto armado guatemalteco ver: Luj&aacute;n Mu&ntilde;oz 2004; Comisi&oacute;n para el Esclarecimiento Hist&oacute;rico-CEH,<em> Guatemala</em><em> Memoria del Silencio</em>.Guatemala: CEH, 1999.</p>
<p>28.&nbsp;&nbsp;&nbsp;CEH  1999 (ver nota 27); tambi&eacute;n P. Kobrak, <em>En pie de la lucha: organizaci&oacute;n y represi&oacute;n en la Universidad de  San Carlos 1944-199 </em>(Guatemala: GAM, 1999).</p>
<p>29.&nbsp;&nbsp;&nbsp;En  Instituto Nacional de Estad&iacute;stica, <em>IX censo nacional de poblaci&oacute;n</em> (Guatemala: INE,  1981); tambi&eacute;n en Comisi&oacute;n Econ&oacute;mica para America Latina y el Caribe, <em>Estad&iacute;sticas de Am&eacute;rica  Latina y el Caribe </em>(CEPALSAT, 1980). Disponible en  <a href="http://websie.eclac.cl/sisgen/ConsultaIntegrada.asp?idAplicacion=1&amp;idTema=2&amp;idIndicador=393&amp;idioma=e" target="_blank">http://websie.eclac.cl/sisgen/ConsultaIntegrada.asp?idAplicacion=1&amp;idTema=2&amp;idIndicador=393&amp;idioma=e</a>;  ver tambi&eacute;nUnited Nations Educational, Scientific and Cultural Organization, <em>Database Education and  Literacy</em> (UNESCO,1980). Disponible en  <a href="http://stats.uis.unesco.org/unesco/tableviewer/document.aspx?ReportId=143" target="_blank">http://stats.uis.unesco.org/unesco/tableviewer/document.aspx?ReportId=143</a>.  </p>
<p>30.&nbsp;&nbsp;&nbsp;Comisi&oacute;n  para el Esclarecimiento Hist&oacute;rico-CEH (ver nota 27).</p>
<p><a name="refs4" id="refs4"></a>31.&nbsp;&nbsp;&nbsp;Comisi&oacute;n  para el Esclarecimiento Hist&oacute;rico,<em> Guatemala Memoria del Silencio, TOMO VIII, Casos Presentados Anexo II</em> (Guatemala: CEH, 1999). Disponible en <a href="http://shr.aaas.org/guatemala/ceh/gmds_pdf/anexo2_1.pdf" target="_blank">http://shr.aaas.org/guatemala/ceh/gmds_pdf/anexo2_1.pdf</a>.</p>
<p>32.&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fuente:  Entrevista a promotor de salud activo durante el per&iacute;odo de  de 1970 a 1990. Entrevista realizada en  Noviembre del 2008. </p>
<p>33.&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fuente:  Entrevista a ex-l&iacute;der de promotores de salud de la d&eacute;cada de 1980. Entrevista  realizada en Septiembre del 2008. </p>
<p>34.&nbsp;&nbsp;&nbsp;Comisi&oacute;n  para el Esclarecimiento Hist&oacute;rico (ver nota 27).</p>
<p>35.&nbsp;&nbsp;&nbsp;HD.  Su&aacute;rez, &ldquo;Aplazados y desplazados, violencia, guerra y desplazamiento: el  transfondo cultural del  destierro y la exclusi&oacute;n: Destierros y desarraigos&rdquo; (Presentado en el II  seminario internacional sobre el desplazamiento: implicaciones y retos para la  gobernabilidad, la democracia y los derechos humanos, Bogot&aacute;, 2002); tambi&eacute;n en  Comisi&oacute;n para el Esclarecimiento Hist&oacute;rico (ver nota 27).</p>
<p>36.&nbsp;&nbsp;&nbsp;Comisi&oacute;n para el Esclarecimiento Hist&oacute;rico  (ver nota 27). </p>
<p>37.&nbsp;&nbsp;&nbsp;En  CM. Beristein, &ldquo;Guatemala:  nunca m&aacute;s&rdquo;, <em>Forced migration review</em> 3 (1998), pp.22-26;  tambi&eacute;n en CM. Beristein, &ldquo;Resistiendo la impunidad en Guatemala: la  dimensi&oacute;n psicosocial en un proceso pol&iacute;tico-judicial&rdquo;,<em> Revista Nueva Sociedad</em> 175  (2001), pp. 43-58.</p>
<p>38.&nbsp;&nbsp;&nbsp;DR. del Valle, <em>Violencia pol&iacute;tica y poder  comunitario en Rabinal, Baja Verapaz, </em>(Guatemala  : F&amp;G Editores, 2004); V. Duque, &ldquo;De v&iacute;ctimas del  conflicto a promotores de cambio: trabajo psicosocial y reconciliaci&oacute;n en Guatemala&rdquo;, <em>Revista Futuros</em>.  19/5 (2007), sin n&uacute;mero de p&aacute;ginas. Disponible en  <a href="http://www.revistafuturos.info/raw_text/raw_futuro19/reconciliacion_victima.pdf" target="_blank">http://www.revistafuturos.info/raw_text/raw_futuro19/reconciliacion_victima.pdf</a>.</p>
<p>39.&nbsp;&nbsp;&nbsp;R.  Brett, y F. Rodas, <em>Democracia y derechos humanos: voz ciudadana</em> (Guatemala:  PNUD, 2008). Ver tambi&eacute;n E. Torres-Rivas y F. Rodas, Percepci&oacute;n ciudadana  de la democracia (Guatemala:  PNUD, 2007). </p>
<p>40.&nbsp;&nbsp;&nbsp;P.  Farmer (ver nota 12). </p>
<p><a name="refs5" id="refs5"></a>41.&nbsp;&nbsp;&nbsp;REMHI, <em>Guatemala</em><em>: Never again! REMHI,  Recovery of Historical Memory Project: The official report of the Human Rights  Office, Archdiocese of Guatemala</em> (Maryknoll, NY: Orbis, 1999).</p>
<p>42.&nbsp;&nbsp;&nbsp;La  CEH dividi&oacute; sus 84 recomendaciones en seis grupos: a) medidas para preservar la  memoria de las v&iacute;ctimas, b) medidas para reparar sus p&eacute;rdidas, c) medidas para  fomentar una cultura de respeto mutuo, d) para fortalecer el proceso  democr&aacute;tico, e) para favorecer la paz y la concordia y f) la necesidad de que  exista una entidad responsable de vigilar e impulsar el cumplimiento de las  recomendaciones. De las pocas recomendaciones implementadas sobresale la de  reparar a las v&iacute;ctimas a trav&eacute;s de la implementaci&oacute;n del Programa Nacional de Resarcimiento  (PNR). Sin embargo, el PNR ha encontrado serios problemas para aumentar su  presupuesto y manejar efectivamente el n&uacute;mero de casos que atiende anualmente.  Asimismo, carece de la capacidad de dar resarcimiento m&aacute;s all&aacute; del econ&oacute;mico. En  Programa Nacional de Resarcimiento,  <em>Informe de la evaluaci&oacute;n  conjunta del  PNR y de los programas de apoyo al PNR de GTZ y PNUD</em> (Documento mimeo, 2007); y en Programa Nacional de Resarcimiento, <em>La vida no tiene precio</em>. (Guatemala: PNR,  2007). </p>
<p> 43.&nbsp;&nbsp;&nbsp;En  Amnesty International, <em>Justicia e impunidad: la comisi&oacute;n para el esclarecimiento  hist&oacute;rico diez a&ntilde;os despu&eacute;s</em> (Amnesty International, 2009).  Disponible en <a href="http://www.amnesty.org/en/library/asset/AMR34/001/2009/en/0af3e340-f6b2-11dd-b29a-27125ba517bb/amr340012009spa.html" target="_blank">http://www.amnesty.org/en/library/asset/AMR34/001/2009/en/0af3e340-f6b2-11dd-b29a-27125ba517bb/amr340012009spa.html</a>.  Ver tambi&eacute;n E. Oglesby, <em>Problemas pol&iacute;ticos y metodol&oacute;gicos que ha implicado la incorporaci&oacute;n de la  Historia reciente en el Sistema Educativo Formal en Guatemala </em>(Guatemala: AVANCSO,  2008).Disponible en <a href="http://168.96.200.184:8080/avancso/avancso/taller8" target="_blank">http://168.96.200.184:8080/avancso/avancso/taller8</a>.</p>
<p>44.&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Caso  Tiu Toj&iacute;n vs. Guatemala </em>(2008) (Voto razonado concurrente del juez ad-hoc &aacute;lvaro Castellanos Howell,Corte  Interamericana de Derechos Humanos, 26 de noviembre, 2008). Disponible en  <a href="http://www.corteidh.or.cr/docs/casos/votos/vsc_castellanos_190_esp.doc" target="_blank">http://www.corteidh.or.cr/docs/casos/votos/vsc_castellanos_190_esp.doc</a>.  </p>
<p>45.&nbsp;&nbsp;&nbsp;Asociaci&oacute;n  de Investigaci&oacute;n y Estudios Sociales, <em>Construyendo la democracia en sociedades postconflicto: Un enfoque  comparado Guatemala y El Salvador</em> (Guatemala:  F&amp;G Editores, 2006). Disponible en <a href="http://www.asies.org.gt/FUNDAUNGO1.pdf" target="_blank">http://www.asies.org.gt/FUNDAUNGO1.pdf</a>. </p>
<p>46.&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fundaci&oacute;n Myrna Mack, <em>Guatemala</em><em>: el posconflicto imperfecto y las nuevas amenazas para la paz</em> (FMM, sin a&ntilde;o) Disponible en <a href="http://www.irenees.net/fr/fiches/analyse/fiche-analyse-774.html" target="_blank">http://www.irenees.net/fr/fiches/analyse/fiche-analyse-774.html</a>.</p>
<p>47.&nbsp;&nbsp;&nbsp;En  S. Navarro y P. P&eacute;rez, <em>Judicializaci&oacute;n de masacres en Guatemala: Estrategias  psico-jur&iacute;dicas en el contexto de exhumaciones </em>(2007).  Disponible en  <a href="http://www.iidh.ed.cr/BibliotecaWeb/Varios/Documentos/BD_316548997/Susana%20Navarro.doc" target="_blank">http://www.iidh.ed.cr/BibliotecaWeb/Varios/Documentos/BD_316548997/Susana%20Navarro.doc</a>;  tambi&eacute;n en Beristein (2001, ver nota 37).</p>
<p>48.&nbsp;&nbsp;&nbsp;En  junio del a&ntilde;o  2001, tres militares y un sacerdote fueron condenados por la muerte. El  tribunal calific&oacute; el crimen de ejecuci&oacute;n extrajudicial y consider&oacute; que el m&oacute;vil  era la venganza por la presentaci&oacute;n del  Informe del REMHI. Seg&uacute;n la sentencia, se encontr&oacute; culpable al capit&aacute;n Byron  Lima Oliva y al suboficial Obdulio Villanueva &mdash; miembros de la guardia  presidencial del entonces presidente &aacute;lvaro  Arz&uacute; &mdash; por haber alterado la escena del crimen,  ya que &eacute;stos se hicieron presentes en la casa parroquial luego del asesinato. Tambi&eacute;n  se encontr&oacute; culpable al coronel retirado Byron Lima Estrada, por haber vigilado  la operaci&oacute;n; y al sacerdote Mario Orantes, por haber prestado apoyo a los anteriores  y por no haber dado parte a las autoridades de inmediato. Inicialmente, los  militares fueron condenados a treinta a&ntilde;os de prisi&oacute;n como coautores y el  sacerdote a veinte a&ntilde;os, por complicidad, pero a trav&eacute;s de una apelaci&oacute;n se  redujo la condena de los militares a veinte a&ntilde;os, por consider&aacute;rseles solamente  c&oacute;mplices.  A m&aacute;s de 10 a&ntilde;os del asesinato de Monse&ntilde;or Gerardi, no se han identificado  los autores intelectuales ni materiales del  crimen, a pesar de que la investigaci&oacute;n contin&uacute;a abierta.</p>
<p>49.&nbsp;&nbsp;&nbsp;Asociaci&oacute;n  de Investigaci&oacute;n y Estudios Sociales (Ver nota 45) .</p>
<p>50.&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ib&iacute;d. </p>
<p><a name="refs6" id="refs6"></a>51.&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fundaci&oacute;n  Myrna Mack (ver nota 46).</p>
<p>52.&nbsp;&nbsp;&nbsp;P.  Farmer (ver nota 12); tambi&eacute;n en A. Yamin (ver nota <img src='http://hhrjournal.org/blog/wp-includes/images/smilies/icon_cool.gif' alt='8)' class='wp-smiley' /> y Serrano (ver nota 10).</p>
<p>53.&nbsp;&nbsp;&nbsp;E. Bustelo, &ldquo;Expansi&oacute;n de la  Ciudadan&iacute;a y Construcci&oacute;n Democr&aacute;tica&rdquo;, en E. Bustelo y A. Minujin (eds), <em>Todos Entran. Propuesta para Sociedades  Excluyentes </em>(Santa F&eacute; de Bogot&aacute;, Colombia: Editorial Santillana, 1998).</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Limitations on human rights in the context of drug-resistant tuberculosis: A reply to Boggio et al.</title>
		<link>http://hhrjournal.org/blog/perspectives/limitations-tb/</link>
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		<pubDate>Wed, 07 Oct 2009 13:27:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>hhrjournal</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Perspectives]]></category>

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		<description><![CDATA[
Joseph J. Amon, Fran&#231;oise Girard, and Salmaan Keshavjee 
[Editor's note: A PDF version of this article is available here.]
&#160;
Abstract
  Recent attention to multidrug-resistant and  extensively drug-resistant tuberculosis (MDR- and XDR-TB) has increased  discussion and debate over the extent to which limitations to human rights can  be justified in the name of [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a name='ext522'></a>
<p><em>Joseph J. Amon, Fran<em>&ccedil;</em>oise Girard, and Salmaan Keshavjee</em> </p>
<p>[Editor's note: A PDF version of this article is <a href="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2009/10/amon.pdf" target="_blank">available here</a>.]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Abstract</strong></p>
<p>  <em>Recent attention to multidrug-resistant and  extensively drug-resistant tuberculosis (MDR- and XDR-TB) has increased  discussion and debate over the extent to which limitations to human rights can  be justified in the name of public health. In their recent article &ldquo;Limitations  on human rights: Are they justifiable to reduce the burden of TB in the era of  MDR- and XDR-TB?&rdquo; Andrea Boggio et al. argue that involuntary treatment and  other compulsory measures for patients with tuberculosis (TB) can be justified  as a &ldquo;last resort&rdquo; under international human rights law, particularly the  Siracusa Principles. Although there is little international disagreement with  this position in theory, in practice TB policies that limit individual freedoms  and restrict rights are not always determined on an individual basis or as a  &ldquo;last resort.&rdquo; Particularly in the case of drug-resistant TB, some countries  have adopted rights-limiting measures before offering appropriate and proven  programmatic interventions that respect human rights. For example, the  implementation of compulsory isolation in South Africa, which is unnecessary  from a scientific standpoint and dangerous from a programmatic perspective,  fails to meet the protections envisioned under human rights law. By contrast,  programs in Lesotho and elsewhere have demonstrated that community-based  treatment models that respect rights can provide clinically effective and  cost-effective care. For this reason, we argue that the &ldquo;choice&rdquo; presented by  Boggio et al. between public health goals and human rights in the case of  drug-resistant TB is largely a false one. Although there may indeed be rare  cases in which restrictions on rights are necessary, greater emphasis must be  put on ensuring access to effective, sustainable, and rights-respecting  community-based treatment when responding to MDR- and XDR-TB. </em> </p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong> Introduction</strong></p>
<p> Concern over drug-resistant tuberculosis is justifiably increasing in  many parts of the world. The rise in the number of cases of multidrug-resistant  tuberculosis (MDR-TB) and the growing identification of extensively  drug-resistant tuberculosis (XDR-TB) in recent years have potentially  devastating public health consequences, particularly when coupled with  HIV/AIDS. MDR-TB, caused by TB strains resistant to two of the four key  first-line anti-TB drugs, isoniazid and rifampin, is estimated to infect at  least 500,000 additional people worldwide annually.[<a href="#refs1">1</a>] XDR-TB &mdash; a form  of MDR-TB that is also resistant to fluoroquinolones and at least one of the  second-line injectable anti-TB drugs &mdash; has been identified in all regions of  the world and among individuals never previously treated for TB.[<a href="#refs1">2</a>] </p>
<p>The  difficult treatment options, high reported mortality, and evidence of primary  transmission of drug-resistant TB have led to widespread fear, forcing  governments to act in response to sensationalistic press and to rely on  incomplete scientific understanding. Historically, in times of epidemic  disease, these elements &mdash; fear, ignorance, and infectious disease &mdash; have often  led to the imposition of blunt and drastic measures, including quarantine and  isolation, as government leaders have championed public health over liberty.[<a href="#refs1">3]</a>  However, although quarantine or isolation of those who are infected with a  deadly, contagious disease can be a legitimate public health approach under  certain circumstances, the efficacy of these strategies is often limited. Treatment  approaches that are respectful of human rights and that the World Health  Organization (WHO) has deemed the most effective are currently given short  shrift by some countries when choosing a course of action against  drug-resistant TB.[<a href="#refs1">4</a>] Arguably, in many cases the appearance of action is prioritized  over actual impact.[<a href="#refs1">5</a>] </p>
<p>In their  recent <em>Health and Human Rights</em> article Andrea Boggio et al., like others  previously, argue that  involuntary detention may legitimately be used in a limited number of cases  when patients infected with drug-resistant strains of TB refuse treatment; such  an argument is in accordance with the Siracusa Principles on the Limitation and  Derogation of Provisions in the International Covenant on Civil and Political  Rights.[<a href="#refs1">6</a>] In theory, few would disagree. In practice, however, some  countries have invoked sweeping rights-limiting policies that affect TB  patients who have not been offered the global standard of care. Such policies &mdash;  for example, adopted by some provinces in South Africa &mdash; need to be assessed  carefully to determine whether they in fact pass muster under international  law. </p>
<p>When it comes to restrictions on human rights in the name of public  health, the details matter enormously. Moreover, the very existence of  less-restrictive, proven, and internationally accepted treatment delivery  alternatives leads to a more fundamental, and perhaps controversial, question  not addressed by Boggio et al.: When should a tuberculosis program be able to  invoke rights-limiting measures as a &ldquo;last resort&rdquo; in order to protect the  public good? Drawing from the experience of community-based treatment of MDR-  and XDR-TB in Lesotho, we argue that treatment approaches that involve neither  coercion nor detention can be very successful in curing patients in addition to  being less costly to implement and administer.[<a href="#refs1">7</a>]&nbsp; </p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong> Requirements  for rights-limiting measures </strong></p>
<p> Boggio et  al. examine restrictions on human rights in the face of drug-resistant TB in  relation to criteria laid out by the Siracusa Principles, a non-binding  document adopted by the UN Economic and Social Council in 1984. The Siracusa  Principles are certainly a well-recognized source for examining the  justification of rights-limiting measures. The Human Rights Committee, the  expert body charged with examining state compliance with the International  Covenant on Civil and Political Rights, has since issued a General Comment on  derogations in states of emergency (General Comment 29) and another on freedom  of movement (General Comment 27), both of which support and further explicate  the Siracusa Principles.[<a href="#refs1">8</a>] </p>
<p>The  Siracusa Principles and the two general comments state that restrictions on  human rights in the name of public health or public emergency must meet  standards of legality, evidence-based necessity, proportionality, and  gradualism. The Siracusa Principles specifically state that restrictions must,  at a minimum, be:</p>
<ul>
<li>provided for and carried out in  accordance with the law;</li>
<li> directed toward a legitimate  objective of general interest;</li>
<li> strictly necessary in a  democratic society to achieve the objective;</li>
<li> the least intrusive and  restrictive available to reach the objective;</li>
<li>based on scientific evidence and  neither arbitrary nor discriminatory in application; and</li>
<li> of limited duration, respectful  of human dignity, and subject to review.[<a href="#refs1">9</a>] </li>
</ul>
<p>Restrictions  on rights in the case of public emergency must be subjected to a very high  degree of scrutiny. The state of emergency must be publicly proclaimed and  requires a threat &ldquo;to the existence of the nation,&rdquo; defined as affecting &ldquo;the  whole of the population.&rdquo; In contrast, restrictions for public health threats  can be applied when there is a &ldquo;serious threat to the health of the population  or individual members of the population.&rdquo;[<a href="#refs1">10</a>] However, in both cases,  any emergency measures restricting rights must be &ldquo;limited to the extent  strictly required by the exigencies of the situation,&rdquo; and restrictions  stemming from public health threats will be more limited than those allowed  during a public emergency.[<a href="#refs2">11</a>] In either case, the burden of  justifying rights limitations lies with the state; the Siracusa Principles also  state that &ldquo;[d]ue regard shall be had to the international health regulations  of the World Health Organization.&rdquo;[<a href="#refs2">12</a>]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong> Why  some national TB policies fail the Siracusa test: The case of South Africa</strong></p>
<p> The WHO has  estimated that there were 14,034 MDR-TB cases in South Africa in 2006,  accounting for 2.6% of all TB cases in the country.[<a href="#refs2">13</a>] The 2004&ndash;2007  routine laboratory data from South Africa (non-nationally representative)  reported 996 XDR-TB cases, equivalent to 5.7% of all MDR-TB cases tested.[<a href="#refs2">14</a>]  A 2006 study of TB prevalence in the South African province of KwaZulu-Natal  found that 33% of patients presenting with signs and symptoms of tuberculosis  had active culture-positive TB; of these, 39% were MDR-TB and 6% were XDR-TB  positive.[<a href="#refs2">15</a>] HIV is also highly prevalent in the country: 5.4 million  adults were estimated to be living with HIV in South Africa in 2007.[<a href="#refs2">16</a>]  Compounded, the two diseases have the potential to be extraordinarily deadly.  In one instance in Tugela Ferry, a town in KwaZulu-Natal, an XDR-TB outbreak in  HIV-positive patients killed 52 of 53 people infected.[<a href="#refs2">17</a>]</p>
<p>Under South  African law, authorities may detain an individual suffering from an infectious  disease until the disease ceases to present a public health risk; draft  government policy guidelines call for the isolation of all MDR- and XDR-TB  patients in a specialist facility for a minimum of six months.[<a href="#refs2">18</a>]  This authority has been used to isolate individuals with drug-resistant TB for  as long as two years, often in conditions closely resembling prisons.[<a href="#refs2">19</a>]  In other locations, XDR-TB patients are discharged after six months to &ldquo;make  room for new patients.&rdquo;[<a href="#refs2">20</a>] In both cases, no assessment of  infectiousness is made, and throughout their confinement, most patients do not  have access to many second-line drugs, resulting in almost universal mortality.[<a href="#refs3">21</a>]  In March 2009, the AIDS Law Project reported that approximately 1,700 people,  including children, were then detained in TB isolation facilities, many of them  in substandard conditions that violated South African constitutional rights and  national health legislation.[<a href="#refs3">22</a>]</p>
<p>  Paradoxically,  while patients are being diagnosed with drug-resistant tuberculosis (a process  that can take many weeks, during which time the patient is in the community and  infectious), they are typically not isolated immediately. This inconsistency is  largely a consequence of the long waiting lists at the facilities, often with  more than 70 prospective patients waiting for second-line inpatient therapy.[<a href="#refs3">23</a>]</p>
<p>Given this  state of affairs and the fact that patients are more likely to face death than  discharge, even those in favor of isolation for drug-resistant patients  acknowledge that convincing patients of the necessity of isolation is a tall  order.[<a href="#refs3">24</a>] Patients forcibly isolated in South African facilities miss  their families and fear for their families&rsquo; welfare, since they can no longer  provide for them. To add insult to injury, until February 2009 patients in  isolation routinely had their social assistance grants terminated for various  reasons, even though these grants often supported multiple family members.[<a href="#refs3">25</a>]  Not surprisingly, patients have repeatedly attempted to escape confinement.[<a href="#refs3">26</a>]</p>
<p>Does the South African approach to drug-resistant TB treatment pass the  test set out in international law, as laid out in the Siracusa Principles? We  don&rsquo;t think so. </p>
<p>First, with  respect to legality, the substantive and procedural safeguards prescribed as necessary  by the Siracusa Principles for such rights-limiting measures are lacking.  Although the government regulation creating the terms of involuntary  confinement very generally describes the circumstances under which a &ldquo;medical  officer&rdquo; may order involuntary confinement, routine procedural protections to  allow detained individuals legal representation, to challenge their detention  in the courts at regular intervals, and to ensure that the measures are carried  out safely and humanely, are omitted.[<a href="#refs3">27</a>] Health  care workers are in the position of making ad hoc decisions on patient  isolation without procedural or legal guidance.[<a href="#refs3">28</a>] Some  detainees have gone to court to mount challenges to their detention as  inconsistent with the rights granted by the South African Constitution, but  such challenges have proven so time-consuming as to be ineffective (two of an  original four patients in one such suit have died pending a final outcome).[<a href="#refs3">29</a>] No rapid  review procedure has been put in place, and the burden of challenging the  detention falls on the patient. International law requires that the review of  detention should be automatic, and the burden of proof in each hearing should  be on the authorities to justify the need for continuing detention.[<a href="#refs3">30</a>] TB-related  isolation provisions instituted in Europe have been criticized for failure to  comply with human rights requirements of due process.[<a href="#refs4">31</a>] Current  isolation of patients infected with drug-resistant tuberculosis in South Africa  deserves similar criticism.</p>
<p>Second,  from the perspective of evidence-based necessity, as Boggio et al. note,  limitations are only permissible if strictly necessary to achieve a given  objective.[<a href="#refs4">32</a>] Ambulatory and community-based treatment models for  MDR- and XDR-TB have been successfully implemented in a number of settings &mdash;  ranging from Lesotho to Latvia, Estonia, Georgia, Peru, the Philippines, Nepal,  and the Russian Federation &mdash; without having to resort to extraordinary measures  that infringe on a patient&rsquo;s human rights.[<a href="#refs4">33</a>] Since the patients  detained in South Africa are not generally refusing treatment and since  ambulatory or community-based treatment programs provide a viable alternative  to wholesale forced isolation, this forced isolation is not strictly necessary  to achieve public health goals. </p>
<p>Third,  health officials have deemed the design and implementation of the South African  program counter-productive to public health imperatives on a number of levels.  The head of the nongovernmental organization M&eacute;decins Sans Fronti&egrave;res (MSF) in  South Africa, Eric Goemaere, has deemed isolation generally to be &ldquo;not  effective and . . . unacceptable for patients.&rdquo;[<a href="#refs4">34</a>] Not only do public  health experts contend that incarcerating the sick discourages diagnosis, but  the current system creates the potential for widespread infection prior to  isolation since determining an individual&rsquo;s drug-resistant TB diagnosis can  take up to eight weeks (during which time no treatment measures are undertaken)  and the subsequent wait for an isolation ward bed can be four to six additional  weeks.[<a href="#refs4">35</a>] Public health experts note that holding MDR- and XDR-TB  patients in overcrowded hospitals with inadequate ventilation increases the  risk of nosocomial disease transmission and cross-infection.[<a href="#refs4">36</a>] Since  only patients who enter the public health system face the risk of  incarceration, those who turn to private sector providers for TB care are not  placed in isolation but are instead treated at home. This is a discriminatory  and arbitrary application of the restrictive measures, since the ability to pay  for health care is not a rational basis for deciding who should be deprived of  liberty and who should not.</p>
<p>Last, and  perhaps most importantly, the South African approach does not meet the  requirements of proportionality and gradualism. Although protecting the public  from drug-resistant TB is clearly a legitimate and important objective, freedom  of movement is also a fundamental individual right. Reliance on compulsory  detention, when less intrusive and less restrictive measures have proven  feasible and effective, is not consistent with human rights principles.</p>
<p>The  Siracusa Principles require countries to pay close attention to WHO  regulations; a close look at these regulations reveals that the actions taken  by South Africa are neither required nor strictly recommended by the WHO.  Although the WHO recommends that patients with XDR-TB be isolated from other  patients and individuals at risk until no longer infectious, this  recommendation does not mean that XDR-TB patients should be incarcerated.[<a href="#refs4">37</a>]  Options exist for patients to be kept at home, with proper infection control  measures in place. In fact, the WHO recognizes that managing drug-resistant TB  must be balanced with the patient&rsquo;s rights and dignity. Guided by international  human rights law and the Siracusa Principles, the WHO states that forcibly  isolating people with drug-resistant TB must be &ldquo;used only as the last possible  resort when all other means have failed, and only as a temporary measure.&rdquo;  Forced isolation must also only occur under transparent, accountable,  evidence-based conditions in which patients are provided with high-quality  care, are treated with respect, and are given adequate information on the  decision and their rights and responsibilities. Indeed, when isolation is found  to be necessary on a case-specific basis, it should only be implemented on a  clinically necessary basis and accompanied by patient-centered steps.[<a href="#refs4">38</a>] </p>
<p>The 2008 WHO guidelines for drug-resistant TB urge national TB control  programs to adopt and support community-based care in national plans, as this  can enable outpatient treatment of drug-resistant TB, reducing hospital costs  and freeing hospital beds for those who require inpatient care.[<a href="#refs4">39</a>]  The WHO has noted that &ldquo;[a]lthough early in the history of [drug-resistant] TB  treatment, strict hospitalization of patients was considered necessary,  community-based care provided by trained lay and community health workers can  achieve comparable results [to strict hospitalization] and, in theory, may  result in decreased nosocomial spread of the disease.&rdquo;[<a href="#refs4">40</a>] A recent  article by Sanjay Basu et al. in the <em>Proceedings of the National Academy of  Sciences</em> concurs, stating that &ldquo;under the public health conditions of many  South African communities . . . [i]ntensified community-based [XDR-TB] case  finding and therapy appears critical to curtailing transmission.&rdquo;[<a href="#refs5">41</a>]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong> Alternatives  to rights-limiting measures: The example of Lesotho</strong></p>
<p> The effectiveness of community-based models of MDR-TB and XDR-TB  treatment has been demonstrated in projects pioneered more than ten years ago  in Peru, the Philippines, and Siberia.[<a href="#refs5">42</a>] Most recently, Lesotho has  embarked on a similar effort; this effort provides a useful counterpoint to  South Africa&rsquo;s approach. </p>
<p>Lesotho  developed a model of community-based drug-resistant TB treatment under  particularly adverse epidemiologic and structural circumstances. As in South  Africa, drug-resistant TB and HIV are omnipresent in Lesotho.[<a href="#refs5">43</a>]  Lesotho has the fourth-highest TB rate in the world, with an adult HIV  prevalence rate of approximately 25% and a life expectancy of less than 35  years.[<a href="#refs5">44</a>] In some parts of the country, close to 90% of individuals  with TB are co-infected with HIV.[<a href="#refs5">45</a>] Circular migration to South  Africa for work, particularly in the mining industry, has likely contributed to  the spread of drug-resistant TB in Lesotho. Between 1992 and 1999, the rate of  TB infection in the population doubled, and the number of patients more than  doubled.[<a href="#refs5">46</a>] The WHO reports that 1.5% of the 14,529 people in the  country with TB have MDR-TB, although other sources have estimated this figure  as high as 10%.[<a href="#refs5">47</a>] In 2008, the first case of XDR-TB was officially  documented in Lesotho.[<a href="#refs5">48</a>]</p>
<p>Yet, despite the bleak picture painted by these numbers, drug-resistant  TB treatment in the community using outreach workers has had promising results  in terms of effectiveness, affordability, and sustainability.[<a href="#refs5">49</a>]  Since 1991, the government of Lesotho has been providing free treatment for TB  across the country by means of a DOTS (directly observed treatment,  short-course) strategy organized around home visits and educational meetings.[<a href="#refs5">50</a>]  Partners In Health (PIH) began working in Lesotho in 2006 at the invitation of  the Lesotho government , based on PIH&rsquo;s experience in providing clinical  support, health worker training, and medication for TB and HIV/AIDS treatment  in rural, hard-to-reach areas, and on PIH&rsquo;s particular knowledge of  drug-resistant TB. In 2007, responding to increasing numbers of MDR-TB cases  and high HIV/TB co-infection, PIH launched Lesotho&rsquo;s first treatment program  for MDR-TB.[<a href="#refs6">51</a>] </p>
<p>The Foundation for Innovative New Diagnostics, in partnership with PIH,  refurbished the national TB laboratory. Meanwhile, PIH converted a former  leprosy clinic in Lesotho&rsquo;s capital into a new MDR-TB hospital, offering  round-the-clock care to critically ill MDR-TB and MDR-TB/HIV patients.[<a href="#refs6">52</a>]  However, treatment is provided primarily at the community level by paid,  trained community health workers who visit patient homes twice daily to provide  medication, support, counseling of family members, and accompaniment of very ill  patients to hospitals. This is coupled with the training of &ldquo;expert patients&rdquo;  who act as role models for the success of community-based MDR-TB programs.[<a href="#refs6">53</a>]  In this model, hospitalization is used only for patients who require immediate,  acute clinical care, and hospitalization is followed by discharge upon  improvement or by clinical visits in the capital until patients have been  stabilized and can return to treatment within their own community. PIH now  offers community-based MDR-TB treatment to individuals all over the country,  including rural mountain areas.[<a href="#refs6">54</a>] </p>
<p>By July  2008, PIH Lesotho was treating 155 MDR-TB patients throughout the country, a  number projected to grow to 450 in 2009.[<a href="#refs6">55</a>] Early results indicate  the success of this program and its underlying model. The program boasts high  patient and staff retention: in September 2008, treatment adherence was  reported to be close to 100%.[<a href="#refs6">56</a>] The community treatment approach has  allowed many individuals to stay with their families and remain productive  members of the community.[<a href="#refs6">57</a>] </p>
<p>Researchers  in Lesotho have concluded that &ldquo;[b]y consciously enabling, educating, and  supporting patients, public health officials can assist individuals in choosing  to remain compliant, thus respecting both the individuals&rsquo; interest in  self-determination and the community&rsquo;s interest in protecting public health.&rdquo;[<a href="#refs6">58</a>]  Results in Peru, the Philippines, Russia, and elsewhere have been similar, as  long as treatment adherence support is provided to patients with drug-resistant  TB to allow them to make it through the long and difficult treatment.[<a href="#refs6">59</a>]  In a New York City outbreak of MDR-TB in the early 1990s, public health  officials similarly determined that the few &ldquo;non-adherent&rdquo; MDR-TB outpatients  could be offered monetary incentives, transportation vouchers, and housing for  the homeless to enable them to complete treatment, resulting in less than half  of non-adherent patients being detained.[<a href="#refs6">60</a>]&nbsp; </p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong> Conclusion</strong></p>
<p> The South  African Medical Research Council has argued that long-term isolation without  adequate safeguards could violate South African constitutional rights,  including the right to dignity and the right to freedom of movement.[<a href="#refs7">61</a>]  In March 2009, the AIDS Law Project, in a report on TB isolation in South  Africa, concluded that community-based treatment&nbsp; programs needed to be expanded alongside  reform of the isolation system.[<a href="#refs7">62</a>] Although the South African health  department&rsquo;s head of tuberculosis noted in 2007 that forced isolation was a  last resort, greater attention and resources need to be provided to ensure that  community-based treatment is a viable first resort.[<a href="#refs7">63</a>] Two pilot  programs in the country have seen community health workers dispensing daily  medication to MDR- and XDR-TB patients in a decentralized manner.[<a href="#refs7">64</a>] One of  these pilot programs, in KwaZulu Natal, treats 13 XDR- and 24 MDR-TB patients  in their homes; some of these patients had previously spent many months in  hospital isolation and were grateful to be able to remain at home. The study  is promising: it has so far shown very low rates of transmission.[<a href="#refs7">65</a>]  Furthermore, the costs of community-based treatment are much lower than  inpatient treatment in isolation hospitals. In this treatment trial, the cost  for treating one group of patients was $10,000/month compared with the  approximately $300,000/month that the same group would have cost in a Durban  isolation facility.[<a href="#refs7">66</a>] </p>
<p>Given the  early indications of success of Lesotho&rsquo;s community-based treatment program and  the documented evidence of successful community-based models in other urban and  rural settings, any assumption that isolation and other compulsory measures are  necessary and effective for the treatment of drug-resistant TB must be  reconsidered. Theories of public health and human rights must be informed by  practice. Boggio et al. fairly describe the relationship of rights and health  in theory and have attempted to provide a framework for any limitations of  human rights. However, a narrow reading of their argument, coupled with their  lack of explicit reference to what constitutes a &ldquo;last resort,&rdquo; risks absolving  nations and health programs of their responsibility to offer programmatic  solutions that uphold the rights of patients and affected communities before  turning to more coercive measures. </p>
<p>Successful  MDR- and XDR-TB treatment in Lesotho and elsewhere indicates that the bar for  limiting a patient&rsquo;s human rights must be set very high. Indeed, the so-called  opposition between public health and human rights proves to be a red herring:  public health goals of treating and preventing the transmission of TB and the  human rights interests of individuals can be reconciled in most cases of  drug-resistant TB. Only in exceptional cases, where patients resist treatment  after all feasible programmatic solutions have been exhausted, should detention  &mdash; with proper checks, balances, and safeguards &mdash; be considered. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Acknowledgments</strong></p>
<p> The authors  would like to thank Katherine Todrys for her editorial assistance.</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<p><strong>Joseph J. Amon</strong>, PhD, MSPH, is with the Health and  Human Rights Division, Human Rights Watch, New York, NY, USA. </p>
<p><strong>Fran<em>&ccedil;</em>oise  Girard</strong>, MA, LLB, is with the Public Health Program, Open Society  Institute, New York, NY, USA.</p>
<p><strong>Salmaan Keshavjee</strong>, MD, PhD, is with Harvard  Medical School, Partners in Health (PIH), and Brigham and Women&rsquo;s Hospital,  Boston, MA, USA.</p>
<p>Please address  correspondence to the authors c/o Joseph J. Amon, Health and Human Rights  Division, Human Rights Watch, 350 Fifth Avenue, 34th Floor, New York,  New York, USA 10118&ndash;3299, email: <a href="mailto:amonj@hrw.org">amonj@hrw.org</a>.</p>
<p><strong>Competing interests</strong>: Salmaan Keshavjee was the Deputy Country Director, PIH Lesotho, from  April 2006 to August 2008, and is Research Director, PIH Russia, a position he  has held since 2002. Open Society Institute has funded PIH programs on  tuberculosis in Lesotho and on human rights and drug-resistant tuberculosis  more broadly.</p>
<p>Copyright &copy; 2009 Amon, Girard, and Keshavjee. This is  an open access article distributed under the terms of the Creative Commons  Attribution Non-Commercial License  (<a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/3.0/" target="_blank">http://creativecommons.org/licenses/by-nc/3.0/</a>), which permits unrestricted  non-commercial use, distribution, and reproduction in any medium, provided the  original author and source are credited.</p>
<p><strong>This article may be cited as: </strong>Joseph J. Amon, Fran&ccedil;oise  Girard, and Salmaan Keshavjee, &ldquo;Limitations on human rights in the context of  drug-resistant tuberculosis: A reply to Boggio et al.,&rdquo; <em>Health and Human Rights: An International Journal</em> 11/1 (2009), Perspectives,  http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2009/10/amon.pdf.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><a name="refs1" id="refs1"></a>References </strong></p>
<p>1.&nbsp;&nbsp; World Health Organization, <em>Guidelines for the programmatic management of drug-resistant  tuberculosis: Emergency update 2008</em> (Geneva: WHO, 2008a), p.  xi. Available at  <a href="http://whqlibdoc.who.int/publications/2008/9789241547581_eng.pdf" target="_blank">http://whqlibdoc.who.int/publications/2008/9789241547581_eng.pdf</a>; World Health  Organization, <em>Global tuberculosis control: Surveillance, planning, financing</em> (Geneva: WHO, 2008b). Available at  <a href="http://www.who.int/tb/publications/global_report/2008/pdf/fullreport.pdf" target="_blank">http://www.who.int/tb/publications/global_report/2008/pdf/fullreport.pdf</a>.</p>
<p> 2.&nbsp;&nbsp; World Health Organization, <em>Tuberculosis:  XDR-TB: The facts</em> (November  2007). Available at <a href="http://www.who.int/tb/challenges/xdr/facts_nov2007_en.pdf" target="_blank">http://www.who.int/tb/challenges/xdr/facts_nov2007_en.pdf</a>;  World Health Organization (2008a, see note 1), p. xi. </p>
<p> 3.&nbsp;&nbsp; F. Batlan, &ldquo;Law in the time of cholera: Disease, state power, and  quarantines past and future,&rdquo; <em>Temple Law Review</em> 80 (2007), pp. 53&ndash;122; R.  J. Coker, &ldquo;The law, human rights, and the detention of individuals with  tuberculosis in England and Wales,&rdquo; <em>Journal of Public Health Medicine</em> 22 (2000), pp. 263&ndash;267.</p>
<p> 4.&nbsp;&nbsp; M. H. Levy, H. Reyes, and R. Coninx,  &ldquo;Overwhelming consumption in prisons: Human rights and tuberculosis control,&rdquo; <em>Health  and Human Rights: An International Journal</em> 4 (1999), pp. 166&ndash;191. </p>
<p> 5.&nbsp;&nbsp; For a discussion of the conditions under which isolation and  quarantine may be likely to control the spread of an infectious disease, see T.  Day, A. Park, N. Madras et al., &ldquo;When is quarantine a useful control strategy  for emerging infectious diseases?&rdquo; <em>American Journal of Epidemiology</em> 163  (2006), pp. 479&ndash;485. For consideration of the efficacy, or lack thereof, of  isolation and quarantine as a public health strategy, see Batlan (see note 3),  pp. 53, 59, and 64&ndash;65; L. Gostin, &ldquo;The politics of AIDS: Compulsory state  powers, public health, and civil liberties,&rdquo; <em>Ohio State Law Journa</em>l 49 (1989), pp. 1017&ndash;1058;  J. B. Nuzzo, D. A. Henderson, T. O&rsquo;Toole, and T. V. Inglesby, <em>Comments from the Center  for Biosecurity of UPMC on proposed revisions to 42 CFR 70 and 71 (quarantine  rules) 1&ndash;2</em> (2006); M. K. Wynia, &ldquo;Ethics and public health  emergencies: Restrictions on liberty,&rdquo; <em>The American Journal of Bioethics 7</em> (2007), pp. 1&ndash;5.</p>
<p> 6.&nbsp;&nbsp; A. Boggio, M. Zignol, E. Jaramillo et al.,  &ldquo;Limitations on human rights: Are they justifiable to reduce the burden of TB  in the era of MDR- and XDR-TB?&rdquo; <em>Health and Human Rights: An International  Journal 10</em> (2008), pp. 121&ndash;126.  Available at <a href="http://www.hhrjournal.org/index.php/hhr/article/view/85/158" target="_blank">http://www.hhrjournal.org/index.php/hhr/article/view/85/158</a>; J.A.  Singh, R. Upshur, and N. Padayatchi, &ldquo;XDR-TB in South Africa: No time for  denial or complacency,&rdquo; <em>PLoS Medicine 4</em> (2007), pp. 21&ndash;23. Available at  <a href="http://www.plosmedicine.org/article/info:doi/10.1371/journal.pmed.0040050" target="_blank">http://www.plosmedicine.org/article/info:doi/10.1371/journal.pmed.0040050</a>;  United Nations Economic and Social Council UN Sub-Commission on Prevention of  Discrimination and Protection of Minorities, The Siracusa Principles on the  Limitation and Derogation Provisions in the International Covenant on Civil and  Political Rights, U.N. Doc. E/CN.4/1985/4, Annex (1985). Available at  <a href="http://www.unhcr.org/refworld/docid/4672bc122.html" target="_blank">http://www.unhcr.org/refworld/docid/4672bc122.html</a>. </p>
<p> 7.&nbsp;&nbsp; Although countries can be faulted for not widely embracing these  alternative approaches, it should be noted that it was only in 2008 that a  section on community-based treatment for drug-resistant TB was included in the  WHO&rsquo;s <em>Guidelines for the  Programmatic Management of Drug-Resistant Tuberculosis. World Health  Organization</em> (2008a, see note 1), sec.  12. See also, T. E. Tupasi, R. Gupta, M. I. Quelapio et al., &ldquo;Feasibility and  cost-effectiveness of treating multidrug-resistant tuberculosis: a cohort study  in the Philippines,&rdquo; <em>PLoS Medicine </em>3/9 (2006), p. e352.  Available at <a href="http://www.plosmedicine.org/article/info:doi/10.1371/journal.pmed.0030352" target="_blank">http://www.plosmedicine.org/article/info:doi/10.1371/journal.pmed.0030352</a>.</p>
<p> 8.&nbsp;&nbsp; International Covenant on Civil and Political Rights, General  Comment No. 29, States of Emergency (Article 4). UN Doc. No.  CCPR/C/21/Rev.1/Add.11 (2001). Available at  <a href="http://www.unhchr.ch/tbs/doc.nsf/(Symbol)/71eba4be3974b4f7c1256ae200517361" target="_blank">http://www.unhchr.ch/tbs/doc.nsf/(Symbol)/71eba4be3974b4f7c1256ae200517361</a>; and  International Covenant on Civil and Political Rights, General Comment No. 27,  Freedom of movement (Art.12). UN Doc. No. CCPR/C/21/Rev.1/Add.9 (1999).  Available at <a href="http://www.unhchr.ch/tbs/doc.nsf/(Symbol)/6c76e1b8ee1710e380256824005a10a9" target="_blank">http://www.unhchr.ch/tbs/doc.nsf/(Symbol)/6c76e1b8ee1710e380256824005a10a9</a>.</p>
<p> 9.&nbsp;&nbsp; The Siracusa Principles (see note 6); A. Kiss, &ldquo;Commentary by the  Rapporteur on the Limitation Provisions,&rdquo; <em>Human Rights Quarterly</em> 7 (1985), pp. 15&ndash;22.</p>
<p> 10.&nbsp;&nbsp; The Siracusa Principles (see note 6), para. 25.</p>
<p> <a name="refs2" id="refs2"></a>11.&nbsp;&nbsp; Ibid., para. 39; International Covenant on Civil and Political  Rights, G.A. Res. 2200A (XXI) (1966), Art. 4. Available at  <a href="http://www2.ohchr.org/english/law/ccpr.htm" target="_blank">http://www2.ohchr.org/english/law/ccpr.htm</a>; Human Rights Committee, General  Comment No. 29 (2001). Available at  <a href="http://www1.umn.edu/humanrts/gencomm/hrc29.html" target="_blank">http://www1.umn.edu/humanrts/gencomm/hrc29.html</a>.</p>
<p> 12.&nbsp;&nbsp; The Siracusa Principles (see note 6), paras. 12 and 26.</p>
<p> 13.&nbsp;&nbsp; World Health Organization (2008a, see note 1), p. 51; World Health  Organization/International Union Against Tuberculosis and Lung Disease  (WHO/UNION) Global Project on Anti-Tuberculosis Drug Resistance 2002&ndash;2007, <em>Anti-tuberculosis drug  resistance in the world: Report no. 4</em> (Geneva: WHO, 2008), p.  142. Available at <a href="http://whqlibdoc.who.int/hq/2008/WHO_HTM_TB_2008.394_eng.pdf" target="_blank">http://whqlibdoc.who.int/hq/2008/WHO_HTM_TB_2008.394_eng.pdf</a>.</p>
<p> 14.&nbsp;&nbsp; WHO/UNION Global Project on Anti-Tuberculosis Drug Resistance 2002&ndash;2007  (see note 13), p. 50.</p>
<p> 15.&nbsp;&nbsp; N. R. Gandhi, A. Moll, A. W. Sturm et al., &ldquo;Extensively  drug-resistant tuberculosis as a cause of death in patients co-infected with  tuberculosis and HIV in a rural area of South Africa,&rdquo; <em>Lancet</em> 368 (2006), pp. 1575&ndash;1580.</p>
<p> 16.&nbsp;&nbsp; World Health Organization, Joint United Nations Programme on  HIV/AIDS, and UNICEF, <em>Epidemiological fact sheet on HIV and AIDS: Core data on  epidemiology and response: South Africa</em> (September 2008), pp. 4  and 11. Available at <a href="http://www.who.int/globalatlas/predefinedReports/EFS2008/full/EFS2008_ZA.pdf" target="_blank">http://www.who.int/globalatlas/predefinedReports/EFS2008/full/EFS2008_ZA.pdf</a>.</p>
<p> 17.&nbsp;&nbsp; L. K. Altman, &ldquo;Rise of a deadly TB reveals a global system in  crisis,&rdquo; <em>New  York Times</em> (March 20, 2007); D. Masie, &ldquo;Tuberculosis: Sick  of loneliness,&rdquo; <em>Financial Mail</em> (South Africa) (April 11,  2008).</p>
<p> 18.&nbsp;&nbsp; Republic of South Africa, <em>National Health Act, No. 61 of 2003</em> (2004), sec. 7; Republic of South Africa, <em>Regulations Relating to  Communicable Diseases and the Notification of Notifiable Medical Conditions,  Government Notice No. R2438 </em>(October 30, 1987). Available  at: <a href="http://www.doh.gov.za/docs/regulations/1987/reg2438.html" target="_blank">http://www.doh.gov.za/docs/regulations/1987/reg2438.html</a>; &ldquo;South Africa:  XDR-TB: Is forced isolation the cure?&rdquo; <em>IRIN News</em> (January 14, 2009). See  also, AIDS Law Project, <em>Human rights in the response to TB in South Africa: State and  individual responsibilities</em> (2009, in press), citing  Republic of South Africa, <em>Draft Policy Guidelines</em>, sec. 7.2.</p>
<p> 19.&nbsp;&nbsp; Masie (see note 17).</p>
<p> 20.&nbsp;&nbsp; C. W. Dugger, &ldquo;TB patients chafe under lockdown in South Africa,&rdquo; <em>New York Times</em> (March 25, 2008).</p>
<p> <a name="refs3" id="refs3"></a>21.&nbsp;&nbsp; J. Andrews, S. Basu, D. Scales et al., &ldquo;XDR-TB in South Africa:  Theory and practice,&rdquo; <em>PLoS Medicine</em> 4 (2007): pp. 770&ndash;771.  Available at  <a href="http://www.plosmedicine.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pmed.0040163" target="_blank">http://www.plosmedicine.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pmed.0040163</a>.</p>
<p> 22.&nbsp;&nbsp; AIDS Law Project (see note 18), p. 1.</p>
<p> 23.&nbsp;&nbsp; Two new rapid diagnostic tests for MDR-TB were piloted in South  Africa in April 2007; these tests have the ability to decrease diagnosis time  from more than two months to only two days. J. Wise, &ldquo;Fast action urged to halt  deadly TB,&rdquo; <em>Bulletin of the World Health Organization</em> 85 (2007), pp. 328&ndash;329; AIDS Law Project (see note 18), p. 12;  Andrews (see note 21).</p>
<p> 24.&nbsp;&nbsp; R. Sakoane, &ldquo;XDR-TB in South Africa: Back to TB sanatoria perhaps?&rdquo; <em>PLoS Medicine</em> 4 (2007), p. 770. Available at  <a href="http://www.pubmedcentral.nih.gov/articlerender.fcgi?artid=1876418" target="_blank">http://www.pubmedcentral.nih.gov/articlerender.fcgi?artid=1876418</a>.</p>
<p> 25.&nbsp;&nbsp; AIDS Law Project (see note 18).</p>
<p> 26.&nbsp;&nbsp; Dugger (see note 20); &ldquo;South Africa: XDR-TB: Is forced isolation the  cure?&rdquo; (see note 18); J. De Capua, &ldquo;Quarantined South Africa TB patients flee  hospital,&rdquo; <em>Voice  of America</em> (March 27, 2008); Masie (see note 17); A.  Baleta, &ldquo;Forced isolation of tuberculosis patients in South Africa,&rdquo; <em>The Lancet Infectious  Diseases</em> 7 (2007), p. 771.</p>
<p> 27.&nbsp;&nbsp; <em>Regulations Relating to Communicable Diseases and the Notification  of Notifiable Medical Conditions</em> (see note 18).</p>
<p> 28.&nbsp;&nbsp; AIDS Law Project (see note 18), p. 23.</p>
<p> 29.&nbsp;&nbsp; Section 35(2) of the South African Constitution provides minimal  requirements for persons detained without their consent and grants the right to  challenge his or her detention. . Although the National Department of Health  bears the responsibility of informing the patient of his or her rights and  providing a legal practitioner at state expense, in reality patients who have  challenged their isolation have not been adequately so provided. AIDS Law  Project (see note 18), p. 28; &ldquo;TB &lsquo;detention&rsquo; case awaits decision,&rdquo; <em>The Cape Argus</em> (June 4, 2008), p. 3.</p>
<p> 30.&nbsp;&nbsp; International Covenant on Civil and Political Rights, Article 4 (see  note 11). African Charter on Human and Peoples&rsquo; Rights, OAU Doc. No.  CAB/LEG/67/3 rev. 5 (1981), reprinted in <em>International Legal Materials</em> 21  (1982), p. 58. Available at <a href="http://www1.umn.edu/humanrts/instree/z1afchar.htm" target="_blank">http://www1.umn.edu/humanrts/instree/z1afchar.htm</a>.</p>
<p> <a name="refs4" id="refs4"></a>31.&nbsp;&nbsp; British detention provisions have been criticized on the grounds  that they may be exercised by a justice of the police acting <em>ex parte</em>, that the power to detain may not be time limited, that the  detention may result in an unnecessary deprivation of liberty, and that these  provisions may breach the right to private and family life. A. Harris and R.  Martin, &ldquo;The exercise of public health powers in an era of human rights: The  particular problems of tuberculosis,&rdquo; <em>Public Health</em> 188 (2004), pp. 313&ndash;322. .  Furthermore, the laws designed to enable the detention of individuals with  tuberculosis who pose a threat to public health (in that instance in England  and Wales) may not hold up upon scrutiny under the European Convention on Human  Rights because the duration of detention was arbitrary, those ordered to be  confined did not have adequate time to prepare a defense, detainees had no automatic  right to legal representation, and detainees had no automatic right to appeal  under the statute. Coker (see note 3), p. 266.</p>
<p> 32.&nbsp;&nbsp; Boggio et al. (see note 6), pp. 3&ndash;4.</p>
<p> 33.&nbsp;&nbsp; S. Keshavjee, I. Gelmanova, A. Pasechnikov et al., &ldquo;Treating  multi-drug resistant tuberculosis in Tomsk, Russia: Developing programs that  address the linkage between poverty and disease,&rdquo; <em>Annals of the New York Academy of Sciences</em> (2007a); S. Keshavjee, K. Seung, H. Satti et al., &ldquo;Building  capacity for multidrug-resistant tuberculosis treatment: Health systems  strengthening in Lesotho,&rdquo; <em>Innovations</em> 2/4 (2007b), pp. 87&ndash;106;  V. Leimane, V. Riekstina, T. H. Holtz et al., &ldquo;Clinical outcome of  individualised treatment of multidrug-resistant tuberculosis in Latvia: A  retrospective cohort study,&rdquo; <em>Lancet</em> 365/9456 (2005), pp.  318&ndash;326; S. S. Shin, A. D. Pasechnikov, I. Y. Gelmanova et al., &ldquo;Treatment  outcomes in an integrated civilian and prison MDR-TB treatment program in  Russia,&rdquo; <em>International  Journal of Tuberculosis and Lung Disease</em> 10/4 (2006), pp. 402&ndash;408;  C. D. Mitnick, S. S. Shin, K. J. Seung et al., &ldquo;Comprehensive treatment of  extensively drug-resistant tuberculosis,&rdquo; <em>New England Journal of Medicine</em> 359/6  (2008), pp. 563&ndash;574; S. Keshavjee, I. Y. Gelmanova, P. E. Farmer et al.,  &ldquo;Treatment of extensively drug-resistant tuberculosis in Tomsk, Russia: A  retrospective cohort study,&rdquo; <em>Lancet</em> 372/9647 (2008), pp.  1403&ndash;1409.</p>
<p> 34.&nbsp;&nbsp; &ldquo;South Africa: XDR-TB: Is forced isolation the cure?&rdquo; (see note 18).</p>
<p> 35.&nbsp;&nbsp; Dugger (see note 20); &ldquo;South Africa: XDR-TB: Is forced isolation the  cure?&rdquo; (see note 18); R. Koenig, &ldquo;In South Africa, XDR TB and HIV prove a  deadly combination,&rdquo; <em>Science</em> 319 (2008), pp. 894&ndash;897.</p>
<p> 36.&nbsp;&nbsp; Dugger (see note 20); S. Basu, G. H. Friedland, J. Medlock et al.,  &ldquo;Averting epidemics of extensively drug-resistant tuberculosis,&rdquo; <em>Proceedings of the National  Academy of Sciences</em> 106/18 (2009), pp.  7672&ndash;7677; I. Y. Gelmanova, S. Keshavjee, V. T. Golubchikova et al., &ldquo;Barriers  to successful tuberculosis treatment in Tomsk, Russia; non-adherence, default,  and the acquisition of multi-drug resistance,&rdquo; <em>Bulletin of the World Health Organization </em>85/9 (2007), pp. 703&ndash;711.</p>
<p> 37.&nbsp;&nbsp; World Health Organization (2008a, see note  1), p. xv. </p>
<p> 38.&nbsp;&nbsp; Ibid., p. 169.</p>
<p> 39.&nbsp;&nbsp; Ibid., pp. xv, 120, and 126.</p>
<p> 40.&nbsp;&nbsp; Ibid.,  p. 121.</p>
<p> <a name="refs5" id="refs5"></a>41.&nbsp;&nbsp; Basu et al. (see note 36), p. 1.</p>
<p> 42.&nbsp;&nbsp; Keshavjee et al. (2007b, see note 33); T. Tupasi et al. (see note  7); S. Shin, J. Furin, J. Bayona et al., &ldquo;Community-based treatment of  multidrug-resistant tuberculosis in Lima, Peru: 7 years of experience,&rdquo; <em>Social Science &amp; Medicine</em> 59 (2004), pp. 1529&ndash;1539; C. Mitnick, J. Bayona, E. Palacios et  al., &ldquo;Community-based treatment for multidrug-resistant tuberculosis in Lima,  Peru,&rdquo; <em>New  England Journal of Medicine</em> 248/2 (2003), pp. 119&ndash;128.</p>
<p> 43.&nbsp;&nbsp; J. J. Furin, J. Rigodon, C. Cancedda et al., &ldquo;Improved case  detection of active tuberculosis associated with an antiretroviral treatment  program in Lesotho,&rdquo; <em>The International Journal of Tuberculosis and Lung Disease</em> 11 (2007), pp. 1154&ndash;1156.</p>
<p> 44.&nbsp;&nbsp; Partners in Health, <em>Lesotho</em>. Available at <a href="http://www.pih.org/where/Lesotho/Lesotho.html" target="_blank">http://www.pih.org/where/Lesotho/Lesotho.html</a>.</p>
<p> 45.&nbsp;&nbsp; M. Jassal and W. R. Bishai, &ldquo;Extensively drug-resistant  tuberculosis,&rdquo; <em>Lancet Infectious Diseases</em> 9 (2009), pp. 19&ndash;30.</p>
<p> 46.&nbsp;&nbsp; L. J. George, &ldquo;Self-determination and compliance in directly  observed therapy of tuberculosis treatment in the Kingdom of Lesotho,&rdquo; <em>Social Work in Health Care</em> 46 (2008), pp. 81&ndash;99.</p>
<p> 47.&nbsp;&nbsp; WHO/UNION Global Project on Anti-Tuberculosis Drug Resistance  2002&ndash;2007 (see note 13), p. 141; H. Satti, K. Seung, S. Keshavjee, and J. J.  Furin, &ldquo;Extensively drug-resistant tuberculosis, Lesotho,&rdquo; <em>Emerging Infectious  Diseases</em> 14 (2008), pp. 992&ndash;993.</p>
<p> 48.&nbsp;&nbsp; Satti et al. (see note 47), p. 992.</p>
<p> 49.&nbsp;&nbsp; Partners in Health (see note 44); Keshavjee et al. (2007b, see note  33).</p>
<p> 50.&nbsp;&nbsp; Global Fund Unit, Ministry of Health and Social Welfare, <em>Lesotho Global Fund Support  TB Annual Progress Report: January 2004&ndash;December 2004</em> (April 2005); Ministry of Health and Social Welfare, The Kingdom  of Lesotho, <em>Five-Year Strategic Plan for DOTS Expansion in Lesotho </em>(June 2003), pp. 5&ndash;6.</p>
<p> <a name="refs6" id="refs6"></a>51.&nbsp;&nbsp; Partners in Health (see note 44); Satti et al. (see note 47);  Keshavjee et al. (2007b, see note 33).</p>
<p> 52.&nbsp;&nbsp; Partners in Health (see note 44); Keshavjee et al. (2007b, see note  33).</p>
<p> 53.&nbsp;&nbsp; S. Richards, <em>A Year of Accomplishments for Lesotho&rsquo;s National Multidrug-Resistant  TB Program </em>(July 2008). Available at  <a href="http://www.pih.org/inforesources/news/Lesotho_MDR-TB_program_anniversary.html" target="_blank">http://www.pih.org/inforesources/news/Lesotho_MDR-TB_program_anniversary.html</a>.</p>
<p> 54.&nbsp;&nbsp; Partners in Health (see note 44); Keshavjee et al. (2007b, see note  33).</p>
<p> 55.&nbsp;&nbsp; Richards (see note 53).</p>
<p> 56.&nbsp;&nbsp; Telephone interview of Salmaan Keshavjee by Fran&ccedil;oise Girard  (September 23, 2008).</p>
<p> 57.&nbsp;&nbsp; Richards (see note 53).</p>
<p> 58.&nbsp;&nbsp; George (see note 46), p. 97.</p>
<p> 59.&nbsp;&nbsp; Keshavjee et al. (2007a, see note 33).</p>
<p> 60.&nbsp;&nbsp; Andrews et al. (see note 21), p. 771. For a discussion of the laws  in effect related to tuberculosis control in New York during this period and  the requirements for such laws under American constitutional law, see R. G.  Reilly, &ldquo;Combating the tuberculosis epidemic: The legality of coercive  treatment measures,&rdquo; <em>Columbia Journal of Law and Social Problems</em> 27 (1993&ndash;1994), pp. 101&ndash;150.</p>
<p> <a name="refs7" id="refs7"></a>61.&nbsp;&nbsp; Baleta (see note 26), p. 771.</p>
<p> 62.&nbsp;&nbsp; AIDS Law Project (see note 18), p. 2.</p>
<p> 63.&nbsp;&nbsp; Baleta (see note 26), p. 771. Some organizations, such as&nbsp; M&eacute;decins Sans Fronti&egrave;res, have instead called  for decentralization of drug-resistant TB programs in South Africa, through  leaving patients in their home environments or providing isolation close to  patients&rsquo; homes. &ldquo;South Africa: XDR-TB: Is forced isolation the cure?&rdquo; (see  note 18).</p>
<p> 64.&nbsp;&nbsp; AIDS Law Project (see note 18), pp. 16&ndash;19.</p>
<p> 65.&nbsp;&nbsp; E. C. Shelburne, &ldquo;South Africa Battles Deadly New Tuberculosis,&rdquo;  <em>GlobalPost.com</em> (January 13, 2009).</p>
<p> 66.&nbsp;&nbsp; Ibid.</p>
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		</item>
		<item>
		<title>¿Deliberación democrática o mercadeo social? Los dilemas de la definición pública en salud en el contexto del seguimiento de la Sentencia T–760 de 2008</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Aug 2009 21:53:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>hhrjournal</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Perspectives]]></category>

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		<description><![CDATA[In July 2008, the Colombian Constitutional Court (the Court) issued a decision in which it called upon the Colombian government to adopt a series of measures to progressively realize the right to health. The decision called for a significant restructuring of the country’s health system, in part as a response to the tens of thousands of cases that had flooded the courts in recent years with complaints regarding the system.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a name='ext478'></a><em>Camila Gianella-Malca, Oscar Parra-Vera, Alicia Ely Yamin, y Mauricio Torres-Tovar </em></p>
<p>[Editor's note: A PDF version of this article is <a href="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2009/08/gianella-malca.pdf" target="_blank">available here</a>.]</p>
<p><strong>Executive Summary [English]</strong></p>
<p><strong>Democratic deliberation or social marketing? The dilemmas of a public  definition of health in the context of the implementation of Judgment T–760/08</strong></p>
<p>In July 2008, the Colombian Constitutional Court  (the Court) issued a decision in which it called upon the Colombian government  to adopt a series of measures to progressively realize the right to health. The  decision called for a significant restructuring of the country’s health system,  in part as a response to the tens of thousands of cases that had flooded the  courts in recent years with complaints regarding the system.</p>
<p>For many years, the  Court had demonstrated that social rights, including the right to health, are  indeed susceptible to judicial enforcement under certain circumstances. In T–760/08  (hereafter referred to as T–760), the Court reiterated this jurisprudence but  also affirmed more forcefully that the right to health is itself an  enforceable, fundamental right under the Colombian Constitution, which the  Court interpreted in light of international human rights law. The Court  clarified that progressive realization calls for the development of public  policies, together with evidence of implementation, and processes for public  participation that permit the greatest possible degree of accountability.</p>
<p>In T–760, the Court  analyzed the implications of recognizing the right to health as a fundamental  right. Although the Court did not declare the health system to be in an  “unconstitutional state of affairs,” as many activists and analysts had  recommended, it did issue a series of far-reaching orders. The judgment ordered  the benefit plans for the contributory and subsidized insurance regimes to be  comprehensively updated and unified, initially for children (by October 1,  2009) and later for adults, in the latter case progressively and taking into  account financial sustainability, as well as the epidemiological profile of the  population. The Court also called upon the government to guarantee timely and  adequate funding of services and treatments, to take measures to reduce  recourse to litigation, and to adopt deliberate steps to progressively realize  universal coverage by January 2010. The Court further called for adequate  information regarding the institutional performance of different insurance  companies.</p>
<p>The decision emphasized that the reform and updating of the benefits  plans (Plan Obligatorio de Salud, or POS)  were to include the direct and effective participation of the scientific  community and users of the health system, in particular those who would be most  affected by policy changes. The Court underscored that the process of creating,  implementing, and evaluating public policies should include democratic  participation and that processes that do not create opportunities for democratic  participation across these different stages and those that do not take into  account public opinion are unacceptable. Further, according to the Court,  participation should create an environment of trust and security, facilitating  public engagement and thereby the implementation of new public policies.</p>
<p>Based on official  reports from the Colombian Ministry of Social Protection (MSP), materials  produced by a wide range of civil society organizations and extensive  interviews with key informants, this article describes the implementation  process of the T–760/08 decision one year after the judgment, focusing on the  updating and unification of the benefits plans. In particular, the article examines the degree of compliance  with five specific orders of the Court relating to direct citizen participation  in the process to define those plans (orders 17, 20, 21, 22, and 28).</p>
<p>After detailing what participation has consisted of with respect to each  of the Court’s orders and the processes created by the MSP, the article  concludes that although references have been made to the importance of human  rights and, in turn, of participation with a human rights framework, the MSP  has not achieved a truly participatory process.</p>
<p>The article highlights deficiencies with  respect to the following:</p>
<ul type="disc">
<li>access to information about fora for       participation, including lack of internet access among almost half the       population;</li>
<li>access to public consultations organized       by the MSP;</li>
<li>access to information about the       principles and methodology that are being used to guide the reforms;</li>
<li>basic transparency in the process,       including the fact that since March the government has stated that “it is       not possible to unify the two regimes at an equal level” as it would imply       an expense of 6 trillion Colombian pesos — if this decision has already       been made, can it really be modified through citizen participation?</li>
<li>access to information regarding the results of the citizen       consultations;</li>
<li>access to mechanisms for the review or appeal of decisions and for       accountability; and</li>
<li>access to       information about investigations launched into insurance companies and       mechanisms for accountability.</li>
</ul>
<p>On August 2, 2009, Diego Palacio, the Minister of Social Protection,  suggested on a national television program that carrying out a genuinely  participatory process in relation to the reforms would require 15 to 20 months  and that any deficiencies in the process of participation resulted from the  timeline established by the Court. What he failed to mention was that at no  time had the Government sought an extension of the timelines from the Court  based on the urgency of a robust democratic participation, despite that option  being available.</p>
<p>In the end, many of the failings in the process of implementation of T–760  are attributable to two contrasting visions of health systems. The MSP has  promoted a narrow understanding of participation based on a model of consumers  in a market, where health care is just another product. On the other hand, the  Court envisioned a much broader notion of a health system as a fundamental  social institution, decisions about which relate to basic questions about what  people owe each other in a democratic society.</p>
<p>Consequently, there is now a serious risk that the Colombian public will  not support the reforms and that, as a result, the financial sustainability of  the entire health system may be in jeopardy. That is, if the Colombian public  does not understand the criteria used to include and exclude certain treatments  in the new POS, and if the  criteria for these decisions are not clear, people may very well continue to  seek redress in massive numbers through court orders (<em>tutelas</em>), as the only mechanism through which to defend their right  to health. It is therefore essential that the Court itself intensifies its  scrutiny of the implementation of its own orders under T–760 and its scrutiny  of the degree to which the participation it envisioned has been met.</p>
<p>This article is  forthcoming in <em>Cuadernos del Doctorado </em>10  (2009), in the series published by the interfaculty group in public health (Doctorado  Interfacultades en Salud Publica) at  the Universidad Nacional de Colombia. Advance publication here is with the  permission of the Cuadernos del Doctorado de la Universidad Nacional de  Colombia.</p>
<hr />
<p><strong>Abstracto</strong></p>
<p><em>El presente artículo es un ejercicio de seguimiento a una decisión  jurídica en materia de garantía del derecho a la salud, hecha por la Corte Constitucional  de Colombia a través de la Sentencia T–760 de julio de 2008, la cual estableció  un conjunto de órdenes al Ministerio de la Protección Social.  Este análisis se centra en 5 de las órdenes impartidas por la Corte Constitucional  (números 17, 20, 21, 22, y 28) que implican participación directa de la sociedad  civil. Para describir el nivel de cumplimiento el análisis tomó en cuenta el  cronograma establecido por la sentencia T–760. El ejercicio de seguimiento se  apoyó en documentos producidos por el Ministerio de la Protección Social,  informes realizados por organizaciones de la sociedad civil y por la Defensoría del Pueblo y  entrevistas a actores clave. Para describir el nivel de cumplimiento, el  análisis tomará en cuenta el cronograma establecido en la sentencia T–760.</em></p>
<p><strong>Antecedentes</strong></p>
<p>En Julio  del 2008 la Corte   Constitucional de Colombia profirió la sentencia T–760 en la que se ordena al Gobierno adoptar  una serie de medidas para el cumplimiento progresivo del derecho a la salud.</p>
<p>Esta  sentencia constituye un hecho jurídico de gran valor, pues reconoce de manera  explícita la salud como un derecho humano fundamental en Colombia y evidencia  problemas críticos para su garantía producto de un conjunto de barreras  existentes en el Sistema de Seguridad Social en Salud, que tienen como  expresión máxima una gran cantidad de interposición de acciones de Tutelas en  salud.</p>
<p>Durante  muchos años, diversos críticos han señalado que el derecho a la salud, así como  los demás derechos sociales, no son derechos fundamentales susceptibles de  protección judicial a través de la tutela. Desde sus primera sentencias la Corte hizo caso omiso de  estas críticas y protegió este derecho, en términos generales: (i) frente a  prestaciones no incluidas en el POS, a partir del criterio de conexidad del  derecho a la salud con otros derechos fundamentales, particularmente con la  vida y la integridad personal, (ii) respecto a grupos de especial protección  (adultos mayores, niños, personas con VIH, etc) y (iii) en relación con  prestaciones incluidas en el POS y demás prestaciones traducibles en derechos  subjetivos según la legislación nacional y el bloque de constitucionalidad.</p>
<p>La  sentencia T–760 reitera los precedentes que ya habían reconocido el derecho a  la salud como directamente fundamental respecto a esas garantías subjetivas  derivadas de la legislación y del bloque de constitucionalidad. Además, complementa  este enfoque con el entendimiento del derecho a la salud como derecho  fundamental en el derecho internacional de los derechos humanos,  particularmente en las Observaciones Generales del Comité de Derechos  Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas.[<a href="#refs1" target="_self">1</a>]</p>
<p>Asimismo, la T–760  reitera jurisprudencia reciente según la cual no es necesario utilizar un  criterio de conexidad para que sea procedente el amparo. La sentencia enfatiza  en la noción de mínimo vital manejada por la Corte. Según esta noción la salud no solamente tiene el carácter de fundamental en los casos en  los que “se relaciona de manera directa y grave con el derecho a la vida”,  “sino también en aquellas situaciones en las cuales se afecte de manera directa  y grave el mínimo vital necesario para el desempeño físico y social en  condiciones normales”. Es decir, el grado de salud que puede ser reclamado por  toda persona de forma inmediata al Estado, es la protección de “<em>un mínimo  vital, por fuera del cual, el deterioro orgánico impide una vida normal</em>”. La Corte reconoce que las consideraciones en torno a  mínimo vital y vida digna permitieron entender que prestaciones no incluidas en  el POS hacían parte del núcleo esencial del derecho.</p>
<p>Al respecto, la T–760 intenta armonizar dos estándares de  protección judicial del derecho a la salud: la evaluación de restricciones a  partir de un juicio de proporcionalidad y la protección del núcleo esencial del  derecho. La Corte  resalta que “reconocer la fundamentalidad de un derecho no implica, necesariamente,  que todos los aspectos cobijados por éste son tutelables” toda vez que “los  derechos constitucionales no son absolutos, es decir, puede ser limitados de  conformidad con los criterios de razonabilidad y proporcionalidad que ha fijado  la jurisprudencia constitucional”. La constitucionalidad de esas restricciones  deben ser analizadas a través de un juicio de proporcionalidad que analice  hasta que punto las medidas de restricción son idóneas para alcanzar un fin  constitucional admisible sin sacrificar excesivamente otros bienes  constitucionales. De otra parte, la sentencia alude a un núcleo esencial que  debe ser garantizado a todas las personas. Si bien es cierto que en la doctrina  se discute los alcances de esta noción, lo cierto es que la Corte reafirma la tesis  según la cuál existen unos mínimos en salud que no pueden ser restringidos por  una regla de mayoría en el Congreso o bajo alegatos de escasez de recursos. La  discusión sobre un nuevo Plan Obligatorio de Salud (POS) involucra un debate en  torno a esos mínimos, así como del concepto de la progresividad del derecho a  la salud y de todos los derechos sociales.</p>
<p>Además, la jurisprudencia efectúa  precisiones muy importantes respecto a las dimensiones prestacionales del  derecho a la salud, clarificando las obligaciones con efecto inmediato y las  obligaciones de cumplimiento progresivo pertinentes. La T–760 resalta que es un  “error categorial” hablar de “derechos prestacionales” toda vez que todos los  derechos tienen facetas prestacionales y facetas no prestacionales”. Se indica  que algunas obligaciones asociadas a estas facetas prestacionales son de  cumplimiento inmediato “bien sea porque se trata de una acción simple del  Estado, que no requiere mayores recursos (por ejemplo, la obligación de  suministrar la información de cuáles son sus derechos a los pacientes, antes de  ser sometidos a un tratamiento médico)” o “porque a pesar de la movilización de  recursos que la labor implica, la gravedad y urgencia del asunto demandan una  acción estatal inmediata (por ejemplo, la obligación de adoptar las medidas  adecuadas y necesarias para garantizar la atención en salud de todo bebé  durante su primer año de vida –art. 50, CP–)”.</p>
<p>Otras de  las obligaciones de carácter prestacional derivadas de un derecho fundamental  son de cumplimiento <em>progresivo</em>, por la complejidad de las acciones y los  recursos que se requieren para garantizar efectivamente el goce efectivo de  estas facetas de protección de un derecho. Sin embargo, se reitera el  precedente establecido en la sentencia T–595 de 2002, según el cual “el que una  prestación amparada por un derecho sea de carácter programático no quiere decir  que no sea exigible o que eternamente pueda incumplirse”. Al respecto, se precisa que la faceta prestacional y progresiva  de un derecho constitucional permite a su titular exigir judicialmente, por lo  menos tres asuntos:</p>
<ul>
<li>La  existencia de una política pública;</li>
<li>Que no sea simbólica o meramente  formal, lo cual quiere decir que esté claramente orientada a garantizar el goce efectivo del derecho.  Este punto es importante porque “se viola la Constitución cuando  existe un plan o un programa, pero se constata que (i) “<em>sólo está escrito </em>y  no haya sido iniciada su ejecución” o (ii) “que así se esté implementando, sea  evidentemente <em>inane</em>, bien sea porque no es sensible a los verdaderos  problemas y necesidades de los titulares del derecho en cuestión, o porque su  ejecución se ha diferido indefinidamente, o durante un período de tiempo irrazo­nable”;  y</li>
<li>Que  contemple mecanismos de participación de los interesados que impulsen la mayor  rendición de cuentas posible. Al respecto, la jurisprudencia ha considerado  inaceptable constitucionalmente que exista un plan (i) ‘<em>que</em> <em>no abra  espacios de participación para las diferentes etapas del plan</em>’, o (ii) ‘<em>que  sí brinde espacios, pero éstos sean inocuos y sólo prevean una participación  intrascendente</em>.’</li>
</ul>
<p>Asimismo, la Corte ha aclarado que la  progresividad de los derechos sociales, incluyendo el derecho a la salud,  implica que no puede haber medidas regresivas en cuanto a prestaciones.</p>
<p>La posición  de la Corte sobre  la naturaleza jurídica del derecho a la salud es pues de vital importancia para  impulsar su exigibilidad. De una parte, la Corte armoniza criterios que en determinados  momentos habían generado contradicciones o confusiones entre diversos fallos, y  por otra enfatiza elementos que permiten un control judicial de la política  pública, con énfasis en la rendición de cuentas.</p>
<p><em>Las órdenes de la  Sentencia T–760</em></p>
<p>En la Sentencia T–760, la Corte analizó las implicaciones que se derivan de  reconocer el derecho a la salud como un derecho humano fundamental, en especial  en lo que respecta a las fallas en la regulación de su sistema de protección.  En ese marco, la sentencia fijó un conjunto de órdenes y un calendario  para su cumplimiento entre el 2008 y el 2010 en aspectos relacionados con:</p>
<ul type="disc">
<li>La reforma, actualización,       adaptación y unificación de los Planes de Beneficios de Salud – POS. En el caso del los planes de beneficios       para los niños y las niñas la unificación deberá hacerse a octubre 1 de       2009.</li>
<li>Garantizar el financiamiento       oportuno y adecuado de actividades para garantizar el cumplimiento       progresivo del derecho a la salud a junio 30 de 2009.</li>
<li>Adopción de medidas dirigidas a       alcanzar de forma progresiva la cobertura universal a enero de 2010.</li>
<li>Transparencia en la       determinación del contenido de los Planes de Beneficios de Salud — POS, así como información respecto al       desempeño institucional de las empresas aseguradoras que permitan mantener       informados a los usuarios, a junio 1 de 2009.</li>
</ul>
<p>La decisión establece que el proceso  de revisión y actualización de los POS  (Contributivo y Subsidiado) debe garantizar la participación directa y efectiva  de la comunidad científica y los usuarios de los servicios de salud, especialmente  de aquellos que se verían afectados por los cambios en la política. Para la Corte Constitucional,  el proceso de elaboración, implementación y evaluación de políticas públicas  debe permitir la participación democrática. Los procesos que no crean oportunidades  de participación en sus diferentes etapas o que crean opciones intrascendentes  (opiniones que no son tomadas en cuenta por los que hacen las políticas) son  inaceptables. La participación debe además crear un ambiente de confianza y  seguridad, facilitando el compromiso público, y como consecuencia la  implementación de las nuevas políticas y programas.</p>
<p>Un año  después de la Sentencia T–760–2008, es necesario realizar una evaluación de su  proceso de implementación, así como describir el grado de cumplimiento de las órdenes por parte de las autoridades, esto con el fin de  detectar fortalezas y debilidades en el proceso, que puedan afectar la  implementación de lo establecido por la Corte Constitucional.</p>
<p><strong>Metodología</strong></p>
<p>Como ya se ha mencionado, el presente  artículo se centra en el análisis de 5 de las órdenes (17, 20, 21, 22, y 28)  que implican participación directa de la sociedad civil:</p>
<ul type="disc">
<li>Orden decimoséptima (17):       Actualización del Plan Obligatorio de Salud;</li>
<li>Orden vigésima (20): medidas adoptadas para identificar       las Entidades Promotoras de Salud y las Instituciones Prestadoras de       Servicios que con mayor frecuencia se niegan a autorizar oportunamente       servicios de salud incluidos en el POS       o que se requieran con necesidad;</li>
<li>Orden vigésima primera (21):       Unificación de los planes de beneficios para niños y niñas;</li>
<li>Orden Vigésima segunda (22): Unificación       de planes de beneficios;</li>
<li>Orden vigésimo octava (28): adopción de       medidas necesarias para asegurar que al momento de afiliarse a una EPS       contributiva o subsidiada, le entreguen a toda persona, en términos       sencillos y accesibles, la siguiente información: (i) Una carta con los       derechos del paciente, (ii) Una carta de desempeño.</li>
</ul>
<p>Dado que alguna de las órdenes están  relacionadas con asuntos similares, para facilitar la lectura de resultados,  éstas han sido clasificadas en dos grupos:</p>
<ul type="disc">
<li>órdenes referentes a       actualización, adaptación y unificación de los Planes de Beneficios: órdenes       17, 21, y 22</li>
<li>órdenes referidas al control de       compañías de seguros y derechos de los usuarios: órdenes 20 y 28</li>
</ul>
<p>El análisis está basado en  documentos producidos y distribuidos por el Ministerio de Protección Social,  informes realizados por organizaciones de la sociedad civil, informe hecho por la Defensoría del Pueblo y  entrevistas a actores clave. Para describir el nivel de cumplimiento, el  análisis tomará en cuenta el cronograma establecido en la sentencia T–760.</p>
<p><strong>Resultados</strong></p>
<p>En relación  a los aspectos referidos al ajuste del POS y al control a las aseguradoras y  los derechos de los usuarios, las indagaciones nos permitieron encontrar los  siguientes hallazgos.</p>
<p><em>Actualización, adaptación y unificación de los  Planes de Beneficios </em></p>
<p>Las tres  órdenes analizadas en este componente fueron las 17, 21, y 22.</p>
<p>El 30 de Junio del 2009  el Ministerio de la Protección   Social envió a la Corte Constitucional  dos documentos referentes a las órdenes decimoséptima y vigésima segunda. Los  documentos describen un Plan General para la unificación integral y  actualización del Plan de Beneficios — POS.  De acuerdo con estos documentos, el proceso involucrará una metodología técnica  única basada en los objetivos de salud, grupos poblacionales y tomará en cuenta  las fuentes de financiamiento actuales.[<a href="#refs1" target="_self">2</a>]</p>
<p>Para la  actualización del POS, el Gobierno  propone hacerlo a través de dos procesos. El primer proceso pretende clarificar  aspectos sobre la tecnología incluida en el POS,  que se identifican como potenciales desviadores de gastos en salud, por cambios  en su frecuencia de uso o costo. Complementario a este proceso el Gobierno  propone la creación de una unidad técnica (nacional o regional) que debería  trabajar como una entidad de resolución de conflictos independiente pero  complementario a la actualización regular y sistemática de los contenidos del POS. La unidad técnica debería ser el canal por el  cual los ciudadanos presenten sus dudas sobre el proceso, ó para que pidan la  revisión de decisiones de inclusión o exclusión realizadas por el POS.</p>
<p>De acuerdo  al cronograma incluido en el documento, hacia mediados del primer semestre del  2009, esta unidad técnica se debió implementar con el apoyo de cooperación  internacional (National Institute for Health and Clinical  Excellence — NICE y Norman Daniels de la Universidad de Harvard).  Al momento de realizar este análisis no se pudo encontrar información sobre  este punto pues no existe información al respecto en las páginas web del POS ni del Ministerio de la Protección Social.</p>
<p>Sobre la Unificación del Plan  de Beneficios – POS, el Gobierno  propone un proceso con etapas diferenciadas. La primera etapa será de  elaboración de “Guías Clínicas” (en base a los principios mencionados antes) y  luego, después de la definición de los objetivos del nuevo POS, se definirán los grupos poblacionales,  prioridades de intervención (grupos de problemas e intervenciones). De acuerdo  a esta propuesta, el ajuste de prioridades estará basado en un proceso  deliberativo dividido en etapas con participación representativa y calificada.  Sin embargo, no se especifica los criterios de inclusión o selección de los  participantes en los procesos deliberativos, ni cómo se van a incluir las  opiniones o resolver los conflictos entre las diferentes posiciones que se  podrían presentar. Es decir, no se establecen de manera clara y transparente  las “reglas del juego,” ni se abre la posibilidad para discutir sobre éstas.</p>
<p>La  propuesta del Ministerio de Protección Social señala además la importancia de  desarrollar estrategias de comunicación y participación, para apoyar el  proceso, y que permitan la participación de grupos más amplio de actores  (diferentes a lo usual) y darle legitimidad al proceso. El documento elaborado  con las <em>estrategias de participación y comunicación </em>describe algunas  actividades planificadas pero no existe información de cómo serán  desarrolladas, ni cómo serán incluidos los aportes que se den en estos espacios  en el proceso.</p>
<p>El medio  principal para la estrategia de comunicación y participación es el Internet.[<a href="#refs1" target="_self">3</a>]  Para las autoridades la elección de este medio se justifica en que de acuerdo a  la Comisión  de Regulación de Telecomunicaciones de Colombia, a marzo del 2009, se estima  que un 40.52% de la población colombiana cuenta con servicio de acceso fijo a  Internet. Sin embargo, de acuerdo a los datos de esta misma organización, la  distribución de acceso no es homogénea en todo el país, Bogotá, Medellín y Cali  concentran el 54.31% de los suscriptores de acceso dedicado.[<a href="#refs1" target="_self">4</a>] Lo que  no incluye la propuesta es cómo se va a llegar a más de la mitad de la  población colombiana que no cuenta con Internet, y qué estrategias se van a  desarrollar en las zonas en las que el acceso es más limitado.</p>
<p>Pese a  estas graves limitaciones en el acceso de Internet en el país, el Ministerio de  la Protección Social  ha impulsado procesos como el de “Consulta Ciudadana Virtual” a través de Internet.[<a href="#refs1" target="_self">5</a>]  Esta consulta tiene como objetivo lograr que el Plan Obligatorio de Salud se  construya entre “todos los colombianos”. Sin embargo, el mecanismo muestra  algunas de las debilidades de los procesos participativos implementados desde  el Ministerio de la Protección  que no están logrando responder a los criterios establecidos por la Corte sobre la participación  ciudadana.</p>
<p align="center"><a href="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2009/08/malca-table.jpg" target="_blank"><img src="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2009/08/malca-table.jpg" alt="" width="462" height="631" /></a></p>
<p>Desde un  marco de derechos humanos, el sistema de salud es definido no meramente como un  prestador de bienes y servicios, sino como una institución social fundamental, así  como el sistema de justicia. Como tal puede promover o ayudar a mantener las  inequidades en una sociedad, ó a generar más equidad y espacios democráticos. En  este sentido, la Sentencia T–760 al señalar la necesidad de que su  implementación considere la participación de la ciudadanía, abría la  posibilidad de crear un proceso deliberativo democrático, en el que la sociedad  colombiana pudiera discutir sobre qué tipo de sociedad se quiere y como estos  ideales se reflejan en el sistema de salud. Este tipo de procesos van más allá  de la consulta sobre la inclusión de algunos servicios y medicamentos (como lo  que se presenta en la “Consulta Ciudadana Virtual”), pues permiten discutir  sobre las bases del sistema.</p>
<p>En cuanto  al acceso a la información, no toda la información es accesible para toda la  población. Algunos documentos sobre reuniones de expertos, e información  relativa a experiencias internacionales que se han discutido para desarrollar  el nuevo POS, son publicados en la página Web oficial en inglés y  sin traducción al español.[<a href="#refs1" target="_self">6</a>]</p>
<p>Con  relación al nivel de información de las organizaciones de la sociedad civil  sobre el proceso, en marzo del 2009 los miembros de algunas organizaciones de  la sociedad civil entrevistados (sindicatos, ONG que trabajan en derecho a la  salud, miembros de la academia), no tenían información sobre la página web del POS, sobre los documentos oficiales con la  propuesta para la unificación integral de los planes de beneficios (presentado  el 30 de enero), ni acerca de las estrategias de participación y comunicación.  Algunas de estas organizaciones se mostraron interesadas en participar  activamente en el monitoreo de la implementación de la sentencia, pero no  sabían como hacerlo.</p>
<p>Esta falta  de información es también consecuencia del escepticismo sobre la sentencia de  la Corte. Para algunas organizaciones de la sociedad civil, el Sistema de Salud  Colombiano necesita una reforma profunda, un nuevo modelo y la sentencia T–760  de alguna manera apoya el actual modelo, debido a que reclama cambios al  interior de éste, pero no declara el estado de cosas inconstitucional en salud,  como había sido sugerido en un informe reciente elaborado por la Procuraduría General  de la Nación y  el Centro de Estudios de Derechos, Justicia y Sociedad — DeJusticia.[<a href="#refs1" target="_self">7</a>]</p>
<p>Además, es  necesario tener en cuenta la complejidad del contexto colombiano. Desde hace  varios años, dirigentes de sindicatos de trabajadores de salud, así como líderes  comunales están bajo amenaza y sufren de acoso, ataques y muertes de varios de  ellos.[<a href="#refs1" target="_self">8</a>] Algunos de estos dirigentes lucharon por los derechos de  trabajadores que fueron despedidos después de la reforma del sector salud, o en  contra de procesos de liquidación agresivos de los servicios públicos de salud.  La reforma implementada mediante la   Ley 100 incluyó mecanismos de participación y canales para la  revisión de la decisión muy débiles con poca posibilidad de incidencia real  desde los sectores sociales, creando desconfianza entre los actores y la  polarización de los diferentes sectores. Es mas, según Thomas Bossert y otros  expertos internacionales, las anteriores reformas al sistema de salud en  Colombia se han caracterizado por ser controlados por “equipos de tecnócratas”.</p>
<p>Sin embargo, como ya ha sido  mencionado, existen algunas organizaciones interesadas en monitorear y  participar en el proceso de la implementación de la sentencia, muchas de las  cuales no han sido tomadas en cuenta por las autoridades. Un ejemplo de esto es  la consulta “presencial de usuarios” organizada por el Ministerio de la Protección Social  el 23 de julio de   2009, a la que fueron convocadas 67 organizaciones de usuarios y de pacientes. La  reunión de un día de duración, contó tan sólo con la participación de 25  personas de diferentes asociaciones de usuarios y de organizaciones privadas de  pacientes (tres de estas de fuera de Bogotá).[<a href="#refs1" target="_self">9</a>]</p>
<p>Al indagar con participantes a esta  reunión, mencionaron que a la reunión fueron invitadas principalmente personas  de las Asociaciones de Usuarios de Enfermedades de Alto Costo. La participación  fue escasa y contó con sólo un participante en representación del régimen  subsidiado. Sobre la metodología de trabajo (consulta), expresaron que esta se  centro en contestar el cuestionario elaborado por la CRES y el Ministerio de la Protección Social,  dando poco tiempo para opinar y participar críticamente. Para las personas  entrevistadas, a la reunión no se invitó a muchas asociaciones principalmente  las más representativas.[<a href="#refs1" target="_self">10</a>]</p>
<p>No queda claro el criterio de selección de  las organizaciones, sin embargo resulta preocupante que organizaciones interesadas, que han  participado en foros de discusión sobre la implementación de la Sentencia no recibieron información  o invitación para participar en esta consulta, lo que constituye una barrera  real para su participación en este proceso.[<a href="#refs2" target="_self">11</a>]</p>
<p>Para la  elaboración de la   Evaluación Económica y de los Componentes para las Prácticas  Clínicas de la Guía   Clínica, el Gobierno llamó a un proceso de consulta. Este fue  publicitado en la página Web del POS, y brindó la oportunidad a  gente interesada en enviar comentarios y sugerencias a una dirección  electrónica.[<a href="#refs2" target="_self">12</a>] Aun cuando este proceso de consulta fue abierto, durante las  entrevistas realizadas a fines de marzo del 2009 a representantes de  organizaciones de la sociedad civil, instituciones de investigación y academia,  ninguno de los entrevistados mencionó este proceso de consulta. Cuando les  preguntamos sobre qué había sido implementado por el Ministerio de la Protección Social  para promover la participación de un número más amplio de actores clave, la  respuesta fue “nada” o “nosotros no tenemos información”.</p>
<p><em>Control de compañías  de seguros y derechos de los usuarios</em></p>
<p>Las dos órdenes analizadas en este  punto fueron la vigésima y vigésima octava.</p>
<p>De acuerdo  a los informes preparados por el miembro del comité de la sociedad civil a  cargo de la supervisión de la implementación de la decisión [<a href="#refs2" target="_self">13</a>] (Así  Vamos en Salud) [<a href="#refs2" target="_parent">14</a>] y la   Defensoría del Pueblo, aún cuando el Gobierno (a través del  Ministerio de la   Protección Social y la Superintendencia Nacional  de Salud) cumplió con enviar un reporte con información sobre las EPS que con  mayor frecuencia rechazan proveer servicios de salud incluidos en el POS; las  dos instituciones a cargo no lograron preparar un informe que consolide la  información, los resultados de los informes difieren (las EPS identificadas no  son las mismas), y el informe carece de precisión acerca de los datos  reportados, así como información sobre cómo se hace el seguimiento de las  sanciones impuestas.</p>
<p>Con  relación a la orden vigésimo octava, el Ministerio de la Protección Social  elaboró la Resolución  1817 de 2009 la cual define los lineamientos de la <em>Carta</em><em> de Derechos de los Afiliados y de los  Pacientes en el Sistema de Seguridad Social en Salud y de la Carta de Desempeño de las  entidades promotoras de salud en los regímenes contributivo y subsidiado</em>. El  informe enviado a la   Corte Constitucional el 1 de junio de 2009 incluye estos textos,  pero no señala si desde el Ministerio se han implementando acciones para  garantizar que los documentos sean efectivamente entregados a los usuarios, y  si el contenido de estos es completo, pertinente, confiable y comprensible, lo  cual ha sido señalado por la   Corte, en sus autos de seguimiento. Para la Corte si bien la elaboración  de los lineamientos es un paso importante, no garantiza que se respete el  derecho a acceso a la información de los usuarios.</p>
<p><strong>Conclusiones</strong></p>
<p>Quizás el  más importante impacto que ha tenido la sentencia T–760 de 2008 ha sido el de motivar nuevamente  la discusión sobre el derecho a la salud y el sistema de salud en Colombia. Por  ejemplo en junio del 2009, la Comisión Séptima del Senado de la República organizó el  Foro “FOSYGA: La Hora  de las Cuentas Claras”.[<a href="#refs2" target="_self">15</a>] Así mismo, algunos congresistas han  utilizado la sentencia como referencia para impulsar control político al Ministerio de la Protección Social  y la Superintendencia  de Salud  como en el caso del Foro “La Sentencia T 760 y el  Futuro de la Salud  en Colombia”, organizado el 18 de mayo de 2009 por el Senador Jorge Enrique Robledo.[<a href="#refs2" target="_self">16</a>] Desde  la sociedad civil, el gremio de las empresas aseguradoras ha organizado algunos  seminarios para discutir la sentencia, [<a href="#refs2" target="_self">17</a>] y las organizaciones de la  sociedad civil, las universidades y usuarios han organizado algunas mesas de  discusión.[<a href="#refs2" target="_self">18</a>]</p>
<p>Pese a  estas iniciativas, no se puede decir que el proceso de toma de decisiones para  la elaboración del nuevo POS ha respetado lo establecido por la Corte sobre la participación  ciudadana.</p>
<p>Desde un  marco de Derechos Humanos como en el que se enmarca la Sentencia T–760 la  participación debe incluir: (i) mecanismos institucionales para asegurar que la  población pueda participar, (ii) construcción y fortalecimiento de capacidades  para la participación, (iii) mecanismos de participación en las diferentes  etapas del proceso (desde la elaboración de la agenda hasta la elaboración de  las herramientas de monitoreo y evaluación), (iv) mecanismos de rendición de  cuentas y revisión.[<a href="#refs2" target="_self">19</a>]</p>
<p>Desde  esta perspectiva, la participación es más que una herramienta de consulta  utilizada para explorar las necesidades y opiniones de la población, la  participación es un mecanismo de construcción colectiva, una herramienta  democrática que permite a las sociedades debatir sobre sus valores, estructuras  y hacia dónde se quieren dirigir.[<a href="#refs2" target="_self">20</a>]</p>
<p>En el  caso del proceso de implementación de la Sentencia T–760, si bien esta hace  referencia a la importancia de los derechos humanos y señala ciertos principios  para asegurar que en su implementación se garantice la participación de  diferentes sectores de la sociedad (comunidad científica, organizaciones de  usuarios, grupos vulnerables), el proceso de implementación dirigido por el  Ministerio de la Protección   Social no ha logrado crear un verdadero proceso  participativo, lo cual vulnera el derecho a la participación señalado en la  Sentencia T–760, y pone en riesgo la legitimidad de los resultados del proceso,  así como el apoyo de parte de la sociedad a la reforma.</p>
<p>El tipo de mecanismos de consulta que ha propuesto el Ministerio de la Protección Social  para este proceso, profundiza la manera como en el marco de la Ley 100 se desarrolla la participación  ciudadana, entendida fundamentalmente como participación individual de usuarios,  clientes, consumidores de servicios de salud y no de ciudadanos titulares del  derecho a la salud. La opinión de esos “clientes” tiene más peso que la  deliberación colectiva y critica que hace la ciudadanía a través de diversas formas  organizativas.</p>
<p>Como ya  ha sido señalado, existen problemas con relación al:</p>
<ul type="disc">
<li>Acceso a la       información sobre espacios de participación.</li>
<li>Acceso a los       procesos de consulta impulsados desde el Ministerio de la Protección       Social.</li>
<li>Acceso a la       información sobre los principios, metodología que se está siguiendo para       la implementación de la reforma.</li>
<li>Transparencia       sobre el proceso. Desde marzo se habla que “no es posible igualar los       POS”, que esto significaría una gasto de 6 billones de pesos colombianos. Si       esto ya era una decisión tomada, ¿pueden realmente los ciudadanos modificar       esta decisión?</li>
<li>Acceso a información sobre los alcances de       las consultas ciudadanas.</li>
<li>Acceso a mecanismos para la revisión de       las decisiones y rendición de cuentas.</li>
</ul>
<p>Además, si bien se han impulsado  algunas investigaciones contra algunas EPS, no es todavía claro el resultado de  las mismas.[<a href="#refs3" target="_self">21</a>] En términos generales, el Estado  Colombiano no ha logrado crear mecanismos de vigilancia y control que  aseguraren que las empresas proveedoras de servicios de salud cumplan con  respetar los derechos de los usuarios.</p>
<p>Las iniciativas promovidas desde el  Ministerio de la Protección   Social se basan en la confianza de que los usuarios como  consumidores tienen el poder para regular a los proveedores, y de esta manera  asegurar la calidad de los servicios. Sin embargo, este modelo de “mercado de  salud” fue criticado hasta por los expertos internacionales consultados por el  Gobierno colombiano para apoyar el proceso de reforma del POS porque no toma en  consideración que la salud no es como otros bienes que se pueden ofrecer en el  mercado, ni el contexto en el que se da la relación entre el proveedor de los  servicios de salud y los usuarios, en el que el proveedor suele tener el poder  del conocimiento, y por ello mayor poder en la toma de decisiones. [<a href="#refs3" target="_self">22</a>]</p>
<p>En el fondo, las fallas en el  proceso de participación reflejan el desencuentro entre el concepto de sistema  de salud promovido desde el Ministerio de la Protección Social,  que se concentra en la relación individual/privada entre un proveedor y un  cliente, y la postura que presenta la   Corte en la   Sentencia que concibe al sistema de salud como una  institución social, que implica que las decisiones que se toman sobre el  sistema de salud, no se refieren únicamente a relaciones individuales proveedor  – usuario/consumidor, sino más bien al desarrollo de políticas públicas que  afectan a la sociedad en su conjunto.</p>
<p>Es decir,  del concepto de la salud como un producto del mercado surge una “participación”  que funciona mas como una especie de mercadeo social y menos como una  herramienta de construir <em>ciudadanías</em>.  Proceso que a su vez profundiza la manera como en Colombia se han venido  tomando las decisiones en salud, que dan el mayor peso a las opiniones y  orientaciones tecnocráticas, de expertos nacionales e internacionales; marginando  la opinión y la posibilidad de incidencia de la ciudadanía tanto individual  como colectiva. Hecho que se profundiza con la puesta en operación de la Comisión Reguladora  de Salud — CRES, instancia soportada en cinco técnicos, y la debilitación del  Consejo Nacional de Seguridad Social en Salud.</p>
<p>Por otro lado, resulta preocupante  la falta de capacidad autocrítica por parte de las autoridades de salud sobre  la falta de planificación del proceso participativo. El 2 de agosto del 2009, en una  entrevista televisiva, el Ministro de la Protección Social señaló que el  cronograma establecido por la   Corte no permite un proceso participativo, lo cual va en  contra de las indicaciones dadas por los expertos internacionales invitados por  el Gobierno colombiano que recomiendan un proceso participativo, y que para  lograr esto se requiere entre 15 y 20 meses.[<a href="#refs3" target="_self">23</a>] Sin embargo, lo que le falto indicar al Ministro fue que la idea del  proceso participativo esta como un pre requisito en la Sentencia T–760, que  esta no es una “creación” de los expertos internacionales; y que si bien el  Gobierno solicitó a la Corte  en enero del 2009 una prorroga para la implementación de la Sentencia, esta solicitud  no señalaba la necesidad de contar con mayor tiempo para garantizar la  participación de la ciudadanía en el proceso de reforma del POS.</p>
<p>El objetivo de la Sentencia T–760 de  2008 es el de proteger el derecho a la salud en Colombia, a través de la  implementación de reformas del sistema de salud. Esto debería traer como  consecuencia directa la disminución de las tutelas, proteger la sostenibilidad  del sistema de salud colombiano y cumplir con el precepto de progresividad del  derecho a la salud. Lamentablemente la falta de transparencia y limitaciones  para el acceso a la información y participación le quitan legitimidad al  proceso. Estas condiciones no han ayudado a crear un ambiente de confianza, por  el contrario, ponen en riesgo el apoyo de la ciudadanía a la reforma, y con ello  la sostenibilidad del sistema de salud colombiano, pues si las y los colombians  no comprenden cuáles han sido los principios y criterios utilizados para  incluir o excluir ciertos tratamientos en el nuevo POS, y si no quedan claros  los mecanismos para su revisión y actualización, no se puede descartar que  sigan acudiendo a la tutela como su única herramienta para defender su derecho  a la salud. El hecho de que sea una discusión sobre lo mínimo que debe  garantizarse en salud exige que la participación sea la más cualificada  posible. Esperamos que, en atención a todo lo expuesto, la Corte Constitucional  desarrolle el control judicial más estricto sobre la forma como se está  desarrollando la participación en esta materia.</p>
<hr />
<p><strong>Camila Gianella-Malca</strong>, MSc, es estudiante de Doctorado en el CMI  Noruega.</p>
<p><strong>Oscar Parra-Vera</strong> es abogado de la Corte Interamericana de Derechos  Humanos. Las opiniones del autor son de su exclusiva responsabilidad y no  reflejan necesariamente el parecer de la Corte Interamericana de Derechos  Humanos ni de su Secretaría.</p>
<p><strong>Alicia Ely Yamin</strong>, JD, MPH,  es becaria del Joseph H. Flom Global Health and Human Rights en la Escuela de  Derecho de Harvard. Asesora especial de Amnistía Internacional para la campaña  global sobre la pobreza y los derechos sociales, Exige Dignidad.</p>
<p><strong>Mauricio Torres-Tovar </strong>es médico, miembro del Movimiento Nacional por la  Salud y la Seguridad Social de Colombia y coordinador  para la Región Andina de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social —  ALAMES.</p>
<p><strong>Competing interests: </strong>None declared.</p>
<p>Copyright ©  2009 Gianella-Malca, Parra-Vera, Yamin, and Torres-Tovar. This is an open  access article distributed under the terms of the Creative Commons Attribuiton  Non-Commercial License (<a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/3.0/" target="_blank">http://creativecommons.org/licenses/by-nc/3.0/</a>), which  permits unrestricted non-commercial use, distribution, and repoduction in any  médium, provided the original author and source are credited.</p>
<p><em><strong>This article may be  cited as / Este artículo se puede citar de la siguiente forma: </strong></em>Camila Gianella-Malca, Oscar Parra-Vera, Alicia Ely Yamin, y Mauricio  Torres-Tovar, “¿Deliberación democrática o mercadeo social? Los dilemas de la  definición pública en salud en el contexto del seguimiento de la sentencia T–760 de  2008,” <em>Health and Human Rights: An  International Journal</em> 11/1 (2009), Perspectives, http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2009/08/gianella-malca.pdf.</p>
<hr />
<p><strong><a id="refs1" name="refs1"></a>Referencias</strong></p>
<p>1.   Ver en particular el Pacto Internacional de Derechos Económicos,  Sociales y Culturales (artículo 12), el Protocolo Adicional a la Convención Americana  sobre Derechos Humanos en materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales  (Protocolo de San Salvador, artículo 10) y la Observación General  14 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas.</p>
<p>2.    Ministerio de Protección  Social, <em>Informe con destino a la  honorable Corte Constitucional Unificación Gradual y Sostenible de los Planes  Obligatorios de Salud – POS</em>.  Disponible en  <a href="http://www.pos.gov.co/respuestaSC/Documentos%20Sentencia/Orden_22_300109_1500.pdf" target="_blank">http://www.pos.gov.co/respuestaSC/Documentos%20Sentencia/Orden_22_300109_1500.pdf</a>.</p>
<p>3.   Ministerio de la Protección Social-  Dirección de la Demanda  de Salud, <em>Informe a la Comisión de Regulación en  Salud – CRES. Documento para la garantía y protección del derecho a la salud de  los colombianos</em>. Disponible en  <a href="http://www.pos.gov.co/Documents/Anexo%20tecnico.pdf" target="_blank">http://www.pos.gov.co/Documents/Anexo%20tecnico.pdf</a>.</p>
<p>4.   Comisión de Regulación de  Telecomunicaciones, <em>Informe Trimestral de  Conectividad</em>. Mayo 2009 – No 15. Disponible en <a href="http://www.crt.gov.co/images/stories/crt-documents/BibliotecaVirtual/InformeInternet/Informe_Internet_marzo%202009.pdf" target="_blank">http://www.crt.gov.co/images/stories/crt-documents/BibliotecaVirtual/InformeInternet/Informe_Internet_marzo%202009.pdf</a>.</p>
<p>5.   Consulta abierta de 23 de julio al 23 de  Agosto, convocada por el CRES y el Ministerio de la Protección Social  complementaria a la consulta presencial. Disponible en <a href="http://www.pos.gov.co/consulta/" target="_blank">http://www.pos.gov.co/consulta/</a>.</p>
<p>6.   Por ejemplo: las presentaciones de William  Hsiao, Norman Daniels, Thomas Bossert, disponible en  <a href="http://www.pos.gov.co/Paginas/guiaMetodologica.aspx" target="_blank">http://www.pos.gov.co/Paginas/guiaMetodologica.aspx</a>; presentaciones de Francis  Ruiz, Norman Daniel, Michael Rawlins, Kalipso Chalkidou, disponible en  <a href="http://www.pos.gov.co/Paginas/jornadasdeintercambiotecnicointernacional.aspx" target="_blank">http://www.pos.gov.co/Paginas/jornadasdeintercambiotecnicointernacional.aspx</a>.</p>
<p>7.   Procuraduría General de la   Nación y Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad,  Dejusticia, <em>El Derecho a la Salud en perspectiva de  Derechos Humanos y el Sistema de Inspección, Vigilancia y Control del Estado  Colombiano en Materia de Quejas en Salud</em>, Bogotá, 2008.</p>
<p>8.   Varios informes del  Departamento de Derechos Humanos de la Asociación Nacional  de Trabajadores Hospitalarios de Colombia (ANTHOC) denuncian los asesinatos  cometidos durante la última década de miembros de esta organización. Ver: <a href="http://www.anthoc.org/index.php?option=com_content&amp;task=view&amp;id=216">http://www.anthoc.org/index.php?option=com_content&amp;task=view&amp;id=216</a> y</p>
<p><a href="http://www.anthoc.org/index.php?option=com_content&amp;task=view&amp;id=1295">http://www.anthoc.org/index.php?option=com_content&amp;task=view&amp;id=1295</a>.</p>
<p>9.   Ministerio de la Protección Social-  Dirección de la Demanda  de Salud, Informe a la   Comisión de Regulación en Salud – CRES. Documento para la  garantía y protección del derecho a la salud de los colombianos. Disponible en  <a href="http://www.pos.gov.co/Documents/Anexo%20tecnico.pdf" target="_blank">http://www.pos.gov.co/Documents/Anexo%20tecnico.pdf</a>.</p>
<p>10.   Conversación sostenida con la señora Leticia Tafur, presidenta de la Asociación de Usuarios  del Instituto Nacional de Salud; y comunicación emitida por Néstor álvarez,  representante de los pacientes de alto costo de la Nueva EPS. Ninguno de los  dos fue convocado por los organizadores, fueron informados de la reunión por  sus compañeros.</p>
<p><a id="refs2" name="refs2"></a>11.   Por ejemplo: el Movimiento Nacional por la Salud y la Seguridad Social,  Salud al Derecho, Centro de Investigación y Salud Popular -CINEP, Corporación  Grupo Guillermo Fergusson, Asociación de Pacientes Osteomizados, Asociación de  Usuarios de la Nueva EPS,  Espíritu del 91, DeJusticia.</p>
<p>12.   Ver: <a href="http://www.pos.gov.co/Paginas/guiaMetodologica.aspx">http://www.pos.gov.co/Paginas/guiaMetodologica.aspx</a>.</p>
<p>13.   Así Vamos en Salud presentó a la Corte su interés por  acompañar el cumplimiento de la sentencia T–760 de 2008, solicitó su  reconocimiento como grupo de seguimiento, petición que la Corte aceptó el 09 de diciembre del 2008.  Acá  es importante decir que es necesario que se incluya en el proceso de seguimiento a otras expresiones de la sociedad civil que también se han  organizado para impulsar rendición de cuentas sobre las órdenes emitidas por la Corte y para pronunciarse  ante la sociedad.</p>
<p>14.   ML La Torre,<em> Seguimiento de la Sentencia T–760 de 2008</em>. Disponible en  <a href="http://www.asivamosensalud.org/index.php?option=com_remository&amp;Itemid=0&amp;func=startdown&amp;id=77" target="_blank">http://www.asivamosensalud.org/index.php?option=com_remository&amp;Itemid=0&amp;func=startdown&amp;id=77</a>.</p>
<p>15.   Organizado el 08 de Junio del 2009,  información disponible en  <a href="http://www.comisionseptimasenado.gov.co/actualidad%204.html" target="_blank">http://www.comisionseptimasenado.gov.co/actualidad%204.html</a>.</p>
<p>16.   Según la orden del  día para la sesión ordinaria del 30 de septiembre de 2008, los senadores Germán  Antonio Aguirre Muñoz, Griselda Janeth Restrepo Gallego y Carlos Julio González  Villa solicitaron la citación al Ministro de la   Protección Social, al Presidente de la Nueva EPS y al  Superintendente de Salud para absolver un largo cuestionario relativo a las  inconsistencias en el funcionamiento del aseguramiento y la atención en salud en  el marco de la ley 100 de 1993. Entre las preguntas se encontraban: “¿Cuál es  la posición del gobierno con respecto a las obligaciones contenidas en la  Sentencia T–760 de 2008?, ¿Qué mecanismos se está implementando para dar  cumplimiento a ésta?”</p>
<p>17.   Por ejemplo: XVI  Foro Internacional Farmacéutico, 10 al 12 de junio de 2009 en Cartagena convocado por la ANDI, VII Congreso  GESTARSALUD a realizarse del 29 al 31 de octubre en Cartagena.</p>
<p>18.   Por ejemplo: Foro organizado el 29 de mayo del 2009 por Facultad Nacional de Salud Pública de la Universidad de  Antioquía en alianza con el Programa Así Vamos en Salud: <em>&#8220;Análisis de Alternativas para el Cumplimiento de los Mandatos de la Sentencia 760 de 2008  emitida por la   Corte Constitucional&#8221;</em><strong>; </strong>Foro “<em>La Sentencia  T–760: alcances y limitaciones”</em>, impulsado por el Doctorado de Salud  Publica de la   Universidad Nacional de Colombia; los Talleres por redes  locales y foros distritales organizados durante el segundo semestre de 2008 y  el primer semestre de 2009 por parte de la Dirección de Participación Social y Servicio al  Ciudadano de la   Secretaria Distrital de Salud.</p>
<p>19.   H. Potts, Participation and the Right to Highest attainable standard of  health (University of Essex: Human Rights Centre, 2008). Disponible en <a href="http://www2.essex.ac.uk/human_rights_centre/rth/docs/Participation.pdf" target="_blank">http://www2.essex.ac.uk/human_rights_centre/rth/docs/Participation.pdf</a>.</p>
<p>20.   Alicia Ely Yamin, Suffering and Powerlessness: The Significance of  Participation in rights-based approaches to health, <em>Health and Human Rights: An International Journal</em> 11/1 (2009).  Disponible en <a href="http://www.hhrjournal.org" target="_blank">http://www.hhrjournal.org</a>.</p>
<p><a id="refs3" name="refs3"></a>21.   Por ejemplo, la  Superintendencia le ordenó a las EPS Saludcoop y Comfaboy que redujeran a la  mitad el volumen de contratación de servicios de atención de sus afiliados con  sus propias clínicas y centros de salud, por incumplir los topes establecidos  en la Ley 1122 de  2007. Ver: “A la Supersalud  le llegó la hora de ajustar a las Clínicas de EPS”, <em>El Tiempo</em>, 27 de abril de 2009. Sobre Saludcoop, un informe  preliminar de la   Superintendencia de Salud le ordenó abstenerse de destinar los  recursos que le gira el Fosyga para la prestación de servicios de salud a sus  afiliados a usos diferentes a este. Ver: “Cuestionan a Saludcoop por uso de  recursos” en <em>Portafolio</em>, 7 de julio de 2009.  Asimismo, según información de prensa, la Superintendencia  de Industria y Comercio estaba investigando a 15 EPS y a ACEMI por estar  presuntamente realizando acuerdos dirigidos a restringir la libre competencia  en el mercado del aseguramiento de la salud y llegar a acuerdos para negar  servicios de salud a los usuarios incluidos en el Plan Obligatorio de Salud.  Ver: “Quince EPS en la mira del Gobierno Nacional”, en <em>La Libertad</em>, 9 de junio de 2009.</p>
<p>22.   Entrevista  a Norman Daniels, Thomas Bossert y William Hsiao. Disponible en  <a href="http://www.semana.com/noticias-salud--seguridad-social/mejor-debil-del-sistema-salud-colombiano/125943.aspx" target="_blank">http://www.semana.com/noticias-salud&#8211;seguridad-social/mejor-debil-del-sistema-salud-colombiano/125943.aspx</a>.</p>
<p>23.   Entrevista televisiva a Diego Palacio,  Ministro de Protección Social. Disponible en <a href="http://www.yamidamat.com.co/Contenido/Video.asp?Mostrar=AGOSTO3.wmv" target="_blank">http://www.yamidamat.com.co/Contenido/Video.asp?Mostrar=AGOSTO3.wmv</a>.</p>
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		<title>Holding multilateral organizations accountable: The failure of WHO in regards to childhood malnutrition</title>
		<link>http://hhrjournal.org/blog/perspectives/holding-multilateral-orgs-accountable-the-failure-of-who/</link>
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		<pubDate>Wed, 15 Apr 2009 17:03:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>hhrjournal</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Perspectives]]></category>

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		<description><![CDATA[This article first reviews the methods of monitoring growth and development among children under five years of age by the WHO. It then addresses the fact that the WHO delayed disseminating new Child Growth Standards. This delay has cost the lives of malnourished children around the world[...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a name='ext363'></a><em>Agnès Binagwaho, Niloo Ratnayake, Mary C. Smith Fawzi</em></p>
<p>[<a href="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2009/04/binagwaho-042109.pdf">PDF version</a>]</p>
<p><em>At  a time when accountability is a key message for countries, constituencies, and organizations,  it is important that major multilateral agencies such as the World Health  Organization (WHO) are also held accountable for actions taken or not taken. This article first reviews the methods of monitoring growth and development among children under five years of age by the WHO. It then addresses the fact that the WHO delayed disseminating new Child Growth Standards. In addition, the need for more technical  support by the WHO for managing chronic malnutrition in young children is  needed. This delay has cost the lives of malnourished children around the world. </em></p>
<p>Malnutrition  can account for up to 50% of deaths among children under the age of five since  it is a significant underlying factor of child mortality. In developing  countries, approximately 25% of children in this age range are moderately or  severely malnourished (underweight and/or stunted).[<a href="#refs1">1</a>] With over 9.2 million  under-five child deaths in 2007 worldwide, malnutrition accounts for a  significant degree of this burden of childhood mortality.[<a href="#refs1">2</a>] Since this is such  a prevalent condition causing great devastation, it is essential that  physicians and other health care providers be given the best tools to properly  assess malnutrition in hospitals, clinics, and community-based settings. This  article discusses the standards used to assess childhood malnutrition in the  international community over the last 30 years and implications for their  dissemination and use.</p>
<p>In  1977, the United States National Center  for Health Statistics (NCHS) produced growth references to assess proper  physical development.[<a href="#refs1">3</a>] The growth references used the weight-for-age,  height-for-age, and weight-for-height distributions from studies conducted in  the United States  to identify underweight, stunted, wasted, and obese children. These references  were used by hospitals and clinics throughout the United States  and were immediately adopted by the World Health Organization. As a result of  the WHO adoption of these standards, the US-based growth references for  children were widely disseminated and used in countries around the world.</p>
<p>However,  a number of studies subsequently showed that the 1977 NCHS/WHO growth reference  standards were not appropriate for all infants and children. In particular, the  1977 NCHS/WHO standards tended to underestimate levels of low weight-for-age  (underweight) for breastfed infants.[<a href="#refs1">4</a>] As early as 1995, the WHO documented  recognizing the problem, particularly for the use of the 1977 NCHS/WHO  standards for infants.[<a href="#refs1">5</a>] The reference data for infants were based on information  collected among infants in the Fels Longitudinal Study from 1929 to 1975 in  Yellow Springs, Ohio. The limitations noted by the WHO working group at the  time included: 1) the sample was limited to Caucasian infants from mostly  middle-income families; 2) data were collected every three months rather than  monthly, which limited the accuracy of developing the growth curve,  particularly from 0–6 months of age; and 3) the majority of the infants in the  sample were bottle-fed, and if they were breastfed it was only for a short  duration (typically less than three months).[<a href="#refs1">6</a>]</p>
<p>A  study examining the 1977 NCHS/WHO standards in a developed area of Brazil provided  empirical evidence for the limitations in using the 1977 NCHS/WHO growth  references for infants in other settings. These data demonstrated that infants  in their sample grew faster than the 1977 NCHS/WHO reference in the first six  months of life with a relative decline thereafter. Among the sub-sample of  infants that were either exclusively or primarily breastfed from 4–6 months of  age, the average decline occurred earlier, usually after three months of age.  As a result, breastfed infants were falsely perceived as not getting adequate  nutrition through breast milk. Concerns arose that the perceived faltering may  cause unnecessary early introduction of non-human milk.[<a href="#refs1">7</a>]</p>
<p>As  a result of empirical data demonstrating limitations in the use of the 1977 NCHS/WHO  standards, in 2000 the US Centers for Disease Control and Prevention (CDC)  published a set of growth charts meant to replace the NCHS growth reference.[<a href="#refs1">8</a>]  These charts were based on national data from the US for infants and children  from birth to 20 years of age from five national health examination surveys and  supplemental data. The study sought to be more ethnically diverse and to better  represent breastfed and bottle-fed infants. Studies comparing CDC growth charts  to the 1977 NCHS/WHO references resulted in mixed views. Similar to findings  described above, there were notable differences, particularly among breastfed  infants under six months of age. The WHO found that “breastfed infants grow  more rapidly in the first 2 months of life and less rapidly from 3 to 12 months  in relation to the CDC curves.”[<a href="#refs1">9</a>] The overall consensus, however, was that the  CDC growth charts more closely matched the population in the US, particularly since the majority of infants  in the US  are at least partially bottle-fed. A study comparing the 1977 NCHS/WHO growth  references and CDC growth charts showed that CDC charts were superior in accurately  representing the United    States population.[<a href="#refs1">10</a>]</p>
<p>In  2006, after 11 years of debate and 29 years following the original publication  of the NCHS chart, the WHO released new growth charts based on primary data  collected from 1997 to 2003 in Brazil, Ghana, India, Norway, Oman, and the US. The  WHO sample population only included breastfed infants and measured infant  weight and length every two weeks for the first two months and monthly  thereafter. Similar to previous findings, a comparison of the 2006 WHO Child  Growth Standards to the 1977 NCHS/WHO international growth reference showed  significant differences in infants. The mean weight-for-age z-scores of infants  in the first six months were higher for the 2006 WHO standards compared to the 1977  NCHS/WHO growth reference. After six months the 2006 WHO standards fell below  the 1977 NCHS/WHO values. One significant limitation of the 1977 NCHS/WHO  standards was the finding that prevalence of low height-for-age was higher for  all age groups using the 2006 WHO standards, particularly for early infancy.[<a href="#refs2">11</a>]  More recent data indicate significant limitations of the 1977 NCHS/WHO  standards. Among children screened for severe malnutrition in a Médecins sans  Frontières (MSF) program in Niger,  the 2006 WHO standards identified more than eight times the number of severely  malnourished children compared with the 1977 NCHS/WHO standards (25,754 versus  2,989 children). The implications are significant: children identified as  severely malnourished according to the 1977 NCHS/WHO standards were less likely  to recover and more likely to be lost to follow-up compared to those identified  by the 2006 WHO standards. In addition, there was a greater likelihood of  hospitalization and death among those children identified by the 1977 NCHS/WHO  standards compared to the 2006 WHO standards.[<a href="#refs2">12</a>]</p>
<p>Based  on these data, it is clear that the new (2006) WHO standards more accurately  assess childhood malnutrition in developing countries, particularly in settings  where the large majority of infants are breastfed. However, many settings in  the field still use the old (1977) NCHS/WHO standards due to poor technical  assistance and capacity building in countries with a high burden of  malnutrition. The WHO delayed in the creation of these charts and has also  failed to update its own manual regarding the management of severe malnutrition.[<a href="#refs2">13</a>]  In addition, only recently has the WHO updated the <em>Integrated Management of Childhood Illness (IMCI) </em>training booklet  and the <em>Manual for the Health Care of  Children in Humanitarian Emergencies </em>with the new WHO nutrition standards.[<a href="#refs2">14</a>]</p>
<p>There  has been documented recognition of problems with the 1977 NCHS/WHO references  by the WHO as early as 1995, but no efforts were made to change the standards  until 1997, and new standards were finally published 11 years after  acknowledgement of a problem. While 20 million children suffered from  malnutrition yearly, health care workers often continued to use charts that  were inaccurate. The delay in acting to change these charts in a more expeditious  manner was at the expense of children’s lives. More than two years after the  introduction of their new growth charts, the WHO has not updated some of its  manuals for health care workers, meaning many continue to use references  published nearly 30 years ago. This is evidenced by UNICEF’s recent <em>State of the World’s Children 2009 </em>report  that provides prevalence estimates of underweight using the 2006 WHO standards;  however, prevalence rates of wasting and stunting are still provided using the 1977  NCHS/WHO standards.[<a href="#refs2">15</a>] UNICEF states in the 2009 report that “the WHO Child Growth Standards are gradually replacing  the widely used NCHS/WHO reference population [standards].”[<a href="#refs2">16</a>] This  suggests that many countries have not changed their growth reference standards  and continue to under-diagnose children who are malnourished. It is concerning  that it took more than a decade to develop growth standards appropriate for  developing countries. Offering technical assistance and capacity building for  these countries falls within the WHO’s mandate, but over the past three years  the WHO has demonstrated significant delays and has failed to adequately  support the dissemination and appropriate use of these standards in countries  with a high burden of malnutrition.</p>
<p>The  WHO has been tasked with setting international standards for health. As a  multilateral agency it has the responsibility of not delaying progress towards  developing more accurate nutrition standards and in finding gaps in the uptake  and implementation of the revised standards. Children have unnecessarily  suffered the consequences of ignoring recognized problems in nutrition  standards for years. The same problem has extended to the WHO malnutrition  guidelines, which have fallen short in the management of chronic malnutrition. The  WHO website for publications offers no standards for care or management of  children with chronic malnutrition despite their own acknowledgement that this  condition causes poor growth which can result in delayed brain development and  a reduced capacity to learn.[<a href="#refs2">17</a>]</p>
<p>At  a time where there is a consensus about accountability, Rwanda, among other countries has agreed to be  part of the NEPAD (New Partnership for Africa’s  Development) Peer Review for Joint Assessment of the Government. There is an  agreement of the necessity of accountability for not only the government, but  also developing partners and the civil society. Still, people have been silent  about the accountability of multilateral organizations like the World Health  Organization. Many developing countries depend on the WHO to provide them with  accurate information. Since they often do not have the resources themselves to  remain up-to-date, it is vital that they can rely on the WHO to quickly make  available and widely disseminate the standards that reflect the highest  standard of care. The question remains: If we know the right thing to do, and  we know the consequences it may bring, why do we continue to do wrong?</p>
<hr />
<p align="left"><strong>Agnès Binagwaho</strong>, MD, is Permanent Secretary in the  Ministry of Health, Rwanda.</p>
<p align="left"><strong>Niloo Ratnayake</strong>, BA, is enrolled at the University of Virginia Medical School, where she is a scholarship student funded by Pfizer Initiative in International Health.</p>
<p align="left"><strong>Mary C. Smith Fawzi</strong>, ScD, is an instructor in the Department of Global Health and Social Medicine, Harvard Medical School, and epidemiologist for Partners In Health.</p>
<p><strong>Competing interests</strong>: None declared</p>
<p><strong>Copyright</strong>: © 2008 Binagwaho, Ratnayake, and Smith Fawzi. This is an open access article distributed under the terms of the Creative Commons Attribution Non-Commercial License (http://creativecommons.org/licenses/by-nc/3.0/), which permits unrestricted non-commercial use, distribution, and reproduction in any medium, provided the original author and source are credited.</p>
<p><em><strong>This article may be cited as</strong></em>: Agnès Binagwaho, Niloo Ratnayake, and Mary C. Smith Fawzi, “Holding multilateral organizations accountable: The failure of who in regards to childhood malnutrition,” <em>Health and Human Rights: An International Journal</em>, Perspectives, 10/2 (2008),  http://hhrjournal.org/blog/perspectives/holding-multilateral-orgs-accountable-the-failure-of-who.</p>
<hr /><strong><a id="refs1" name="refs1"></a></p>
<p>References</strong></p>
<p>1.   UNICEF, <em>State of the World’s Children 2008: Child Survival </em>(New York: UNICEF, 2007).  Available at <a href="http://www.unicef.org/sowc08/docs/sowc08.pdf" target="_blank">http://www.unicef.org/sowc08/docs/sowc08.pdf</a>.</p>
<p>2.   UNICEF, <em>State of the World’s Children 2009: Maternal and Newborn Health </em>(New York: UNICEF, 2008).  Available at <a href="http://www.unicef.org/sowc09/docs/SOWC09-FullReport-EN.pdf" target="_blank">http://www.unicef.org/sowc09/docs/SOWC09-FullReport-EN.pdf</a>.</p>
<p>3.   P. V. Hamill, T. A. Drizd, C. L.  Johnson, R. B. Reed, A. F. Roche, and W. M. Moore, “National Center for Health  Statistics Percentiles,” <em>American Journal  of Clinical Nutrition</em> 32 (1979), pp. 607–629.</p>
<p>4.   C. G. Victora, S. S. Morris, F. C.  Barros, M. de Onis, and R. Yip, “The NCHS Reference and the Growth of Breast-  and Bottle-fed Infants,” <em>Journal of  Nutrition</em> 128 (1998), pp. 1134–1138; M. J. Dibley, J. B. Goldsby, N. W.  Staehiling, and F. L. Trowbridge, “Development of Normalized Curves for the International  Growth Reference: Historical and Technical Considerations,” <em>American Journal of Clinical Nutrition </em>46  (1987), pp. 736–748; M. de Onis and R. Yip, “The WHO Growth Chart: Historical Considerations  and Current Scientific Issues,” <em>Bibliotheca  Nutritio et Dieta.</em> 53 (1996), pp. 74–89.</p>
<p>5.   WHO Working Group on Infant Growth, “An  Evaluation of Infant Growth: The Use and Interpretation of Anthropometry in Infants,” <em>Bulletin of the World Health Organization</em> 73 (1995), pp. 165–174.</p>
<p>6.   WHO Working Group (see note 5).</p>
<p>7.   R. J. Kuczmarski, C. L. Ogden, L. M.  Grummer-Strawn, K. M. Flegal, S. S. Guo, R. Wei, Z. Mei, L. R. Curtin, A. F.  Roche, and C. L. Johnson, “2000 CDC Growth Charts for the United States:  Methods and Development, <em>Vital Health  Statistics</em> 246 (2002), pp. 1–190.</p>
<p>8.   Victora et al. (see note 4).</p>
<p>9.   M. de Onis, C. Garza, A. W. Onyango,  and A. Borghi, “Comparison of the WHO Child Growth Standards and the CDC 2000 Growth  Charts,” <em>Journal of Nutrition</em> 137  (2007), pp. 144–148.</p>
<p>10.   C. L. Ogden, R. J. Kuczmarski, K. M.  Flegal, Z. Mei, S. Guo, R. Wei, L. M. Grummer-Strawn, L. R. Curtin, A. F. Roch,  and C. L. Johnson, “Centers for Disease Control and Prevention 2000 Growth  Charts of the United States: Improvements to the 1977 National Center for  Health Statistics Version,” <em>Pediatrics</em> 109/1 (2002), pp. 45–60.</p>
<p><a id="refs2" name="refs2"></a>11.   M. de Onis, A. W. Onyango, E. Borghi, C.  Garza, and H. Yang, “Comparison of the World Health Organization (WHO) Child  Growth Standards and the National Center for Health Statistics/WHO International  Growth Reference: Implications for Child Health Programmes,” <em>Public Health Nutrition</em> 9/7 (2006), pp.  942–947.</p>
<p>12.   S. Isanaka, E. Villamor, S. Shepherd, and  R. F. Grais, “Assessing the Impact of the Introduction of the World Health  Organization Growth Standards and Weight-for-Height z-Score Criterion on the  Response to Treatment of Severe Acute Malnutrition in Children: Secondary Data  Analysis,” <em>Pediatrics</em> 123 (2009), pp.  e54–e59.</p>
<p>13.   World Health Organization, <em>Management of Severe Malnutrition: A Manual for  Physicians and Other Senior Health Workers</em> (Geneva: WHO, 1999). Available  at <a href="http://whqlibdoc.who.int/hq/1999/a57361.pdf" target="_blank">http://whqlibdoc.who.int/hq/1999/a57361.pdf</a>.</p>
<p>14.   World Health Organization, <em>Integrated Management of Childhood Illness (chart  booklet), </em>(Geneva:  WHO, 2008). Available at <a href="http://www.who.int/child_adolescent_health/documents/IMCI_chartbooklet/en/index.html" target="_blank">http://www.who.int/child_adolescent_health/documents/IMCI_chartbooklet/en/index.html</a>;  and World Health Organization. <em>Manual for  the Health Care of Children in Humanitarian Emergencies </em>(Geneva: WHO, 2008). Available at <a href="http://www.who.int/child_adolescent_health/documents/9789241596879/en/index.html" target="_blank">http://www.who.int/child_adolescent_health/documents/9789241596879/en/index.html</a>.</p>
<p>15.   UNICEF (see note 2).</p>
<p>16.   See ibid., p. 125.</p>
<p>17.   World Health Organization, <em>10 Facts on Nutrition </em>(Geneva: WHO, 2008). Available at <a href="http://www.who.int/features/factfiles/nutrition/facts/en/index1.html" target="_blank">http://www.who.int/features/factfiles/nutrition/facts/en/index1.html</a>.</p>
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		<title>Rights to bottle-feeding in poor countries: What is really at stake? A response to Dr. Agnès Binagwaho</title>
		<link>http://hhrjournal.org/blog/perspectives/rights-to-bottle-feeding-in-poor-countries/</link>
		<comments>http://hhrjournal.org/blog/perspectives/rights-to-bottle-feeding-in-poor-countries/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 05 Mar 2009 22:22:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>hhrjournal</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Perspectives]]></category>

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		<description><![CDATA[The article by Dr. Agnès Binagwaho in Health and Human Rights, Volume 10, Number 1, cannot go without a rebuttal, as the argument appears to rest on several fallacies. Recounting the skepticism that existed ten years ago about anti-retroviral (ARV) treatment in resource-poor settings and the success of activists in forcing the scale-up of access to treatment[...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a name='ext140'></a><em>Claudio Schuftan</em></p>
<p>[<a href="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2009/03/schuftan-perspectives-022609.pdf">PDF version</a>]</p>
<p><a href="http://www.hhrjournal.org/index.php/hhr/article/view/28/91" target="_blank">The article by Dr. Agnès Binagwaho</a> in <em>Health and Human Rights</em>, Volume 10, Number 1, cannot go without  a rebuttal, as the argument appears to rest on several fallacies. Recounting  the skepticism that existed ten years ago about anti-retroviral (ARV) treatment  in resource-poor settings and the success of activists in forcing the scale-up  of access to treatment, Dr. Binagwaho argues that we should adopt a  commensurate posture with respect to providing bottle-feeding for infants born to  HIV-positive mothers. Although she does state that “[t]his is an area of great controversy, and experts deeply committed to  children’s well-being find themselves on different sides of the question,” the  rest of the article seems to assume that those who oppose her views on this:  (1) are too willing to accept the failure to implement an effective  distribution of breastmilk substitutes as a reason for not proceeding with such  a distribution; and (2) fail to respect the human rights of African mothers to  bottle-feed their children, as women in rich countries have the choice to do.</p>
<p>On the first point, Binagwaho wants  to make us believe that shying away from supporting the feeding of infant  formula to children born to HIV-positive mothers “is really an implementation  failure that can be remedied through effective delivery strategies.” She suggests  that public health nutrition professionals who disagree with such a position are  thereby implying that mothers in Africa “are  not capable of preparing a baby bottle correctly.” I am a public health nutritionist, and I am in no way implying that  mothers in Africa cannot prepare a bottle  correctly. Actually, that is totally beside the point.</p>
<p>Dr. Binagwaho challenges readers to  think in terms of “practical implementation” options since “effective training  combined with the appropriate technical <em>and</em> financial resources can ensure excellent delivery” of breastmilk substitutes to  these infants. I do not doubt that this is true. <em>However</em>, the key here clearly lies in the “and” of her statement. Binagwaho  bases her strong pro-formula argument on a study in Rwanda,  which unfortunately is not available to the reader for scrutiny since it  corresponds to an oral presentation in a meeting in Kampala. My contention is that the “and” is  where the problem lies in her argument, as I assume (although I would be  pleased to be corrected) that formula was provided free of charge to those  mothers. That is <em>why</em> (to answer her  question) effective training combined with the appropriate technical resources  will <em>not</em> make breastfeeding  substitution a workable solution.</p>
<p>Economic access to six or more  months of infant formula supplies is not realistic for poor mothers in poor  countries —  nor, either, is access to clean water. Acknowledging this dire immediate reality  is the real human rights issue in this controversy, i.e., the economic discrimination  against poor women. Failure to recognize this is, to me, an unacceptable  oversight.</p>
<p>Of course we need to set the same human  rights objectives for ourselves in the global South as those set in the North.  However, as public health nutrition experts,  it is our obligation to acknowledge the local reality of HIV and AIDS affecting  important segments of the poor population in our respective milieus. That  reality shows us that economic access to infant formula does not exist for vast  numbers of affected women. It is overwhelmingly this reality that pushes us to  aggressively promote exclusive breastfeeding for these infants given the  current context — cognizant that this is not a risk-free alternative, but positively weighing it  against the greater risks of bottle feeding.</p>
<p>There is an enormous difference  between fatalistically accepting that ARVs cannot be made available in  sub-Saharan Africa and selecting the best  choice for mothers to feed their infants given the existing conditions. In  short, as a matter of public policy, for the vast majority of public health nutritionists,  promoting exclusive breastfeeding for infants born to HIV-positive mothers, when  substitution remains an unrealistic goal, is still the right thing to do.</p>
<p>The morbidity and mortality data  from numerous studies invariably support such a policy stance.[<a href="#ref1">1</a>] Binagwaho  tells us that, in the study she cites, the rates of diarrhea and acute  malnutrition in the “substituted children” were “not higher than those in the  general population.” However, the real questions are: (a) whether the rates  were higher than in the exclusively breastfed children, as there is already an  excess morbidity due to non-exclusive breastfeeding in the general population; and  (b) whether the study group children were followed more closely with medical  check-ups during the study.</p>
<p>The article implies that the extraordinary  difference in outcomes between the study she cites and the literature  supporting exclusive breastfeeding for infants with HIV-positive mothers lies  in proper implementation and training.  Binagwaho asserts that “when the means are available, what is criminal  is to mismanage those means.” But the problem is not that “when means are mismanaged  they can be dangerous,” although they can be. Nor are bad program managers the  core problem, as Dr. Binagwaho at times seems to suggest.</p>
<p>The problem, as stated above, is  fundamentally about access to economic resources, and a resulting lack of economic  power. Binagwaho seems to believe that if activists would bring to bear the  same political struggle around replacement feeding that they did in the issue  of access to anti-retrovirals, the question would no longer be whether  replacement feeding can be adopted, but rather how. Such a call would  undoubtedly find its warmest reception in the milk industry which, of course, would  use it in its own self-interest.</p>
<p>But the human rights framework requires  us also to confront unfair economic power structures, and this leads to the  second set of arguments that the article makes. Binagwaho writes, “universality is the very essence of human  rights. It is, therefore, unacceptable to promote a two-tiered approach to …  replacement feeding, because doing so implies that some people enjoy more human  rights than others. It suggests that wealthy women’s rights include being able  to feed their children safely, while poor women’s do not.” The unfortunate  reality is that “some people” <em>do</em> “enjoy more human rights than others” in practice, but not in theory.  Our efforts to remedy that fact need to  understand and proactively act upon the structural economic forces that keep  women poor and deprive them and their children of their right to health, among  other rights.</p>
<p>Binagwaho  does mention, in passing, structural  obstacles to expanding replacement feeding in low-income communities, citing “lack  of infrastructure, unreliable access to water, lack of information, and many  other factors.” But the point is that these factors are not just obstacles to  expanding bottle-feeding, but obstacles to women and children living lives of  dignity and enjoying their inalienable human rights. Of course, all  people are entitled to choices, as Binagwaho asserts. But the choice of whether  to bottle-feed or not is not really at the forefront for a woman who cannot  afford adequate food, has no adequate housing, nor access to safe water and  sanitation, employment, and education, let alone a right to gender equality. To  use a metaphor, arguing for the right to bottle-feed is at best like arguing for access to a band-aid when faced  with a hemorrhage. Poverty is the hemorrhage, and it is the dominant human  rights violation endured by these women and children.</p>
<hr />
<p><strong>Claudio Schuftan</strong>, MD, was born in Chile  and trained in pediatric medicine, international health, and nutrition. He has  served as a consultant for food and nutrition activities as they relate to  human rights in over 50 countries.   Currently based in Ho Chi Minh    City, Vietnam,  Dr. Schuftan works as a freelance consultant in public health and nutrition. He  is Adjunct Associate Professor in the Department of International Health at  Tulane School of Public Health, in New    Orleans, Louisiana, a  member of the steering group of the People&#8217;s Health Movement (PHM), and  coordinator of PHM&#8217;s global Right to Health and Healthcare campaign.</p>
<p>Please  address correspondence to the author at <a href="mailto:cschuftan@phmovement.org">cschuftan@phmovement.org</a>.</p>
<p><strong>Competing interests:</strong> None  declared.</p>
<p><strong>Copyright:</strong> © 2009 Schuftan. This is an open access article distributed under the terms of the Creative Commons Attribution Non-Commercial License (<a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/3.0/" target="_blank">http://creativecommons.org/licenses/by-nc/3.0/</a>), which permits unrestricted non-commercial use, distribution, and reproduction in any medium, provided the original author and source are credited.</p>
<p><strong><em>This article may be cited as:</em></strong> Claudio Schuftan, “Rights to bottle-feeding in poor  countries: What is really at stake? A response to Dr. Agnès  Binagwaho,” <em>Health and Human Rights:  An International Journal</em>, Perspectives, (2009), <a href="http://hhrjournal.org/blog/perspectives/rights-to-bottle-feeding-in-poor-countries/">http://hhrjournal.org/blog/<span id="sample-permalink">perspectives</span>/rights-to-bottle-feeding-in-poor-countries/</a>.</p>
<hr />
<p><strong><a id="ref1" name="ref1"></a>Reference</strong></p>
<p>1.   For  two studies looking respectively at early weaning and prolonged breastfeeding,  see, e.g., L. Kuhn, G. M. Aldrovandi, M.  Sinkala, et al., “Zambia Exclusive Breastfeeding Study: Effects of Early, Abrupt  Weaning on HIV-free Survival of Children in Zambia,” <em>New England Journal of Medicine</em> 352/2 (2008), pp. 130–141; and L.  Kuhn, P. Kasonde , M Sinkala, et al., “Prolonged Breast-feeding and Mortality  up to Two Years Post-partum Among HIV-positive Women in Zambia,” <em>AIDS </em>19/15 (2005), pp. 1677–1681.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Health and Human Rights: A Journalist’s Perspective</title>
		<link>http://hhrjournal.org/blog/articles/hhr-rights-a-journalists-perspective/</link>
		<comments>http://hhrjournal.org/blog/articles/hhr-rights-a-journalists-perspective/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 30 Jan 2009 16:47:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rory.OConnor</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Articles]]></category>

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		<description><![CDATA[In 1995, after producing a successful weekly TV program  about apartheid in South    Africa against all odds, we broadcast an  edition of a new series that explored revolutionary ideas about human rights,  such as those then being formulated by a visionary at Harvard named Jonathan  Mann. In our [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a name='ext119'></a>In 1995, after producing a successful weekly TV program  about apartheid in South    Africa against all odds, we broadcast an  edition of a new series that explored revolutionary ideas about human rights,  such as those then being formulated by a visionary at Harvard named Jonathan  Mann. In our show, called <em>Rights &amp;  Wrongs: Human Rights Television</em>, Dr. Mann laid out in typically brilliant  fashion the crystal-clear thinking behind his vision of human rights – and in  particular, his then (and still) controversial notion that health and human  rights are inextricably linked, that access to quality health care is a  self-evident, inalienable right shared by all human beings, as recognized by  the <a href="http://www.un.org/Overview/rights.html" target="_blank">Universal Declaration of Human Rights</a>,  adopted without dissent by the entire United Nations sixty years ago.</p>
<p style="text-align: center;"><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="400" height="273" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowfullscreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://vimeo.com/moogaloop.swf?clip_id=2935120&amp;server=vimeo.com&amp;show_title=1&amp;show_byline=0&amp;show_portrait=0&amp;color=00ADEF&amp;fullscreen=1" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="400" height="273" src="http://vimeo.com/moogaloop.swf?clip_id=2935120&amp;server=vimeo.com&amp;show_title=1&amp;show_byline=0&amp;show_portrait=0&amp;color=00ADEF&amp;fullscreen=1" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
<p>The late Dr. Mann was well out in front of most other human  rights “professionals” when it came to his analysis and dissection of basic  human rights — and in particular as they relate to the intersection of health and  society. (Mann does such an elegant job of expressing this in the program that  I will refrain from further comment). You can view the entire episode at the  end of this post. The difficulties we faced in producing the show at all is a  long story. But we think it&#8217;s worth sharing with HHR readers who might think  that health and human rights issues are taken for granted at the global level.<a id="more-119"></a></p>
<p>In 1991, my then-fledgling media company <a href="http://www.globalvision.org" target="_blank">Globalvision</a> announced plans to create and distribute the world’s first  television series dedicated exclusively to coverage of human rights issues  around the world. We had just wrapped up production of our first weekly  international newsmagazine <em><a href="http://www.globalvision.org/program/newsmagazines.html#southafrica" target="_blank">South Africa  Now</a></em>, which focused on the many untold stories and unsung heroes of that  country’s inspiring and under-reported liberation struggle, and we were anxious  for a new challenge.</p>
<p>Producing <em>South Africa  Now</em>, which aired weekly between 1988 and 1991 on 150 public television  stations in the United States and on leading broadcast systems in sixteen other  countries, had never been easy — in part because America’s Public Broadcasting  Service (PBS) and its parent CPB, the Corporation for Public Broadcasting,  refused to have anything to do with the program, deeming it too “controversial”  for the public airwaves. The decision meant that we had to raise all the money  necessary to produce and promote the program. It also meant we had to  distribute it ourselves, station by station, instead of PBS delivering it  centrally to the entire three hundred and thirty station system.</p>
<p>In addition, the white minority government then in power in  South Africa refused even to let us into the country, which meant we had to  produce a show every week about a country thousands of miles away to which we  had little access, and which had imposed stringent restrictions on all media  coverage of its activities. Finally, we were attacked by conservative elements  in our own country as well as in South Africa, and charged with  being “advocates not journalists” and even “hard-core Marxist propagandists.”  Despite the many roadblocks placed in our path, however, we persevered and  eventually succeeded in producing an award-winning, critically acclaimed  program about important human rights-related topics that was regularly seen by  millions of people — and which, to our surprise and joy, many South Africans  credited with playing a positive role in bringing about the (mostly) peaceful  and democratic transformation of their country.</p>
<p>Having produced against all odds a successful weekly program  about apartheid, we thought it would be a relatively easy matter to create a  new program, which would expand our human rights coverage beyond southern Africa to encompass the rest of the world. Little did we  know…</p>
<p>Our first problem was with the public broadcasting system  itself. PBS executives steadfastly refused to consider backing a weekly program  about human rights, despite the global acclaim that had accompanied our  previous effort. Pressed for an explanation, they eventually provided one:  human rights, PBS programmers told us, was “an insufficient organizing  principle for a television series.” Unlike cooking, stock tips, or purple  dinosaurs, apparently!</p>
<p>Once again, however, we were undeterred, and again we  resolved to produce, promote and distribute the series ourselves. We raised  hundreds of thousands of dollars from leading foundations who saw the need PBS  was blind to. We went back to all the individual public television stations  that had carried <em>South Africa Now</em> and  told them we had a new and better weekly program to offer. Most agreed to air  the new program, based on our strong track record of delivering weekly credible  news about important topics unavailable elsewhere. It was clear to them that,  despite the ludicrous stance of PBS, there was plenty of interest in human  rights programming among American viewers. Nor was that interest limited to the  United States  — soon broadcasters in more than sixty other countries around the world were  airing our new weekly series about international human rights issues, which we  dubbed <em><a href="http://www.globalvision.org/program/newsmagazines.html#rights&amp;wrongs" target="_blank">Rights &amp; Wrongs: Human Rights  Television</a></em>. That’s when the next set of problems began…</p>
<p>This time, to our astonishment, the naysayers were led by  executives at prominent human rights organizations, who expressed concern that  a program about human rights would be produced by a team of journalists with no  formal standing or training in human rights issues or policy formulation. They  were concerned on many counts: that we might misreport human rights news, thus  sullying their own well-deserved reputations and enviable record of impeccable  reportage; that we would be insufficiently attuned to the many nuances of human  rights work; that we might inadvertently use the wrong vocabulary in describing  human rights abuses. But most of all, it turned out, they were afraid that we would  employ a more expansive definition of what human rights actually are than they  did — and they were right!</p>
<p>Soon I was regularly banging heads with the leaders of  powerful international human rights groups. They wanted to keep the focus of <em>Rights &amp; Wrongs</em> exclusively on civil  and political rights; we were equally interested in looking at the social and  cultural side of the human rights equation. We wanted to explore issues like  workers’ rights and women’s rights; they were appalled and thought this was evidence  that their initial fears had been well-founded, that we were simply laymen and  certainly not sophisticated enough or professional enough to be covering “their  issues.” The matter eventually came to a head over one particular program we  wanted to create, which would explore the revolutionary ideas then being  formulated by a visionary at Harvard named Jonathan Mann.</p>
<p>Despite the opposition of the human rights groups, we went  ahead in 1995 and produced our “Health and Human Rights” edition of <em>Rights &amp; Wrongs</em>.</p>
<p style="text-align: center;"><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="400" height="273" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowfullscreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://vimeo.com/moogaloop.swf?clip_id=2934866&amp;server=vimeo.com&amp;show_title=1&amp;show_byline=0&amp;show_portrait=0&amp;color=00ADEF&amp;fullscreen=1" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="400" height="273" src="http://vimeo.com/moogaloop.swf?clip_id=2934866&amp;server=vimeo.com&amp;show_title=1&amp;show_byline=0&amp;show_portrait=0&amp;color=00ADEF&amp;fullscreen=1" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
<p>As you can see, even relatively enlightened and  forward-looking human rights executives, such as Kenneth Roth of Human Rights  Watch, who was interviewed at length, expressed reservations about the links  that Mann was making to societal status and ill health, and to his overall  claims regarding health and human rights. Roth’s reservations are echoed to  this day in many human rights circles.</p>
<p>Well, go ahead and call me unprofessional. Say I’m a layman  who doesn’t understand the nuances. Denounce me as an advocate and not a  journalist. Hell, you can even call me a hard-core Marxist propagandist if you  like. Just don’t try to tell me that equal access to quality health care isn’t  a basic human right! And of course, don’t take <em>my</em> word for it—listen and see for yourself, as the late, great  Jonathan Mann lays it all out brilliantly in an interview that, I hope you will  agree, is still relevant — perhaps more than ever — even a decade after it was  recorded.</p>
<p>— Rory O’Connor was  the co-creator and Executive Producer of Rights &amp; Wrongs: Human Rights  Television. His popular <em>Media Is A Plural</em> blog is accessible at:    <a href="http://www.roryoconnor.org/">http://www.roryoconnor.org</a>.</p>
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		<title>One baby at a time: Saving children in Lesotho</title>
		<link>http://hhrjournal.org/blog/health-and-human-rights-in-practice/one-baby-at-a-time-saving-children-in-lesotho/</link>
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		<pubDate>Wed, 21 Jan 2009 17:27:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cheryl.Snyder</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Health and Human Rights in Practice]]></category>

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		<description><![CDATA[I’ve been supporting Partners In Health’s project in Lesotho for more than two years – almost since it began. Lesotho  is a world away – both literally &#38; figuratively – from the FXB Center office in Boston where I work  and where the Health and Human Rights editorial office is based. An independent [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a name='ext110'></a>I’ve been supporting Partners In Health’s <a href="http://www.pih.org/where/Lesotho/Lesotho.html" target="_blank">project in Lesotho</a> for more than two years – almost since it began. Lesotho  is a world away – both literally &amp; figuratively – from the FXB Center office in Boston where I work  and where the <em>Health and Human Rights</em> editorial office is based. An independent country completely surrounded by South Africa, Lesotho is home to almost two  million people, most of whom have never heard of human rights or the right to health  care. However, they can certainly comprehend the injustice of suffering from  treatable disease without access to treatment.<a id="more-110"></a></p>
<p>When Dr. Jennifer Furin started treating patients in Lesotho at the Nohana Health   Center in July 2006, many  of her patients had never had access to a doctor. In fact, after walking hours  up and down mountains to reach a clinic, patients would often find it locked  and unstaffed. If the clinic was open, basic medicines and supplies were  scarce, and the nurses could offer little comfort to their patients who were suffering  from highly infectious diseases such as HIV/AIDS and tuberculosis. Almost none  of the patients – in spite of HIV rates in Lesotho approaching 30% – had ever  been tested for HIV, let alone had access to lifesaving anti-retroviral therapy  (ART). A mere handful of patients were being treated for TB.</p>
<p>Nohana is one of approximately fifty health clinics  scattered across the mountains in rural Lesotho – each more logistically  challenged than the next. About a dozen of these remote clinics (including  Nohana) have access to a nearby airstrip – enabling staff and supplies to  arrive from the capital, Maseru,  in approximately 30 minutes. Via land, the treacherous trip from Maseru to Nohana would  take 6 hours or more by car, traveling the edges of steep mountains on barely  visible dirt paths. Now, with assistance from the pilots and planes of <a href="http://www.maf.org/" target="_blank">Mission  Aviation Fellowship</a> (MAF), the Partners In Health Lesotho (PIHL)  team can adequately supply and staff these clinics, ensuring that they are open  and that care is available whenever our patients make the long journey to seek  medical treatment.</p>
<p>In February 2008, a small team from the Harvard News Office  visited two of the PIHL mountain clinics – Nohana and Bobete. They were able to  capture the essence of our programs in Lesotho via stunning text, photos,  and video – accessible <a href="http://www.hno.harvard.edu/worldmedia/lesotho/" target="_blank">here</a>.  I’d like to direct you to a two part photo/video story filmed in Nohana,  featured below. It is the story of Kazabelo – a tiny, malnourished 15-month-old  baby on the edge of death.</p>
<p style="text-align: center;"><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="400" height="225" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowfullscreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://vimeo.com/moogaloop.swf?clip_id=2898432&amp;server=vimeo.com&amp;show_title=1&amp;show_byline=0&amp;show_portrait=0&amp;color=00ADEF&amp;fullscreen=1" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="400" height="225" src="http://vimeo.com/moogaloop.swf?clip_id=2898432&amp;server=vimeo.com&amp;show_title=1&amp;show_byline=0&amp;show_portrait=0&amp;color=00ADEF&amp;fullscreen=1" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
<p style="text-align: center;"><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="400" height="225" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowfullscreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://vimeo.com/moogaloop.swf?clip_id=2899936&amp;server=vimeo.com&amp;show_title=1&amp;show_byline=0&amp;show_portrait=0&amp;color=00ADEF&amp;fullscreen=1" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="400" height="225" src="http://vimeo.com/moogaloop.swf?clip_id=2899936&amp;server=vimeo.com&amp;show_title=1&amp;show_byline=0&amp;show_portrait=0&amp;color=00ADEF&amp;fullscreen=1" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
<p>For Kazabelo, the story ends well – at least in the short  term. She has survived this round of her life’s battle, and is a plump and  healthy toddler <em>(see picture)</em> less  than six months later.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2009/01/kazabelo-after-treatment2.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-111" style="border: 3px solid black;" title="kazabelo-after-treatment2" src="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2009/01/kazabelo-after-treatment2-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></a></p>
<p>Whether our patients come to Nohana, Bobete, or one of the four  other remote clinics operated by PIHL in four of Lesotho’s most rural and  mountainous districts, the care they receive is essentially the same. We staff  each of our six clinics with a full-time physician, who is trained in  management of HIV/AIDS and TB as well as primary care and trauma. In addition  to treating patients, the PIHL physicians work closely with clinic nurses who  are paid by the <a href="http://www.health.gov.ls/home/" target="_blank">Lesotho Ministry of Health and Social Welfare</a> - training them in infectious disease management and other critical skills. The  doctors and nurses are supported by a cadre of lay health workers, who handle  various administrative tasks – including HIV testing and counseling, and food  distribution.</p>
<p>The physicians also hire and train Community Health Workers  (CHWs) – the key to finding and treating so many patients in the remote  villages served by our clinics. Our CHWs visit HIV patients daily to ensure  that they are taking their medications properly and consistently, and to check  for side effects and other problems of poverty (such as lack of food or water)  which might interfere with treatment. CHWs are the vital link between clinic  and community, encouraging neighbors and friends to visit the clinic for  testing and treatment, notifying the doctors when patients are too ill to make  the long journey themselves, and supporting chronically ill patients through  months and even years of treatment for HIV/AIDS and TB.</p>
<p>Unfortunately, Kazabelo’s painful story is not unique. There  are far too many underweight, malnourished infants and children in Lesotho  – and worse, many of them do not arrive to our clinics in time. In a country  where an entire generation of adults is being wiped out by the dual epidemics  of HIV &amp; TB, too frequently very young children are left in the care of  their aging grandmothers. Current estimates peg the orphan rate in Lesotho  between 16 and 30% - very likely the highest per capita orphan rate in the  world. How old will Kazabelo be when her grandmother can no longer care for  her? Will she survive long enough to witness the right to health care become a  right realized by everyone in Lesotho?</p>
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		<title>Taming the Perfect Storm</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Oct 2008 14:11:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rishi.Manchanda</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Articles]]></category>

		<category><![CDATA[homelessness]]></category>

		<category><![CDATA[los angeles]]></category>

		<category><![CDATA[rights declaration]]></category>

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		<description><![CDATA[
As the nationwide crisis in the housing and credit markets unfolds, a community-based coalition of health care and social service providers, affordable housing developers, and community organizers convened on October 10, 2008 to highlight human rights-based solutions to the crisis in one of America&#8217;s hardest-hit communities, South Los Angeles.
Read and hear coverage of this report [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a name='ext78'></a>
<p style="text-align: left;"><em>As the nationwide crisis in the housing and credit markets unfolds, a community-based coalition of health care and social service providers, affordable housing developers, and community organizers convened on October 10, 2008 to highlight human rights-based solutions to the crisis in one of America&#8217;s hardest-hit communities, South Los Angeles.</em></p>
<p style="text-align: left;"><a title="KPCC" href="http://www.scpr.org/news/stories/2008/10/20/08_economy_south_la_102.html">Read and hear coverage of this report from 89.3 KPCC, NPR Radio in Los Angeles!</a></p>
<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: center;"><a href="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2008/10/taming-the-perfect-storm.pdf"><img class="size-full wp-image-79 aligncenter" title="perfect_storm_cover.indd" src="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2008/10/perfect_storm_cover_v1.jpg" alt="Click here to view the full report" width="499" height="648" /></a></p>
<p><em>Their call to action, Taming the Perfect Storm, is a unique, ambitious, and pragmatic example of “Health and Human Rights in Practice.”  Beginning with the recognition that fundamental rights for individuals who are either homeless or at-risk for homelessness are not being fulfilled by the nation these residents call home, this collaborative report uses a human rights framework to its full advantage.  The report moves from a broad understanding and comprehensive analysis of the problems faced by residents of South Los Angeles to specific recommendations to address the health – and human rights – needs of a vulnerable population.</em></p>
<p><em>The methods used in this report – analysis of interactions between local laws, economic policy, policing efforts, and other social determinants of health; extensive interviews and ethnography listening deeply to those in need; and clear recommendations based on a human rights approach – can be used by communities anywhere.</em></p>
<p><em>We hope you will read the full report (by clicking on the cover above), not only for what it specifically reveals but also for the methods and analytic approach used by the South Los Angeles Homelessness Prevention and Intervention Collaborative.  This model can be used to understand and begin to address a wide range of problems, wherever human rights are a concern.  As stated in the report, &#8220;Combining the treetops of international declarations and human rights law with grassroots advocacy and know-how, a South Los Angeles Human Rights Approach to Health can be transformative.&#8221;</em></p>
<p><em>We would like to draw particular attention to a novel advocacy tool, the South Los Angeles Declaration of Health and Human Rights.  It is exciting to imagine human rights declarations coming from communities around the United States – indeed around the world – as they will come from South Los Angeles. </em></p>
<p style="text-align: right;"><em>Rishi Manchanda, MD, MPH and Evan Lyon, MD</em></p>
<h3><strong>From the Executive Summary</strong></h3>
<p style="text-align: left;">This report is the product of a unique South Los Angeles-based coalition of health service providers, community health workers/promotoras, tenant organizers, and affordable housing and civil rights advocates. The complex problem of homelessness and poor health in South Los Angeles is shaped by key local housing, health and law enforcement policies and conditions, some of which we have identified in prior work and continue to address.</p>
<p>Service providers, organizers and advocates in our collaborative have all witnessed the deleterious health and human rights impact of a recent series of public ordinances and law enforcement initiatives in South Los Angeles and Skid Row which disproportionately and often unjustly affect extremely poor and homeless persons. These programs have combined with other powerful trends, including the scarcity of local permanent supportive and affordable housing, the displacement of homeless and low-income residents due to gentrification downtown and along the Figueroa Corridor, evictions and the foreclosure crisis, the closing of Martin Luther King Jr.-Harbor Hospital, the historic underfunding of South Los Angeles community clinics by the Los Angeles County Department of Health Services, and the weakening of the local public health safety-net. Together, these forces have created a perfect storm for the homelessness and health crisis in South Los Angeles. Now, as the federal banking and credit crisis unfolds, South Los Angeles has become a bellwether for the nation, highlighting the fundamental challenges facing America’s increasingly stressed communities.</p>
<p>We conducted surveys of homeless individuals and service providers to document and define this perfect storm more clearly. Results from our work highlight the direct impact of damaging policies and trends on the health of homeless persons living in South Los Angeles.</p>
<p>Of the homeless persons we surveyed in South Los Angeles:</p>
<ul>
<li>Only 28% indicated that they had a usual source of medical care.</li>
<li>38% reported having a mental health condition.</li>
<li>Nearly half (46%) reported a need for dental care in the past year. However, 59% of those who needed dental care did not receive it.</li>
<li>32% of those who reported receiving medical care at Martin Luther King Jr.-Harbor Hospital within the past two years indicated that the hospital’s closure decreased their ability to get medical care.</li>
<li>An astonishing 42% of those who rented in the last five years became homeless because they were unable to afford a rent increase.</li>
<li>Nearly 3 in 10 homeless individuals have experienced an eviction (27%).</li>
<li>1 out of every 3 (34%) homeless individuals reported having had an interaction with law enforcement in the past year.</li>
</ul>
<p style="text-align: left;">This report from the South Los Angeles Homelessness Prevention and Intervention Collaborative (HPIC):</p>
<ul>
<li>Develops a common language to understand the health impact of current trends in housing availability, displacement, law enforcement policy, and health services in South Los Angeles</li>
<li>Provides important evidence of the health needs and experiences of homeless individuals and service providers in South Los Angeles based on original community-based participatory research</li>
<li>Offers a human rights approach to health to equip advocates, service providers, policymakers, and media to better address poor health and homelessness in South Los Angeles</li>
<li>Offers specific recommendations to improve health and homelessness in South Los Angeles</li>
</ul>
<p style="text-align: left;">(<a href="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2008/10/taming-the-perfect-storm.pdf">Note:  For a description of the specific policy recommendations contained in the report, please click here or on the cover image above.</a>)</p>
<h3><strong><br />
From Solutions, concluding “Taming the Perfect Storm”</strong></h3>
<p style="text-align: left;">The perfect storm of homelessness and poor health in South Los Angeles requires a powerful human right to health approach that can engender the broad-based support and political will necessary to implement long overdue, desperately needed solutions. Using this rights-based framework, we highlight key policy changes, outlined below, that target each major element of the perfect storm. These changes must occur if health and human rights are to be protected in South Los Angeles.</p>
<p><strong>Shift the Policy Debate and Generate Political Will to Tame the Perfect Storm in South Los Angeles</strong></p>
<p>Outlining policy prescriptives alone is not sufficient for the pressing task of preserving and restoring a healthy community in South Los Angeles. If we hope to leverage our voices to implement these policies effectively and equitably, our collective approach to homelessness and poor health in South Los Angeles will require a catalyst to shift the policy debate.<br />
<em><br />
Adopt a Human Rights Approach to Health</em></p>
<p>As our community of service providers, advocates, policymakers and patients begins to understand the determinants of health and homelessness outlined in this report, the human rights approach to health described in this report offers a powerful method to turn awareness into political will and take specific, much-needed action. Combining the treetops of international declarations and human rights law with grassroots advocacy and know-how, a South Los Angeles Human Rights Approach to Health can be transformative. Such an approach demands that stakeholders shatter stereotyped, dehumanizing views of poor and homeless persons and unproductive and unhealthy silo-based approaches and, in their place, construct sound health, housing and law enforcement policies that respect our shared rights and responsibilities.<br />
<em><br />
Share and use a common language</em></p>
<p>Innovative and powerful strategies to accelerate current efforts to tame the perfect storm of homelessness and poor health in South Los Angeles are required. Our collaborative believes that the first step of any local strategy involves the building of a common language among varied South Los Angeles constituents. As outlined earlier in our report, providers, patients, policymakers, and advocates can begin by using the vocabulary of “social determinants of health” to address the economic and social conditions which determine health in South Los Angeles.</p>
<p><em>The South Los Angeles Declaration of Health and Human Rights</em></p>
<p>We propose that one of the first grassroots advocacy efforts of the Human Rights to Health Approach be the development of the South Los Angeles Declaration of Health and Human Rights. Loosely adapted from the Universal Declaration of Human Rights, we envision that the South Los Angeles version will be developed in a participatory process, informed by patient and client experiences and endorsed by local service providers, advocates, and policymakers. This process will help build a broad coalition to address homelessness and health in South Los Angeles and generate needed fresh political will, media attention, and broader support.</p>
<p><strong>Conclusion</strong></p>
<p>In the nation as a whole, persistent widespread homelessness and the health care crisis offer compelling evidence of a collective disregard for human rights. Few places exhibit the ill effects of this disregard like South Los Angeles. Conversely, no other community stands to benefit as much from a community-based human rights approach to health. With a firm understanding of the links between critical determinants of health like housing, public and community health resources, and law enforcement policy, we commit to build the political will and skills needed to tame this perfect storm of homelessness and poor health. In short, we commit to reclaim and redefine our community guided by the practical application of fundamental human rights principles. As an important stage of community dialogue on the right to health, housing, and security begins, we welcome all constructive comments and critiques of this report.</p>
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		</item>
		<item>
		<title>Making the case for the right to health</title>
		<link>http://hhrjournal.org/blog/articles/making-the-case-for-the-right-to-health/</link>
		<comments>http://hhrjournal.org/blog/articles/making-the-case-for-the-right-to-health/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 29 Sep 2008 12:46:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maria.May</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Articles]]></category>

		<category><![CDATA[binagwaho]]></category>

		<category><![CDATA[farmer]]></category>

		<category><![CDATA[kim]]></category>

		<category><![CDATA[panel]]></category>

		<category><![CDATA[yamey]]></category>

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		<description><![CDATA[On September 17, 2008, Health and Human Rights: An International Journal  celebrated its recent re-release as an open access publication with a panel discussion on “Creating on Open Forum to Advance Global Health and Social Justice.” The panel included Dr. Paul Farmer, Editor-in-chief; Dr. Jim Kim, Publisher and Director of the François-Xavier Bagnoud Center [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a name='ext64'></a>On September 17, 2008, <a href="http://www.hhrjournal.org"><em>Health and Human Rights: An International Journal</em></a> <span> </span>celebrated its recent re-release as an open access publication with a panel discussion on “Creating on Open Forum to Advance Global Health and Social Justice.” The panel included Dr. Paul Farmer, Editor-in-chief; Dr. Jim Kim, Publisher and Director of the <a href="www.hsph.harvard.edu/fxbcenter/" target="_blank">François-Xavier Bagnoud Center for Health and Human Rights</a><cite></cite> at the Harvard School of Public Health which funds the journal; Dr. Agnès Binagwaho, Executive Secretary of <a href="http://www.cnls.gov.rw/" target="_blank">Rwanda’s National AIDS Commission</a>; Dr. Gavin Yamey, Senior Editor of <a href="http://medicine.plosjournals.org/perlserv/?request=index-html&amp;issn=1549-1676" target="_blank"><em>PLoS Medicine</em></a>; and Philip Alston, the John Norton Pomeroy Professor of Law and Director of the <a href="http://www.chrgj.org/" target="_blank">Center for Human Rights and Global Justice</a> at New York University School of Law.</p>
<p style="text-align: center;">
<p class="MsoNormal" style="text-align: center;"><a href="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2008/10/091708_journal-copy.jpg"><img class="size-full wp-image-75 aligncenter" title="A photograph of the panelists on stage at the event" src="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2008/10/091708_journal-copy.jpg" alt="" width="500" height="315" /></a></p>
<p class="MsoNormal">In his opening remarks, Dr. Kim challenged the audience to extend their rights-based framework beyond just conceptual clarity and advocacy to the level of implementation, noting that “effective programs are needed to ensure the human right to health.”</p>
<p class="MsoNormal">Dr. Binagwaho took the stage first and spoke of how Rwanda’s history, and particularly the role of state-controlled radio stations in the genocide, had demonstrated that the right to information was critical to protecting individuals. The Rwandan government sees information and communication technology as a top priority, and is working tirelessly to increase internet access nationally and achieve the goal of one laptop per child. This priority was clearly illustrated by the topic of <a href="http://web.mit.edu/compton/current.html" target="_blank">last week’s Compton Lecture</a> given at the Massachusetts Institute of Technology by His Excellency Paul Kagame, President of the Republic of Rwanda entitled Imperative of Science and Technology in Accelerating African and Rwandan Development.</p>
<p class="MsoNormal">Dr. Binagwaho reflected on the irony of research done in developing countries that is never available to the study subjects, and she applauded efforts like <em>PLoS Medicine</em> and <em>Health and Human Rights</em> for working to promote access to a wider audience. In addition, she stressed the need for intellectual exchange. She saw these discussions as “necessary to make the best decisions.” Citing the example of <a href="http://www.ghdonline.org" target="_blank">GHDonline.org</a>, she told of the value for herself and others in executive positions to bounce ideas off of each other (for example, should children of HIV-positive parents undergo mandatory testing?) and also the value gained by including field workers in the conversation. “People at the community level may not have the theories, but they have the knowledge,” she said. Finally, she outlined that the sum of these efforts, of fighting for access to health, information, and education, is to eliminate poverty.</p>
<p class="MsoNormal">Dr. Yamey focused on the need to change the way we look at medical publications. He pointed out that information is so expensive to access that patients, and many doctors and researchers, simply cannot afford to survey the literature and make fully informed decisions. “Only a tiny fraction of the intended audience can read a work. This paradigm is wrong — medical research should be a global public good.”<span> </span>The consequences of the current model are hazardous: often, doctors and patients are forced to rely on abstracts, which convey “dangerous half-truths.” Also, because researchers in the global south often have less access to literature than their counterparts in the north, a dynamic of inequality is introduced in their interactions. The world would benefit from a “knowledge commons,” which would better allow research and practice efforts to “build on the shoulders of giants.”<span> </span>Dr. Yamey was instrumental in getting the journal online in an open access format, and he applauded the journal’s new format.</p>
<p class="MsoNormal">Tracing the history of the human rights movement, Mr. Alston reflected that the discourse had been dominated by lawyers, resulting in a legal focus that often failed to garner enthusiasm or trust among social advocates. While the civil and political aspects are critical, Mr. Alston emphasized the need to link that with the right to health. He also challenged the journal not to let its focus waver from what he considered the ultimate task at hand: making the case for the right to health. “Until we confront the right of every individual to health and health care, then we are not looking at the central concern, and we are failing to achieve our objectives.” Changing the political dynamics and infusing society with a sense of moral outrage about violations of the right to health were objectives that he also lay out for the human rights community.</p>
<p class="MsoNormal">Dr. Farmer described his relationship with human rights as a “voyage,” and credited Haiti for being his greatest teacher. It was in conversations with his Haitian friends and colleagues almost 20 years ago that he saw a divergence between the goals and values of the academic community and those who did not enjoy their basic human rights. He observed “the limited faith of the poor in the non-poor’s promise to protect their interests, including health, housing, and food.” This rift, along with others between legal frameworks and social advocates as outlined by Mr. Alston, needs mending and harmonization. Citing an example of Russian prisons fighting TB epidemics and outcries that prisoners were starving to death, he said that “it is of utmost importance to get the diagnosis right in human rights. It determines whether we apply the right treatment.” His hope for the journal is that it will bring the discourses together in an “honest way,” and he was excited about the new format, adding, “The internet provides an opportunity to push through an agenda that is pro-poor.”</p>
<p class="MsoNormal">A reception in honor of Dr. Jonathan Mann, founder of the journal, concluded the event. Two of his children, along with Drs. Kim and Farmer, both of whom knew Dr. Mann very well as an early supporter of Partners In Health, shared some of their memories and told of his influence on their lives and that of many more, adding that he would be thrilled with the new direction the journal is taking.</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>A human rights approach to quality of life and health: Applications to public health programming [Spanish]</title>
		<link>http://hhrjournal.org/blog/perspectives/a-human-right-approach-to-quality-of-life-and-health-spanish/</link>
		<comments>http://hhrjournal.org/blog/perspectives/a-human-right-approach-to-quality-of-life-and-health-spanish/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 24 Jun 2008 16:17:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>hhrjournal</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Perspectives]]></category>

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		<description><![CDATA[
We post here the original Spanish text of Dr. Armando De Negri Filho&#8217;s contribution to this issue of Health and Human Rights, titled, &#8220;El enfoque de los derechos humanos en calidad de vida y salud y su aplicación en la reestructuración programática y la reorganización de los servicios: reflexiones alrededor de una estrategia de aplicación:&#8221;

El [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a name='ext36'></a>
<p style="text-align: left;">We post here the original Spanish text of Dr. Armando De Negri Filho&#8217;s contribution to this issue of <em>Health and Human Rights</em>, titled, &#8220;<span style="color: #000000;">El enfoque de los derechos humanos en calidad de vida y salud y su aplicación en la reestructuración programática y la reorganización de los servicios: reflexiones alrededor de una estrategia de aplicación:&#8221;</span></p>
<p><a id="ref1" name="ref1"></a></p>
<p>El enfoque de la salud como un derecho humano  fundamental tiene un impacto profundo en la manera como formulamos su concepto  político, ubicando la salud como un bien público – individual y colectivo - y  por esto factor definidor de la naturaleza de las políticas en salud – su  vocación publica (en el sentido republicano del Estado) y por lo tanto  orientadas a responder a las necesidades sociales derivadas de los mismo  derechos que determinan y definen la salud.</p>
<p>Tomado de esta manera, el derecho a la salud  se transforma en motor de reivindicaciones políticas y en inductor de la  construcción de la democracia como justicia social, esta sendo la razón  profunda por la cual la densificación del derecho a la salud, o sea la disputa  por la racionalidad practica subyacente al ejercicio discursivo del derecho,  debe ser tomada desde el campo de la ética solidaria para transformarse en  razón misma de la formulación de políticas, la organización de sistemas y  servicios y el desarrollo de las acciones por la salud.</p>
<p>Los caminos para aplicar este conocimiento,  experimentados en diferentes escenarios políticos y territorios sociales entre  Brasil, Colombia y Venezuela, notadamente en el   ámbito de gobiernos locales, es el objeto de esta reflexión sobre los  alcances y limites del derecho a la salud como motor político para la conquista  de políticas y sistemas de salud que contribuyan a la construcción de la  democracia como régimen garante de justicia social.</p>
<p>El texto a seguir busca explorar aspectos  esenciales de esta reflexión construida en el *ámbito  de la praxis – donde la forma ya no es indiferente al contenido y que por esto  busca aplicar un nuevo sentido a la programación en salud y la organización de  los servicios, tratando de traducir lo que podría ser interpretado como la  expresión dura del enfoque de derechos en la reestructuración de políticas y  acciones en salud</p>
<p><strong>1. Las bases para un pensamiento estratégico construido  sobre el derecho a la salud, la salud como producto social</strong></p>
<p>El Pensamiento Estratégico construido –  centrado, aplicado y reformulado a lo largo de nuestras experiencias, esta  orientado por el imperativo ético de responder a las necesidades sociales a  partir de la adopción de una Estrategia Promocional de la Equidad en Calidad de  Vida (y la Salud finalmente como producto social derivado del ejercicio de esta  calidad de vida), donde este enfoque busca ser orgánico al compromiso de la  garantía de los derechos humanos y sociales y el desarrollo de los territorios  sociales como espacios de humanización.</p>
<p>Este enfoque estratégico ha permitido  construir propuestas de políticas de salud, potenciadas por una proyección  transectorial, orientada a la afectación de los determinantes sociales y las  consecuentes exposiciones sociales,   incluyendo por lo tanto la necesidad de una comprensión profunda de las  causalidades que generan los daños sociales y las enfermedades, así como sus  consecuencias colectivas e individuales (donde se destaca la relación perversa  entre enfermedad y pobreza).</p>
<p>Como la respuesta  a las necesidades sociales se hace desde la  perspectiva de derechos, conceptualmente se impone una tríada indisociable  entre universalidad, integralidad y equidad. Una representación desde la equidad  significa medir desigualdades y construir la representación de las inequidades  a partir de un juzgamiento ético / moral donde se concibe  un concepto superior de justicia y se  expresan las múltiples dimensiones de las inequidades entre clases sociales,  territorios sociales, géneros, etnias y edades.</p>
<p>Este articulo busca ampliar el debate  conceptual y metodológico generado por las distintas experiencias en evolución,  reforzando sus aspectos universales y apuntando temas de especial interés en el  contexto de desafíos políticos y técnico-científicos propios a la búsqueda de  garantir políticamente y prácticamente el derecho a la salud.</p>
<p>Este texto trata de desarrollar elementos  conceptuales esenciales derivados de las experiencias en curso, mas allá de los  contextos específicos de Porto Alegre, Bogotá y Caracas y de sus resultados  particulares.</p>
<p><strong>2. La respuesta a las  necesidades sociales como concreción del derecho a la salud</strong></p>
<p>Un enfoque político centrado en la garantía  de los derechos exige una representación de la concreción de estos en la  satisfacción de necesidades, la cual expresa la materialidad de los derechos en  la vida cotidiana y además hace explicitas las relaciones de interdependencia  que los derechos guardan entre si.[<a href="#ref2">2</a>]  Esto es aun más evidente cuando exploramos las causalidades sociales y  entendemos  que la satisfacción de  necesidades como forma de construir una vida plena para las personas, fuente de  calidad de vida y bienestar individualmente y en sociedad, exige una  representación comprehensiva de las interacciones causales jerarquizadas y que  por lo tanto no podemos hacer una intervención que no tome en cuenta una  representación del impacto que efectivamente tendrá en el proceso de producción  social del daño o de la enfermedad (si queremos pensar el daño desde el campo  de la salud).</p>
<p>Trabajar con la centralidad de responder a  las necesidades sociales, en pro de la calidad de vida de todos y todas,  presupone una opción ética y por lo tanto la adopción de un valor moral que en  su proceso de decisión se alimenta de un concepto que considera el valor  absoluto de la vida ( la salud como expresión del derecho fundamental a la vida  y sus determinantes como condiciones necesarias para que esta vida pueda  existir y desenvolverse plenamente) y que tiene como consecuencia un conjunto  de opciones obligatorias para que se traduzcan en realidad las opciones de  carácter moral adoptadas. Esto es fundamental y debe ser entendido en su  esencia, pues consolida el carácter coherente de todas las decisiones que irán  configurar un sistema de respuestas sociales en pro de la garantía de los  derechos que dan base a la acción, éticamente imperativa, hacia la satisfacción  de las necesidades sociales derivadas de los derechos.</p>
<p>El giro que provoca esta opción moral de  mirar a las necesidades humanas desde el derecho a la vida y a una vida con  calidad, se opone frontalmente a la hegemonía de las políticas sociales que hoy  naturalizan la escasez de garantías y por lo tanto de respuestas sociales  efectivas, sosteniendo el predominio de las ofertas como limitadoras y  moldeadoras de las respuestas sociales. En otras palabras, el limite de las  ofertas, disociadas de la naturaleza y dimensión de las necesidades, termina  justificando el limite de las respuestas sociales y naturaliza el carácter  mitigatorio y compensatorio de las políticas sociales, al tiempo que son las  opciones de las políticas económicas y los ajustes estructurales del Estado y  sus políticas las  que producen  activamente la exclusión y la pobreza que las políticas mitigatorias intentan  gerenciar. Esta es la esquizofrenia estructural del que hacer de una sociedad y  del Estado como garante de un proceso que debería primarse por la protección de  sus miembros y sus responsabilidades institucionales o sea por el pleno  cumplimento de los derechos humanos y sociales.</p>
<p><strong>2.1.  Universalidad, Equidad e Integralidad: Una Tríada indisoluble en la garantía  del derecho.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>La  perspectiva de derechos presupone un ejercicio en el marco de una tríada  indisociable donde figuran la universalidad (pues los derechos lo son para  todas y todos o no hay derecho), la equidad y la integralidad – o sea la  respuesta social de carácter integral ( lo que permite radicalizar la  comprensión y el ejercicio de afectar los determinantes y las exposiciones  sociales, quebrando las causalidades de los procesos de exclusión del ejercicio  de los derechos y del acceso a una condición de equidad).</p>
<p>La mirada desde las necesidades presupone  además mirar desde la necesidad de recursos para cumplir el deber de las  respuestas sociales y no más la imposición de una racionalidad gestora desde lo  financiero. En esta perspectiva la economía como disciplina de las ciencias  humanas rescata sus origines vinculadas a la moral y la ética y tiene que  buscar generar los medios para que todos ciudadanos y ciudadanas tengan una  vida digna.</p>
<p>Naturalizar la focalización excluyente como  formula de atención a la salud, como una opción vertebradora de políticas  publicas (como lo hace las reformas neoliberales en muchos países, ejemplo la  ley 100 en Colombia), significa perder la perspectiva de los derechos. En  contraposición a esto, un enfoque universalista del derecho y de la atención,  que se define en relación a la respuesta a las necesidades sociales de forma  imperativa, obliga a formular preguntas alrededor de qué necesitamos hacer para  garantizar los derechos a todos y todas, cuanto cuestan estas garantías y  finalmente como logramos producir estos recursos necesarios. Estas preguntas  imponen una lógica radicalmente distinta al curso de los imperativos actuales  del sistema colombiano donde el debate está enmarcado por la viabilidad  económica de la atención en el marco de la restricción a las políticas sociales  acusadas de se constituyeren como factor de desequilibrio fiscal y además  naturalizado por una idea de que no hay un marco de derechos iguales sino el  imperio de una lógica de derechos fraccionados, según la capacidad individual  de aportación a un sistema de aseguramiento que discrimina la respuesta de  acuerdo al pago de cada quién.[<a href="#ref3">3</a>]</p>
<p>El ejemplo colombiano es representativo de  muchos modelos inscriptos en la hegemonía neoliberal, donde se miden sus  avances según la evolución de la oferta, sin la critica fundamental de cuanto y  a quienes faltan las respuestas, o sea el espejo de las necesidades no satisfechas,  haciendo que no exista una presión moral y finalmente política hacia el debate  de cómo garantizar el derecho pleno para todos, lo que a la larga  legitima y naturaliza las inequidades y  dificulta enormemente un debate desde la perspectiva de los derechos.  Introducir el enfoque desde los derechos, exige la radicalidad de este debate  político y sus consecuencias en la vida cotidiana de todos y todas.</p>
<p>La orientación hacia la respuesta a las  necesidades sociales puede beneficiarse del enfoque de necesidades radicales  como lo propone Agnes Héller [<a href="#ref4">4</a>] a partir de lo planteado por Marx y desarrollado por Luckács, donde las  necesidades de carácter radical son aquellas que no pueden ser alcanzadas en el  marco social vigente, lo que nos lleva no solo a preguntarnos sobre si es  posible garantizar el derecho a la calidad de vida (y slud) para todos y todas  en el marco vigente en las sociedades hegemonizadas por la doctrina neoliberal,  sino que además nos obliga a pensar como debería ser la institucionalidad del Estado  y la organización de la Sociedad para poder responder a estas necesidades  radicales. En el ejercicio ultimo de este concepto de necesidades radicales  reside el imperativo intelectual de pensar en que medida lo que desarrollemos  hoy puede acercarnos políticamente a la construcción de alternativas de futuro  donde los derechos puedan ser concretados en su plenitud.</p>
<p>A esta idea de universalidad, y como  consecuencia de la direccionalidad de este debate,  gana inmensa importancia la comprensión del  concepto de la equidad – definida como una forma superior de justicia (de cada  uno según su capacidad, para cada uno según su necesidad - conforme el axioma  marxiano) y donde se desprende la idea de que toda inequidad se caracteriza por  ser una diferencia sistemática que afecta la vida de los individuos de forma  injusta, innecesaria y evitable, pues establece diferencias que no son  moralmente aceptables y que terminan por definir las posibilidades y  oportunidades de la vida de cada uno a partir de unos determinantes y  exposiciones que lo fragilizan para alcanzar una vida con calidad [<a href="#ref5">5</a>],  lo que se evidencia cuando evaluamos estándares de dicha calidad de vida que  aparecen como atributo generales del conjunto de una sociedad, aún cuando  existan grupos a su interior que no puedan disfrutar de los mismos.[<a href="#ref6">6</a>]</p>
<p>En este ejercicio tenemos que evitar las  desorientaciones que surgen cuando la equidad es presentada desde la  perspectiva de las focalizaciones excluyentes – cuando las acciones están  orientadas hacia los más de los más miserables y son ignoradas las causas de la  producción social de la pobreza y de la exclusión. Este debate es clave, pues  si no, terminamos por pensar el enfoque de equidad desde el apartado de  políticas sociales que aparentemente discriminan en positivo pero que a la  larga solo hacen consolidar la división social que impera en la sociedad y  naturalizan las inequidades y el no respecto a los derechos.[<a href="#ref7">7</a>]</p>
<p>Adoptar el enfoque de equidad significa no  solo ejercer sistemáticamente el cuestionamiento sobre si las políticas y  acciones adoptadas de hecho construyen un principio de justicia sino que  también nos obligan a chequear la contribución de las iniciativas a consolidar  la universalidad y la integralidad de las respuestas. Tal cuestionamiento  permanente de lo adoptado / por adoptar y/o lo hecho / o lo por hacer, nos  obliga a una disciplina intelectual que afecta tanto la representación  analítica de los problemas ( la problematización con el fin de transformación  de la realidad, como lo propone Paulo Freire [<a href="#ref8">8</a>]),  como también estructura la construcción de respuestas disciplinadas por estos  principios. Por cierto no es un ejercicio fácil si consideramos la hegemonía de  un pensamiento que insiste en fragmentar la realidad y la representa por  parches sociales donde perdimos la percepción de la tensión de un todo marcado  por conflictos e injusticias y terminamos por satisfacernos con respuestas que  no afectan la causalidad de los hechos sociales, sorprendiéndonos después con  el inevitable fracaso de políticas publicas marcadas por la fragmentación y  parcialización de las respuestas a las necesidades derivadas de los derechos.</p>
<p>Las formas como las inequidades se  manifiestan en términos de diferencias de condición  - frente a los determinantes y las  exposiciones consecuentes a estos – deben ser exploradas en la representación  por clases sociales y/o territorios sociales, por edades, por  géneros y por etnias, de manera a representar  la heterogeneidad de las condiciones sociales y por lo tanto la diversidad de  las realidades que componen los complejos de territorio / poblaciones.</p>
<p>Esta percepción diferencial de las  caracterizaciones de la población en los varios espacios territoriales  sociales, permite un análisis critico de la concretud de los derechos en la  forma de necesidades satisfechas y permite un doble análisis que compara la  condición de los individuos y sus colectividades frente a la garantía de los  derechos (identificación de déficits absolutos de respuesta social) y por otro  lado frente a la distancia que hay entre los distintos grupos sociales en  relación a su mayor o menor condición de calidad de vida, en términos de  cumplimiento de sus derechos en la forma de necesidades atendidas (donde se  configuran las inequidades entre grupos o brechas de equidad).</p>
<p>También podemos desarrollar los análisis de  equidad considerando la exposición diferencial de los grupos constituidos a los  determinantes sociales y a las exposiciones, así como la diferente distribución  de enfermedades o danos sociales (diferencias en el status o condición de  calidad de vida de las personas), diferencia en el acceso a respuestas o  servicios sociales y la diferencia en la asignación de recursos que satisfagan  sus necesidades.</p>
<p>Así es que un análisis de la efectividad de  las políticas sociales y sus acciones desde la perspectiva de la equidad (donde  esta implicada la universalidad y la integralidad de la tríada ya referida),  debe adoptar una perspectiva no solo de satisfacción de las necesidades de las  personas y sus colectivos sino que debe buscar medir la distancia relativa  entre grupos en el camino de garantir el derecho de todos y todas, lo que  significa a la larga que en el ejemplo del derecho a la  salud, no solo tenemos que disminuir las  enfermedades, muertes precoces o perdidas de calidad de vida sino que tenemos  que hacerlo en lo absoluto al mismo tiempo que vamos disminuyendo las  diferencias inequitativas entre los grupos sociales.</p>
<p>En este contexto de monitorear e influir en  la formulación de políticas publicas es clave entender el potencial de los  propuestos Observatorio Sociales de Equidad en Calidad de Vida y Salud de  Bogota y de Caracas, pensados espacios bajo control social y capaces de  monitorear y criticar las políticas publicas y privadas desde la óptica de la  equidad.</p>
<p>Un análisis potente de las causalidades de  las realidades sociales presupone no solo una mirada especializada en  fragmentos, sino también una mirada de conjunto capaz de representar y lidiar  con las complejidades que presuponen los problemas que enfrentamos. Esta capacidad  de lidiar con la complejidad para estructurar las políticas y sus acciones  talvez sea la primera victima de la fragmentación de la institucionalidad  publica frente a los llamados problemas sociales. La institucionalidad es  verdugo y victima al mismo tiempo pues impide enfrentarse a la complejidad al  mismo tiempo en que es reducida en sus potenciales de cambio de realidades por  fuerza de sus limitaciones en representar e intervenir en los problemas desde  las fuentes mismas de su génesis.</p>
<p>En   consideración a lo planteado vale la pena subrayar que entiendo por  políticas publicas todas las políticas que afectan la vida de las personas con  el potencial de generar bienes públicos desde valores públicos (donde por  cierto se entiende que también deberían estar las políticas económicas),  y que como políticas públicas deben ser  apropiadas por la sociedad y por ella criticadas y reorientadas cuando sea  necesario para satisfacer sus necesidades – todo lo que no pueda definirse así  no amerita ser clasificado como publico. Además quiero precisar que entiendo  por políticas sociales todas las políticas que afectan la producción de la  calidad de vida de la gente, incluso la política de desarrollo de  infraestructura urbana, de desarrollo económico, de energía, de aguas o sea  todo lo que tiene impacto en la condición social y de esta manera se hace  contrapunto a la definición que restringe la política social a las clásicas  áreas de educación, salud, asistencia social.</p>
<p><strong>3. Implicaciones del enfoque de derechos en las políticas de calidad de vida. </strong></p>
<p>Lidiar con la  complejidad en el marco de la construcción de una nueva realidad guiada  por el respecto a los derechos y a la tríada  universalidad / integralidad /equidad demanda la comprensión de por lo menos  cinco  elementos claves:</p>
<p><strong>3.1.</strong> <strong>La determinación social y  las causalidades en el marco de la complejidad</strong></p>
<p>Entender la complejidad de los hechos  sociales presupone la capacidad de representarlos en su génesis y reproducción.  Un abordaje de los hechos sociales desde sus determinantes significa entender  como el contexto social enmarcado por proyectos políticos excluyentes o  incluyentes termina por fragilizar o fortalecer la condición social de los  individuos y de sus colectivos. El reconocimiento de esta posibilidad desde una  interpretación de las causalidades sociales permite reconocer y construir la  posibilidad de cambios sociales hacia la garantía de los derechos y la  inclusión social equitativa. Por cierto esto nos ayuda a valorar la  direcionalidad y el alcance de las propuestas de políticas publicas,  permitiendo además visualizar cuales son las exposiciones sociales a que están  sometidas las personas, como consecuencia de los determinantes que las afligen  y también permite visualizar la relación con los daños y las consecuencias  sociales de los daños, de tal suerte que posibilita hacer conciencia de la  altura que las intervenciones tienen en la   jerarquía  de los procesos  causales, de manera a calibrar nuestras ambiciones en el sentido de ampliar o  elevar nuestra capacidad de transformar los procesos que reproducen la realidad  vigente.[<a href="#ref9">9</a>]</p>
<p>Esta conciencia de las causalidades de los  procesos complejos es fundamental para sostener todo y cualquier proceso de  planeación de carácter estratégico y sus respectivos planes de acción. Pero por  la  naturaleza misma de los procesos  complejos es necesario establecer una mirada que combine la visión estructurada  de los problemas desde la representación hecha por los mismos actores  sociales afectados por ellos, entendida como  un condicionante o elemento disciplinador de la mirada de todos los sectores  que estén citados por los elementos causales de los problemas a enfrentar (se  trata de figuradamente dar voz a los problemas, a partir de la expresión misma  de los que los sufren). Por ejemplo, no podemos discutir la forma de  enfrentarnos a la mortalidad materna si no “escuchamos “  a los casos de muerte, enfermedad o daño en  sus contextos y circunstancias y si no respondemos desde esta expresión  concreta de la realidad a sus causalidades. Responder a las causalidades desde  los determinantes sociales de las mismas y sus respectivas exposiciones nos  obliga a considerar el nivel de ingreso económico de las familias, sus  condiciones materiales de vida, sus accesos a las repuestas sociales de  protección, la condición de ingreso y educación de la madre, la suficiencia del  financiamiento de la atención en salud, las   representaciones culturales de clase sobre el embarazo y otras como  variables que deban ser puestas en perspectiva y analizadas en sus complejas  interdependencias y niveles jerárquicos de causalidad, con el fin explicito  de  que las estructuras y circunstancias  que definen estas muertes sean enfrentadas y eliminadas.</p>
<p>En esta perspectiva de enfrentarse de forma  sistemática a las causalidades (derivada del imperativo ético de responder a  las necesidades sociales), podemos identificar los nudos críticos de la cadena  causal y definir las estrategias y las iniciativas que podemos y/o debemos  alcanzar materializar para fines de un enfrentamiento potente de la realidad en  su complejidad. La ausencia de un ejercicio sistemático de análisis de las  causalidades y de su enfrentamiento es uno de los obstáculos mas poderosos en  contra de la posibilidad de un abordaje transdisciplinario y transectorial de la  realidad y por ende un obstáculo para la consecución de una estrategia  promocional de la equidad en calidad de vida y salud, pues revela una  fragilidad en la definición de objetos de acción política y social que tengan  potencia estructurante en relación a la transformación de la realidad, la cual  persiste en reproducirse en el marco de la hegemonía vigente.</p>
<p>Además de vigilar para que los  enfrentamientos a las causalidades se proyecten hacia la garantía de los  derechos y la concreción de la tríada ya propuesta, tenemos que atentar para la  capacidad de producir respuestas en el marco de una racionalidad practica  (definida en los términos de Jurgen Habermas), la cual someta la racionalidad  técnica tan fuertemente presente en nuestros espacios administrativos, al  imperativo de impactar en la realidad según el principio de garantía de  derechos, modificando concretamente la calidad de  la vida de las personas.</p>
<p>En la experiencia acumulada en los trabajos  realizados, un obstáculo formidable al abordaje de la realidad compleja es  justamente la ausencia de un concepto de transectorialidad (y su  correspondiente organización administrativa), que pudiera expresarse en la  comprensión compartida de la complejidad, permitiendo acciones capaces de  generar cambios en los determinantes / reproductores de la realidad en  territorios / poblaciones concretas.</p>
<p><strong>3.2.   El concepto de fragilidad social x el gerenciamiento de riesgos </strong></p>
<p>El proceso de  abordar las complejidades  nos obliga a  afrontar el debate alrededor del límite del enfoque desde los factores de  riesgo atribuidos a individuos o poblaciones y su gerenciamiento desde las  autoridades locales o coordinadores de proyectos técnicos. En el campo de la  salud los factores de riesgo compiten con el concepto de determinación social  de los problemas y terminan por limitar la comprensión de la complejidad en la  medida en que atribuyen la distribución de los problemas en salud a enfoques  bastante limitados como el cambio de hábitos de vida y la educación para la  adopción de opciones saludables, reduciendo y prácticamente ignorando los  factores de determinación social y por ende el concepto de producción social de  la salud. Este enfoque de riesgos además termina por ignorar los condicionantes  sociales o exposiciones derivadas de la no garantía de los derechos como un  sistema interdependiente (donde se destacan las malas condiciones de vida y  trabajo) atribuyendo al manejo de condiciones personales o grupales la potestad  de cambiar condiciones estructurales. El enfoque desde los factores de riesgo  obstruye el ejercicio de explicación de la realidad desde los determinantes  sociales, pues naturaliza los eventos atribuyendo su origen al comportamiento  de las victimas y no a las condiciones sociales (del no-derecho)en que viven.</p>
<p>En el mismo sendero se constituye el concepto  de vulnerabilidad social, el cual  le da  sostén orgánico al concepto de focalización y sigue ignorando la producción  social de los problemas. Al direccionar las acciones hacia poblaciones e  individuos “vulnerables” se construye la idea de que estos  individuos y colectividades se constituyen  como excepciones en un contexto social donde la regla seria la no  vulnerabilidad , pero cuando miramos desde la perspectiva de los derechos  combinada con la lectura de las causalidades desde los determinantes,  encontramos no una circunstancia de la falta de protección contra la  vulnerabilidad sino la expresión estructural de poblaciones enteras que se  encuentran fragilizadas socialmente y que necesitan no una protección  circunstancial contra factores de riesgo sino una protección social orientada  desde los derechos humanos y sociales, organizados en un concepto ampliado de  seguridad social, generando finalmente garantías de seguridad económica (aquí  se aplica la visión ya explicitada de afectar las condiciones sociales  estructurales desde un proyecto político que ambicione reubicar la condición  social de las personas para que puedan salir de la fragilidad social en que  están estructuralmente y no solamente protegerse contra factores de riesgo  entendidos aisladamente – como fragmentos de derechos, fuera de cualquier  construcción de cadenas causales que los aseguren).</p>
<p>En este sentido, un tema en el que hemos  tenido bastante dificultad para trabajar desde las exposiciones sociales  derivadas de los determinantes es el tema de la seguridad o el derecho a la  seguridad que asiste a todos y todas. El enfoque tradicional de la ocurrencia  de accidentes, violencias y suicidios termina atribuyendo a circunstancias  tales como el comportamiento de riesgo o aceptación de riesgo de las personas,  la naturalización de ambientes peligrosos y al azar, la ocurrencia de los  traumatismos. Cuando miramos el tema desde los determinantes sociales, sus  exposiciones y las inequidades que las presiden, descubrimos que la distribución  de los eventos obedecen a una condición de fragilidad social estructural y por  esto persistente históricamente y por lo tanto solo es posible de enfrentarse  al problema si entendemos sus causalidades complejas y las enfrentamos en sus  matrices de expresión.</p>
<p>Esto significa no solo ejercer la  transectorialidad de forma radical sino también ocupar los espacios y  territorios sociales con alternativas a las cadenas causales existentes, cuando  por ejemplo enfrentamos el tema de la accidentalidad vial desde el replanteo  profundo de la lógica de la movilidad humana como derecho, combinada con la  protección de la vida y el derecho a la seguridad, como norte para evaluar  todas opciones universales, integrales y equitativas existentes. De este  enfoque surge el concepto de ciudades, comunidades y ambientes protectores de  la vida ( “seguros” en la traducción literal del ingles “safe”), como espacios  sociales orientados a garantizar la seguridad como parte de los derechos  fundamentales y por lo tanto como un orientador de un abordaje desde el  imperativo ético de responder a las necesidades sociales. De ahí el debate  sobre la producción y comercio del alcohol, de la potencia y la seguridad en la  producción industrial de los carros, de los criterios de habilitación y control  de motoristas, de la impunidad, del espacio urbano y el transporte, del precio  del alcohol de consumo humano, etc., etc&#8230; que configuran un conjunto de  elementos de complejidad que necesitan ser entendidos en una cadena causal  orientadora de estrategias de intervención que rescaten la centralidad de la  repuesta social a las necesidades sociales en este campo.</p>
<p>De esta mirada integral surgió en Suecia al  final de los anos 80 el concepto de visión cero o sea la total inaceptación por  parte del gobierno, y desde este a la sociedad, de ninguna muerte en el  transito. Esta visión imperativa de respuesta por la seguridad obligó a una  desbanalización de las muertes, traumatismos y accidentes obligando a entender  y atacar las causalidades simples y complejas que la condicionaban generando un  impacto profundo en el fenómeno de la accidentalidad vial en Suecia. Este  enfoque que hemos introducido en el debate en las tres ciudades en que venimos  trabajando, bajo la forma del concepto de metas de “indiferencia cero” aún no  ha sido bien entendido como una forma de generar una cardinalidad de respuestas  sociales hacia la concreción de la complejidad operando sobre las causalidades  y sus relaciones, lo que exigiría convergencia política y una transectorialidad  orientada por una comprensión común frente a las causalidades de los problemas  y sus formas de enfrentamiento.[<a href="#ref10">10</a>]</p>
<p><strong>3.3. Corresponsabilidad,  derechos y deberes</strong></p>
<p>En el desarrollo del enfoque de derechos, el  sentido común sentado en el discurso hegemónico frecuentemente los condiciona  al cumplimiento de deberes, lo que se traduce en un obstáculo fundamental en el  proceso de construcción de políticas públicas centradas en el derecho. La forma  de responder conceptualmente a este problema es incorporar radicalmente el  enfoque de derechos, pues desde este prisma no hay condicionantes de deberes  para al ejercicio de los mismos (el limite del derecho de cada uno radicaría en  el respecto del derecho del otro), de modos que lo que tenemos que operar  políticamente es una educación de la ciudadanía que entienda que la garantía de  “mis” derechos reside en la garantía del derecho de “todas y todos” y por lo  tanto el condicionante positivo es que para tener derechos todos, debemos  construir la garantía de los mismos para asegurar la universalidad, la  integralidad de la repuesta social frente a los problemas vividos y la  infaltable equidad como orientadora de los procesos sociales.</p>
<p>Así es  que lo que entendemos conservadoramente como corresponsabilidad social tendría  que ser asumida como la participación emancipatoria de la ciudadanía - en el  pleno ejercicio de sus derechos civiles - en procesos de debate y decisión y  eventualmente de acciones combinadas con el Gobierno. Se trata de una tarea de  educación política permanente y que afecta tanto la población en general como  los agentes de gobierno. En esta perspectiva al derecho de todas y todos  corresponde el deber del Estado como garante de derechos y la responsabilidad  de toda la sociedad. La responsabilidad de la sociedad se proyecta en una  construcción activa de la ciudadanía para la garantía del derecho de todos y  todas en la perspectiva de construcción social de una determinada realidad,  acorde con la satisfacción de las necesidades derivadas de los derechos pero  sin sustituir el Estado en sus deberes.</p>
<p><strong>3.4. La  territorialización social y la gobernancia democrática: descentralización como  oportunidad para materializar un abordaje transectorial por territorios.</strong></p>
<p>Sin lugar a dudas el abordaje de la realidad  compleja exige espacios donde pueda materializarse. La adopción de un concepto  de <em>territorialización social</em> donde se  pueda ubicar los problemas en el contexto de espacios sociales y políticos,  entendiendo los territorios sociales como espacios vivos donde se producen y se  reproducen los determinantes y exposiciones sociales constituyéndose como  espacios de pertenencia de las personas. El territorio así definido se presenta  como elemento  clave en la construcción  de representaciones potentes de las causalidades y por lo tanto permite el  ejercicio de la transectorialidad.</p>
<p>La transectorialidad se define aquí como la  capacidad de ordenar la interacción de las disciplinas de conocimiento  (transdisciplinaridad) alrededor de una realidad problematizada,  o sea puesta desde el enfoque de garantía de  derechos con su tríada indisociable y recogiendo la concretud de la experiencia  vital de las personas afectadas, haciendo con que el ”problema hable” y  cuestione las disciplinas y a los sectores donde operan estos conocimientos  disciplinarios, a partir del imperativo de responder a estas necesidades  derivadas de los derechos. El condicionante para el ejercicio pleno de un  enfoque transectorial reside en su orientación y capacidad en provocar cambios  substantivos en la realidad problematizada, por medio de una convergencia de  conocimientos y acciones que se alimentan entre si, superando la fragmentación  de la representación sectorial del problema y de las medidas para superarlo,  donde el “framework” de la intercomplementaridad de los derechos es bastante  útil.</p>
<p>El tema de la territorialización social, la  cual puede llegar hasta micro territorios sociales según la problematización  desarrollada y las oportunidades derivadas de iniciativas como las redes de  servicios de atención primaria como expresión microterritorial, permite  atribuir un sentido de gobernancia democrática a los procesos de  descentralización. Esto porque la descentralización en un marco de derechos  demanda no la fragmentación de los derechos en negociaciones por localidad, sino  la garantía de un contrato social de carácter universal donde el garante es el  mismo Estado.</p>
<p>Descentralizar en esta perspectiva puede  aumentar la gobernabilidad en la medida en que acerca la Administración del  Estado a las realidades locales y permite responder de forma transectorial a  las cadenas causales afectando así los determinantes y sus exposiciones  sociales. Si además el Gobierno hace una apuesta fuerte en la gobernancia  democrática, definiendo formas efectivas de participación y control de la sociedad  sobre el Estado, con potestades de decisión ciudadana sobre prioridades y  construcción de alternativas, su grado de gobernabilidad aumenta  sustantivamente, siempre y cuando alcance evitar las matrices  de participación fragmentarias y dispersas  (frecuentemente carecemos de una unificación o por lo menos una sistematización  de los espacios de participación y sus formas de decisión y seguimiento de las  consecuencias de estas decisiones).</p>
<p>La territorialización es un proceso clave  para la constitución de la transectorialidad, propiciando el diseño de una  nueva institucionalidad pegada a la realidad y por lo tanto capaz de construir  alternativas sociales en respuesta a la complejidad, generando gobernabilidad  con gobernancia democrática. Hemos observado que los actores institucionales  son frecuentemente sensibles a este enfoque – lo experimentamos en temas como  el Combate al Hambre, Políticas de Infancia y las Políticas Sociales en  general, produciendo acercamientos a la transectorialidad en ámbitos territoriales,  pero aun muy carente de un modo de atención y de un modo de gestión  transectoriales de las iniciativas. Esta debilidad político-organizativa se  refleja en la tremenda dificultad en adaptar las organizaciones verticales de  las secretarias hacia una integración horizontal que comparta conceptos,  métodos, objetivos, recursos y operación a partir de una conceptualización de  la interdependencia de los derechos, lo que refleja la escasa cultura  organizacional en esta perspectiva.</p>
<p><strong>4. Una jerarquía  necesaria: la representación de necesidades y el imperativo ético de responder  a las necesidades,  hacia la definición  de un modo de atención y un modo de gestión coherentes. </strong></p>
<p><strong>La transectorialidad y la estrategia  promocional de calidad de vida. Las cinco esferas de la calidad de vida.</strong></p>
<p>Si adoptamos  un ordenamiento de la política pública desde el imperativo ético de responder a  las necesidades sociales derivadas de los derechos para promover la calidad de  vida y la salud, necesitamos entender la jerarquía que se genera desde este  principio y que demanda en seguida un modo de atención capaz de darle  coherencia y alcance al imperativo ético de respuesta lo que a su vez demanda  en secuencia la adopción de un modo de gestión suficiente y coherente con esta  intencionalidad. Este enfoque jerarquizado tiene la bondad de reorientar la  forma tradicional de organizar nuestro que hacer desde los recursos disponibles  y no desde la dimensión de las necesidades sociales. Esta inversión permite  hacer verdad la orientación a las necesidades sociales y dispara la lucha  política por lo que necesitamos para hacer concreto el derecho a la calidad de  vida y salud para todos y todas.</p>
<p><em>El modo  promocional de atención</em> propuesto en esta construcción política hace la oposición a un modo  de atención asistencialista centrado en la enfermedad y propone un enfoque  donde la disputa se hace alrededor del mantenimiento y desarrollo de la  autonomía de las personas a lo largo de toda su vida y la generación de equidad  entre los grupos sociales (garantía de la materialidad de los derechos a lo  largo de la vida con la concomitante producción de justicia social). Así si la  promoción de la calidad de vida es adoptada como estrategia ordenadora del modo  de atención, necesitamos dar una perspectiva promocional a todas las acciones  que se desarrollen en este marco, sean educativas, protectoras, preventivas, de  diagnostico y tratamiento o de rehabilitación. Esto define que ya no existen  acciones promociónales, sino que la promoción se define como una estrategia que  se materializa en políticas publicas y ordena todas las acciones a ella  vinculadas. Este abordaje permite eliminar la confusión que se hace con la  promoción &amp; prevención y su consecuente perdida de potencia conceptual, de  definición de políticas y de orientación de acciones.</p>
<p>La  satisfacción de las necesidades sociales derivadas del marco de derechos  humanos y sociales se expresa en la representación de la calidad de vida que se  define así en cinco esferas interdependientes:[<a href="#ref11">11</a>]</p>
<p>1– la esfera individual expresa en la  autonomía como -  independencia  funcional, - la capacidad socio-económica de proveer sus necesidades y el  ejercicio pleno de la emancipación política;</p>
<p>2- la esfera colectiva enmarcada por la  equidad entre grupos y la construcción de espacios públicos democráticos;</p>
<p>3- la  esfera institucional que demanda democratización institucional, integralidad de  respuesta a las necesidades sociales y la consecuente transectorialidad en la  construcción de estas respuestas, las cuales deben afectar desde los determinantes  de los problemas de calidad de vida y salud para poder disputar la producción  social de la calidad de vida;</p>
<p>4- la  esfera ambiental centrada en el principio de la sostenibilidad;</p>
<p>5- y la  amplia y envolvente esfera subjetiva, centrada en la adopción de nuevas formas  de subjectivación hacia la construcción de nuevos imaginarios sociales y la  consolidación de valores como la solidariedad, la justicia y el respecto a las  diferencias.</p>
<p>Ahora bien,  desde el enfoque de derechos, la rectoría por la garantía de la efectiva  respuesta a las necesidades sociales en calidad de vida y salud se transforma  en el elemento clave del <em>modo de gestión  en la defensa de los derechos,</em> que genere las condiciones de  financiamiento, gestión y capacitación de los trabajadores, sistema de  información, logística e instalaciones necesarias al modo de atención que busca  responder a las necesidades sociales derivadas de los derechos humanos y  sociales.</p>
<p>El desarrollo  del modo de gestión se define estratégicamente en la medida en que se “explora”  permanentemente el límite legal (que combina concretar al  máximo lo que le permite la Ley y  promover  y legitimar un esfuerzo  articulado de amplia participación social, para garantizar la gobernancia  democrática). Estamos hablando aquí de una participación emancipatoria capaz de  generar nuevos y autónomos poderes a los sectores sociales que se enganchen en  estos ejercicios, lo que significa una participación social con poder de  decisión autónoma, participación no tutelada   y por lo tanto con independencia de crítica en relación al Estado. En  cualquier circunstancia la descentralización no debe comprometer la garantía  del contracto universal de ciudadanía que es la referencia del enfoque de  derechos como enfoque unificador de la acción gubernamental.</p>
<p>En esta perspectiva promocional, la  transectorialidad como ejercicio aplicado de la transdisciplinaridad de  conocimientos, obedece a la necesidad de responder efectivamente a los  determinantes sociales, a las exposiciones sociales, los daños y las  consecuencias sociales de los daños. Esta amplitud de respuestas requeridas  extrapola lo que puede ofrecer uno u otro sector aisladamente, haciendo con que  la naturaleza compleja de los problemas demande las disciplinas de conocimiento  y acciones necesarias, definiendo un modo de atención y el correspondiente modo  de gestión que puedan generar las respuestas requeridas. El objetivo mayor de  la transectorialidad es generar el quiebre de las cadenas causales que en la  sociedad producen los problemas de calidad de vida y salud, buscando la  producción social del bien estar. El escenario concreto de este ejercicio  transectorial son los territorios sociales de las ciudades y del medio rural y  las poblaciones que en ellos habitan.</p>
<p>Si entendemos este enfoque estratégico  promocional de calidad de vida como ordenador del modo de atención hacia la  respuesta a las necesidades sociales derivadas de los derechos, necesariamente  tendríamos que ubicar la adopción de un modelo de atención primaria en salud o  de cualquier otro componente de un sistema de salud como característico de un  modo de atención promocional – lo que definiría sus características, alcances y  objetivos, en aras de mantener la coherencia del modo sobre los modelos  adoptados.</p>
<p><strong>5. Las  consecuencias programáticas y sistémicas de la adopción de una estrategia  promocional de la calidad de vida y salud</strong></p>
<p>Se ha construido una Matriz [<a href="#ref12">12</a>] (Figura 1), que orienta la lectura de necesidades sociales derivadas de los  derechos, caracterizándolas desde los ciclos vitales o itinerario vital social,  debidamente condicionados por la situación de clase social, territorios  sociales de domicilio y trabajo, géneros y etnias (con un enfoque analítico  desde las inequidades entre grupos de distintas condiciones), cruzados por Proyectos  de Desarrollo de  Autonomía (6) frente a  las amenazas a la autonomía originadas en las enfermedades crónico  degenerativas, las transmisibles, los traumatismos, o amenazas a la salud  sexual y reproductiva, a la salud oral y a la salud mental, por su vez  tranversalizados por las condiciones de discapacidades, de actividad física, de  ocupaciones, de nutrición y seguridad alimentaría, de adicciones y de  exposiciones ambientales (ámbitos o espacios de producción y reproducción  social).[<a href="#ref13">13</a>]</p>
<p>La exploración juiciosa de las relaciones de  esta Matriz, utilizándola como una guía para identificar y relacionar las  necesidades sociales de los individuos y sus colectivos, permite identificar  las situaciones candidatas a metas de visión cero o de indiferencia cero (son aquellas  situaciones llamadas intolerables pues corresponden a diferentes dimensiones de  los derechos humanos y sociales y que ya son consideradas como objetos  factibles de ser científicamente enfrentadas y cuyo cambio es económicamente  sostenible, socialmente aceptable y políticamente transitable). Estas metas de  visión cero nos permiten a partir de su identificación, apuntar las relaciones  causales que serán blanco de intervención para romper las cadenas relacionadas.  La ventaja política de las denominaciones de visión cero o indiferencia cero es  que estas situaciones pasan a ser parte de una agenda social compartida,  saliendo de la sombra hacia el centro de las preocupaciones de gobierno y de la  sociedad, estimulando un enfoque transectorial, además de incentivar la  construcción de redes sociales – combinando respuestas de gobierno con  respuestas comunitarias para la consecución de una dimensión comprehensiva en  cantidades correspondientes al desafío social existente.</p>
<p>La propuesta de esta Matriz busca plantear la  necesidad de organizar el contenido programático en Salud Publica desde una  lectura sistemática de las necesidades derivadas de los derechos y donde  combinamos las varias dimensiones de los derechos a lo largo de la vida y sus  amenazas o violaciones provocadas por  la  no garantía de los derechos en relación a la no protección o a la no atención a  los agravios y sus consecuencias.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2008/06/de-negri-figura-11.jpg" target="_blank"><img class="aligncenter" src="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2008/06/de-negri-figura-11.jpg" alt="" width="555" height="412" /></a></p>
<p>Este enfoque estructurado a partir de la  Matriz propuesta permite visualizar con mucho mas potencia el rol de la Salud  Publica en el contexto de un proyecto de promoción de la equidad en calidad de  vida y salud, pues podemos proyectar las necesidades derivadas de los derechos  para mantener la calidad de vida de forma mucho más completa e interdependiente  en relación con sus causalidades sociales. Esto significa empezar a construir  los caminos para incidir en dichas causalidades sociales y producir activamente  calidad de vida y salud en lugar de simplemente administrar los factores de  riesgo individuales y las cargas de enfermedad de las poblaciones.[<a href="#ref14">14</a>]</p>
<p>Como consecuencia de este matriciamiento de  las necesidades avanzamos hacia otro matriciamiento que nos permitiera generar  una guía para  orientar las respuestas de  los servicios a las necesidades de la matriz descripta arriba, a  partir de redes de atención según perfil de  necesidades a responder (Figura 2) [<a href="#ref15">15</a>]: red de atención primaria, de atención  ambulatoria especializada, de urgencias, de hospitalizaciones; con redes  complementarias de vigilancia en salud, asistencia farmacéutica, rehabilitación  y apoyo diagnostico. Estas redes serian cruzadas por líneas de atención según  las áreas de respuesta especializadas (traumato-ortopedia, cardiología, entre  otras), generando en sus intersecciones las jerarquías o complejidades que  permitirán definir cada servicio en un sistema ordenado por complejidades. Este  ordenamiento también puede y debe ser utilizado para las otras redes como las  de educación, cultura, asistencia social, transporte, etc.</p>
<p>Este enfoque permite verificar donde están  las necesidades a satisfacer y luego ordenar los servicios en un sistema que  disponga territorialmente de las respuestas transectoriales necesarias en cada  caso, definiendo lo que hace cada rede, línea y jerarquía o sea lo que cada  servicio y cada profesional deben hacer en el marco de sus responsabilidades  sistémicas identificadas a partir de la matriz y según la estrategia  promocional de calidad de vida y salud.</p>
<p>Sistemas así orientados y ordenados pueden  entonces empezar a reconstruirse hacia la satisfacción plena de las necesidades  derivadas de los derechos humanos y sociales de los ciudadanos y ciudadanas,  dimensionándose en numero y capacidad resolutiva / calidad en la atención. Por  otro lado un sistema que adopte este ordenamiento tiene que buscar un  funcionamiento que garantice el acceso calificado y oportuno de las personas a  los servicios que necesiten o a los proyectos que les son dirigidos, este  proceso permanente de conectar la necesidad con la oferta correspondiente lo  llamamos de macro regulación , cuando dispone estratégicamente los recursos  económicos, infraestructuras y recursos humanos a favor de la satisfacción de  necesidades – ejemplo de la regulación de registros y precios de medicamentos,  y llamamos de micro regulación cuando se trata de garantizar el acceso final  del medicamento a un determinado pacientes en un determinado momento.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2008/06/de-negri-figura-2-no-citation.jpg" target="_blank"><img class="aligncenter" src="http://hhrjournal.org/blog/wp-content/uploads/2008/06/de-negri-figura-2-no-citation.jpg" alt="" width="587" height="345" /></a></p>
<p style="text-align: center;">
<p>Un sistema de cobertura de necesidades en  territorios / poblaciones necesita de estas herramientas para ubicar la  respuesta donde y cuando sea necesaria. Esta es la intención con la  implantación de la atención primaria y del proceso de regular las puertas de  urgencias medicas de los sistemas de salud garantizando los derechos de los  usuarios de forma inmediata o mediata según sus necesidades, pero aun nos falta  avanzar en un proceso transectorial capaz de hacer lo mismo con todos los  servicios que pueden colaborar en romper la causalidad social del problema en  cuestión y empezar a generar una gestión social de los territorios, la  cual  que refleje el concepto de la  interdependencia de los derechos, acercándose a la operación del concepto de  calidad de vida como un constructo originado desde el amparo conceptual de los  derechos humanos y sociales.</p>
<p>Lo que nos anima en todo caso es el derecho  de las personas a tener la respuesta adecuada a sus necesidades, así es que  podemos pensar de forma innovadora por ejemplo la regulación de las puertas de  atención a las urgencias desde un enfoque de derechos humanos – el derecho a la  vida / el imperativo de la necesidad humana – orientado por una estrategia  promocional de la equidad en calidad de vida (y salud).</p>
<p><strong>6. Conclusiones</strong></p>
<p>1.  la       estrategia promocional de la equidad en calidad de vida y salud tiene       potencia política como conjunto de conceptos que articulados alrededor de       un imperativo ético de responder a las necesidades sociales, obliga a una       reflexión y a la acción hacia la universalidad, la integralidad y a la       equidad como tríada de los derechos humanos en calidad de vida y salud;</p>
<p>2. la       estrategia desnaturaliza la escasez, desnudando la contradicción entre lo       necesario y lo disponible en términos de garantía de los derechos humanos       y ciudadanos, contestando la idea de los mínimos posibles para la       respuesta a los derechos sociales y humanos;</p>
<p>3. es       un proceso complejo que necesita sostenibilidad política para alcanzar su       madurez y resultados consistentes, en esta perspectiva tener una       dirigencia política ganada para la estrategia es fundamental, así como un       cuerpo técnico capaz de desarrollar y crear las formas de aplicarla y       sobretodo agentes sociales y comunitarios capaces de incorporarla en sus       objetivos políticos e imaginario de futuro – materializando sus       posibilidades de transformación de la realidad;</p>
<p>4. la       estrategia tiene fuerte impacto en el reordenamiento transectorial y mismo       sectorial de la planeación y programación en salud colectiva, pero       encuentra fuertes obstáculos cuando se trata de romper la lógica       tradicional de organización y regulación social de los servicios y de       incorporación especialmente de las dimensiones curativas y rehabilitadoras       especializadas bajo los principios de la estrategia promocional;</p>
<p>5. se       necesita un esfuerzo de formación y de investigación capaces de llenar los       huecos en el perfeccionamiento teórico-metodológico de la estrategia y sus       aplicaciones en la vida concreta, pues su carácter contra hegemónico       conflicta con muchas de las herramientas hoy disponibles para su ejecución;</p>
<p>6. el       grado de desarrollo político de la vida en sociedad define las       posibilidades de avance en esta perspectiva estratégica y por esto se       impone una centralidad del discurso político alrededor de los derechos       humanos y sociales, y la equidad del desarrollo humano sostenible como       formas de alcanzar la plenitud de su aplicación y movilizar las energías       de actores sociales capaces de promover la transformación social deseada.</p>
<p align="right">Cairo, 23 de marzo de 2008</p>
<p><a id="ref1" name="ref1"></a>1.   Alcaldía  Mayor de Bogotá, Distrito Capital. Plan de desarrollo económico, social y de  obras públicas, Bogotá 2004-2008. Proyecto de acuerdo. Bogotá sin indiferencia.  Un compromiso social contra la pobreza y la exclusión. Bogotá, abril 30 de  2004. Art. 1º.</p>
<p><a id="ref2" name="ref2"></a>2.    <em>Corporación para la Salud Popular- Grupo Guillermo Fergusson</em>; Escuela  de Formación de Líderes en Salud, Modulo: <em>El derecho a la salud y su  exigibilidad</em> (Bogotá: Misereor, 2005).</p>
<p><a id="ref3" name="ref3"></a>3.    L. Carmona, N. Molina, y A. Casallas, “La desprotección Social se profundiza” en : <em>El  Embrujo autoritario. Primer año de gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Plataforma  Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo</em> (Septiembre de 2003).</p>
<p><a id="ref4" name="ref4"></a>4.   Héller  A. <em>Teoria de las Necesidades en Marx</em>,  3 Edicion (Barcelona: Peninsula, 1998).</p>
<p><a id="ref5" name="ref5"></a>5.   F. Diderichsen, T. Evans, y M. Whitehead, &#8220;The Social Basis of  Disparities in Health&#8221;  en T. Evans,  M. Whitehead, F. Diderichsen, A. Bhuiya, y M. Wirth (eds), A. <em>Challenging Inequities in Health: from  Ethics to Action</em> (New York, NY: Oxford University  Press, 2001).</p>
<p><a id="ref6" name="ref6"></a>6.   L. Jadue y Fabiola Marín (eds), <em>Determinantes sociales de la salud en Chile. En la perspectiva de la Equidad</em> (Santiago de Chile: Policy Institute of Epidemiology and Public Health, October 2005).</p>
<p><a id="ref7" name="ref7"></a>7.   B. Lautier, &#8220;Las condiciones Políticas  de la Universalización de la Protección Social en América Latina,&#8221; Ponencia  presentada en el <em>Seminario Internacional de Protección Social</em>, Centro de  Investigaciones para el Desarrollo. Universidad Nacional, Septiembre de 2005.</p>
<p><a id="ref8" name="ref8"></a>8.   P. Freire<em> </em>(M. B. Ramos, trans.), <em>Pedagogy of the Oppressed</em> (London, UK: Penguin, Harmondsworth, 1972).</p>
<p><a id="ref9" name="ref9"></a>9.   F. Diderichsen, “An Ethical and Epidemiological  Framework and Targets for a New National Health Policy in Sweden” en A. Oliver (ed), <em>Health  Care Priority Setting</em> (London, UK: The Nuffield Trust, 2003).</p>
<p><a id="ref10" name="ref10"></a>10.   Pueden  ser consultado los siguientes documentos de políticas publicas: Cero  indiferencia con la mortalidad materna; Cero tolerancia con la mortalidad por  ERA.  Dirección de Salud Pública. S.D.S.,  Bogotá. 2004.</p>
<p><a id="ref11" name="ref11"></a>11.   Tomado de: A. De Negri Filho, “Adoção de  uma estratégia promocional da qualidade de vida e saúde: transetorialidade das  políticas públicas,” en A. M. Girotti Sperandio, <em>O Proceso de construção da  rede de municipios potencialmente saudáveis</em> (Campinas-São Paulo: IPES, Unicamp,  OPS/OMS, 2004): p. 27.</p>
<p><a id="ref12" name="ref12"></a>12.   Y. DÉlia, A. De Negri, M. Huggins, y otros, <em>Estrategia de Promoción de la Calidad de  vida. La construcción de políticas públicas por la calidad de vida desde una  perspectiva del derecho y la equidad</em> (Caracas: Ministerio de Salud  y Desarrollo Social, Agencia de Cooperación  Alemana, 2002).</p>
<p><a id="ref13" name="ref13"></a>13.   Pueden  ser consultado los siguientes documentos de políticas publicas: Por el derecho  al desarrollo de la autonomía: política de Salud Mental; Un pacto para la salud  ambiental en el Distrito; Cero indiferencia con la mortalidad materna; Política  Distrital para la prevención y control de la Epidemia del VIH- Sida y otras  infecciones de transmisión sexual, Política de infancia; Cero tolerancia con la  mortalidad por ERA; Política  Distrital  para la promoción de la calidad de vida y salud de la madre, niños y niñas;  política Distrital como Pacto por la Salud Oral. Dirección de Salud Pública. S.D.S – Bogotá.</p>
<p><a id="ref14" name="ref14"></a>14.   N. Molina Achury, “Proceso   de foriento de la Salud Pública en Bogotá 2004 – 2008. Informe de  gestión. Febrero 2004 – noviembre 2005” (Bogotá: Dirección de Salud Pública, Secretaría  Distrital de Salud, 2005).</p>
<p><a id="ref15" name="ref15"></a>15.   Tomado de De Negri Filho, op. cit.</p>
<p style="text-align: left;"><strong><span style="color: #1f497d;"><span style="color: #000000;">Sobre el autor</span>: </span></strong> Médico de Porto Alegre - Brasil , Magíster en Epidemiología, Miembro del Movimiento por la Salud de los Pueblos - PHM , Coordinador del Comité Ejecutivo del Forum Social Mundial de la Salud, Ex -Presidente de la Sociedad Internacional por la Equidad en Salud – ISEqH y Ex -Coordinador de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social – ALAMES.</p>
<p><a id="ref1" name="ref1"></a></p>
<p><em><strong>This article may be cited as:</strong></em> Armando de Negri Filho, &#8220;A Human Rights Approach to Quality of Life and Health: Applications to Public Health Programming [Spanish],&#8221; <em>Health and Human Rights: An International Journal</em> 10, no. 1 (2008), Perspectives, http://hhrjournal.org/blog/perspectives/a-human-right-approach-to-quality-of-life-and-health-spanish/.<span style="font-size: 12pt; font-family: "> </span></p>
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